El "Caminito" de Teresa

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Dinos, Teresa:

¿Cuál es el mejor camino para ir a Dios?

«Un caminito totalmente nuevo». «Mi camino está hecho todo él de confianza y amor». «Espero que un día Jesús te haga caminar por el mismo camino que yo».

Revélanos tu secreto
Es el «camino de la infancia espiritual», en el que Jesús pide a sus discípulos que vuelvan a ser «como niños». Es el Evangelio a secas, el corazón del Evangelio: «Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,3).

Yo me tengo por una niña. Quiero amar a Dios, mi Padre del cielo, como un niño. «Mi cielo consiste en estar siempre en su presencia y en decirle: Quiero amarte como un niño».

¿Y por qué has elegido ese caminito?
Porque, cuando me comparo con los grandes santos, me siento muy pequeña y por-que me siento radicalmente incapaz de hacer nada sin la ayuda de Jesús.

Ese caminito es un camino que todos pueden seguir, sin necesidad de hacer esas cosas grandes que todo el mundo admira; basta con practicar el amor de tal forma que «no sepa la mano izquierda lo que hace la derecha».

Todos estamos llamados a la santidad. Para alcanzarla, basta con que pongamos mucho amor en las actividades más normales y corrientes de nuestra vida. «Jesús no se fija tanto en la magnitud de nuestros actos, ni en la dificultad que entrañan, cuanto en el amor que nos lleva a realizarlos».

Mi caminito es la santidad al alcance de todos. «La santidad no consiste en este o en aquel ejercicio, sino en una disposición del corazón que nos hace ser humildes y pequeños en los brazos de Dios, conscientes de nuestra debilidad y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre».

Cuéntanos tu historia del ascensor
«Yo siempre he deseado ser santa. Pero, í ay!, cuando me he comparado con los santos, siempre he comprobado que hay entre ellos y yo la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde
en el cielo y el grano de oscura arena hollado bajo los pies de los caminantes».

¿Y entonces te desanimaste?
No, porque me dije a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables. Por lo tanto, a pesar de ser yo tan pequeña, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible. Tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones.

¿Y entonces?
Quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo.

¿Y lo encontraste? Cuéntanoslo.
Estamos en un siglo de inventos. Ahora no hay que tomarse ya el trabajo de subir los peldaños de una escalera: en las casas de los ricos, un ascensor los suple ventajosa-mente. Yo quisiera también encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, pues soy demasiado pequeña para subir la dura escalera de la perfección.

¿Adónde estás queriendo llegar?
Busqué en los Libros Sagrados algún indicio de ese ascensor, objeto de mi deseo, y leí estas palabras salidas de la boca de la Sabiduría eterna: «El que sea PEQUEÑITO, que venga a mí». Y entonces fui, adivinando que había encontrado lo que buscaba y que-riendo saber, Dios mío, lo que harías tú con el pequeñito que respondiese a tu llamada.

Pero ¿en qué consiste ser «pequeñito»?
Jesús me mostró que el camino es el del abandono y la confianza de un niño que se duerme sin miedo en los brazos de su padre. Eso es lo que encontré en los Libros Sagrados: «El que sea pequeñito, que venga a mí», dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón. Y ese mismo Espíritu dijo también que «a los pequeños se los trata con misericordia».

«Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo; os llevaré en mis brazos y sobre mis rodillas os meceré». ¿Ay, nunca palabras más tiernas ni más melodiosas alegraron mi alma!

Por fin lo encontré: ¿El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que serlo cada vez más. «Lo que le gusta a Jesús es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia... ». «Jesús no pide grandes hazañas, sino abandono y gratitud». «La confianza, y sólo la confianza, debe llevarnos al amor». «Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza y yo quiero cantar tus misericordias».

El caminito de Teresa es sencillo, pero no simplista
Ese caminito nos enseña que Dios nos ama de tres maneras complementarias:

Dios nos ama con amor gratuito. Por eso Teresa quiere agradarle dejándose amar y presentándose ante Él «con las manos vacías».

Dios nos ama con amor misericordioso. Por eso Teresa quiere agradarle dejándose purificar sin cesar por el fuego de su Amor.
Dios nos ama mendigando nuestro amor. Por eso Teresa quiere agradarle no negándole ningún sacrificio que Él le pida por la salvación del mundo.

Cuatro errores que hay que evitar en el camino de la infancia
No se trata de ser caprichosos como niños. Teresa fue una luchadora desde que, a los catorce años, recibió en la Nochebuena de 1886 la gracia de salir definitivamente de los «pañales de la infancia».

No se trata de ser unos ingenuos y unos crédulos, como si fuésemos niños. Teresa es una buscadora: en cada etapa de su vida el Señor le concedió la gracia de comprender la necesidad de orar por los sacerdotes, el valor inestimable del sufrimiento, el valor del tiempo presente y las exigencias de la caridad evangélica.

No se trata de volvernos inocentes como niños. Teresa no vive añorando la inocencia perdida de la niñez. Quiere, sencillamente, imitar la forma de actuar del niño que se echa en brazos de su padre cuando quiere hacerse perdonar la última tontería que hizo.

No se trata de resignarse ante el pecado y de caer en una especie de cómoda espera. El caminito no es precisamente «un camino descansado, hecho todo el de dulzuras y consuelos».

«La santidad» según santa Teresita
«Me ha invadido una enorme ternura..., una extraña ternura que yo no conocía. La llamé Misericordia. Yo nunca he buscado ser perfecta... Soy incapaz de serlo, soy demasiado pequeña, eso no está hecho para mí.
Yo sólo quise ser santa. Es tan sencillo querer ser santa... Es un don de Dios. La santidad es gratuita, no es cosa de nuestras fuerzas. Es un regalo de Dios. Para ser santos, basta con dejar actuar a Dios. La santidad es el Don del Amor cuando es gratuito...

Cuando no encuentres más que vacío en lo más hondo de ti mismo, cuando tengas la
sensación de que el amor te ha dejado caer, cuando te sientas solo, cuando no tengas ganas de nada..., entonces Dios se hace tu corazón, entonces Dios te regala su amor...

Eso es la santidad: esa música, ese ritmo que Dios viene a interpretar con tu corazón. Dios sólo te pide que te dejes amar».



Teresa nos pregunta:
¿Y tú, hermano, hermana? ¿Ya sabes que estás llamado a la santidad?
¿Quieres vivir para siempre y deforma perfecta del amor y de la vida de Dios?
Observa tu vida de cada día: está hecha de mil pequeños gestos, de dificultades, de sacrificios...: son mil ocasiones de demostrar tu amor al Señor Jesús y a quienes están contigo, en tu casa, en el trabajo, en el vecindario...
¿Te dejas amar por Jesús cuando resulta difícil?
¿Te abandonas confiado en su misericordia cuando no has sabido amar?

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- MI CANTO DE HOY