¡SEÑOR, DAME DE ESA AGUA!

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CELEBRACIÓN: Vigilia de oración

“El que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás” (Jn 4,14)

1. AMBIENTACIÓN ­- Preparación del lugar

-El lugar no es tanto una sala o capilla, campo o jardín donde vamos a celebrar la vigilia; el lugar tiene que ver siempre con la presencia de Jesús. El va a ser nuestro lugar de encuentro. Colocarnos en torno a su presencia eucarística puede ser una bella forma de hacerlo.

-El lugar es el Evangelio, fuente de aguas vivas, donde vamos a beber en abundancia para calmar nuestra sed. Colocar en medio del grupo la Palabra y una frase de la Samaritana: “Señor, dame de esa agua” puede recordarnos esto.

-El lugar somos cada uno de los que hemos acudido al encuentro. Acogernos, empezar a conocernos, colocarnos de tal modo que seamos un grupo capaz de mirada, de comunicación, de espacio orante, puede hacernos descubrir que somos la comunidad de Jesús.

-El lugar es Teresa de Jesús, una mujer herida por la sed, fascinada por el agua, con la experiencia desbordante entre las manos de un Dios loco por darse. Un cuadro con su rostro puede recordarnos su alegría porque hoy hayamos escogido su vida de mujer, como lugar de encuentro con el Esposo, el Amigo, el Señor, la Hermosura que excede a todas las hermosuras.

­- El símbolo del agua Lo podemos hacer presente de varias maneras:

- Escuchar durante dos o tres minutos el sonido del agua que sale del manantial y marcha cantarina hacia abajo (Hay grabaciones con estos sonidos; en todo caso es fácil grabarlos).

- Compartir en grupo lo que nos sugiere el agua.

- Ver un video (hay muchos) que refleje la sed acuciante de muchos pueblos de la tierra.

- Preparar un montaje audiovisual compaginando imágenes y música con alguna de estas ideas: el agua sacia la sed; limpia, purifica; es fuente de vida para los campos; es el tesoro más preciado de nuestro planeta Tierra; es el componente más abundante de nuestro ecosistema, gracias a ella hay vida; el origen de la vida tiene mucho que ver con el agua, todo ser viviente brota del agua como de su seno materno, es símbolo de fertilidad, de fecundidad, de vida, aparece como una fuerza incontrolable que causa la muerte...).

En cualquiera de los casos terminamos escuchando algunas palabras sobre el agua de Teresa de Jesús:

“Aprovechábame a mí también ver campo o agua, flores; en estas cosas hallaba yo memoria del Criador” (V 9,5).

“No hallo cosa más a propósito para declarar algunas de espíritu que esta del agua” (M4,2,2).

“Desde muy niña era muy aficionada a aquel Evangelio de la Samaritana y suplicaba muchas veces al Señor me diese aquella agua” (V 30,19).

“Con sola una gota que guste un alma de esta agua del reino que no se acaba, parece asco todo lo de acá” (V 21,1).

 “¡Oh Señor...! No me neguéis a mí esta agua dulcísima que prometéis a los que la quieren” (E 9,2).

“El agua tiene tres propiedades...enfría...limpia... y apaga la sed. Si no hubiese agua para lavar, ¿qué sería del mundo? Si nos falta nos mata, y si nos sobra nos acaba la vida... ¡quién se viese tan engolfada en esta agua viva, que se le acabase la vida!” (C19, 3.8)

“El árbol que está cabe las corrientes de las aguas, está más fresco y da más fruto“ (M7,2,9).

“Soy tan amiga de este elemento, que le he mirado con más advertencia que otras cosas, que en todas las que crió tan gran Dios... debe haber hartos secretos” (M4, 2,2).

2. LA ORACIÓN SÁLMICA Y EL CANTO, COMO CAMINOS DE ENCUENTRO CON EL SEÑOR DEL AGUA VIVA

Expresamos ahora nuestra sed. Lo hacemos ayudados por un salmo que hace alusión al agua. Lo recitamos pausadamente todos juntos. Luego escuchamos la canción (es importante que la cante una sola persona y que los demás la escuchemos).

Salmo 106,23-35

“Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano.
 
El habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto:
subían al cielo, bajaban al abismo,
el estómago revuelto por el mareo,
rodaban, se tambaleaban, como borrachos,
y no les valía su pericia.
 
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar.
Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
 
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Aclámenlo en la asamblea del pueblo,
alábenlo en el consejo de los ancianos.
El transforma los ríos en desierto,
los manantiales de agua en aridez.
 
La tierra fértil en marismas,
por la depravación de su habitantes.
Transforma el desierto en estanques,
el erial en manantiales de agua”.

Canción: QUE VENGA A MI (De la Editorial Monte Carmelo)

Quien tenga SED, que venga a Mí, Yo lo saciaré, Yo lo saciaré con el AGUA de mi LIBERTAD. Yo lo saciaré. ¡QUE VENGA A MI!

Quien sienta HAMBRE, que venga a Mí, Yo lo alimentaré, Yo lo alimentaré con mi CUERPO hecho COMIDA. Yo lo alimentaré. ¡QUE VENGA A MI!

Quien viva CANSADO, que venga a Mí, Yo lo aliviaré, Yo lo aliviaré Con la TERNURA de mi BONDAD. Yo lo aliviaré. ¡QUE VENGA A MI!

Quien sufra el DOLOR, que venga a Mí, Yo lo curaré, Yo lo curaré Con el ACEITE de mi BENDICIÓN. Yo lo curaré. ¡QUE VENGA A MI!

3. PALABRA DE DIOS: Jn 4, 5. 11. 13. 15. 28.

Nos acercamos a la Palabra, que es lo mismo que reunirnos con Jesús. Lo hacemos con una actitud de búsqueda, convertida en sed ardiente dentro de nosotros:

“Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Sal 42,2-3).

Entramos en la intimidad con Jesús, con nuestros sentimientos a flor de piel. Tenemos nostalgia de él, casi como la necesidad biológica que sentimos del agua:

“Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua” (Sal 62,2).

Nos acompañan en el encuentro con Jesús dos mujeres: la Samaritana y Teresa de Jesús, las dos buscadoras del agua viva. Jesús, que siempre está a la espera, con mucha sed dentro, se acerca delicadamente a nosotros, conoce nuestra sed más profunda, nos ofrece gratuitamente el Agua Viva, nos restituye la dignidad.

"Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaría a sacar agua, Jesús le dice: "Dame de beber". Le dice la mujer samaritana: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?" Jesús le respondió: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ¿Dame de beber?, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva”. Le dice la mujer: "Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? Jesús le respondió: "Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed, Pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna". Le dice la mujer: "Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed” (Jn 4,5-15).

Silencio

Gesto: Podemos beber un vaso de agua y acompañar con atención su recorrido por nuestro interior.

4. TEXTOS TERESIANOS

Escuchamos la experiencia de Teresa de Jesús, este evangelio fue particularmente significativo en su vida. A ella se le concedió encontrarse con el agua de su propio pozo, el agua que nace del manantial interior -Dios- que es el agua viva.

“¡Oh, qué de veces me acuerdo del agua viva que dijo el Señor a la Samaritana!, y así soy muy aficionada a aquel Evangelio; y es así, cierto, que sin entender como ahora este bien, desde muy niña lo era y suplicaba muchas veces al Señor me diese aquella agua, y la tenía dibujada adonde estaba siempre, con este letrero, cuando el Señor llegó al pozo: “Señor, dame de esa agua” (V 30,19) (Breve silencio)

Canto: Dame de beber. Dame de beber. Dame de esa agua y no tendré más sed. Dame de beber. Dame de beber. Dame de esa agua, que yo te pueda ver.

“Mas ¡con qué sed se desea tener esta sed! Porque entiende el alma su gran valor, y aunque es sed penosísima que fatiga, trae consigo la misma satisfacción con que se mata aquella sed, de manera que es una sed que no ahoga sino a las cosas terrenas, antes da hartura de manera que, cuando Dios la satisface, la mayor merced que puede hacer al alma es dejarla con la misma necesidad, y mayor queda siempre de tornar a beber esta agua” (C19, 2). (Breve silencio)

La persona que se acerca a Jesús y experimenta su amistad y su entrega, queda prendada de su amor fiel y misericordioso, se despiertan en ella capacidades de amar desconocidas, su vida toma un nuevo camino y ya no tiene vuelta atrás.

“Mas vese como una persona colgada, que no asienta en cosa de la tierra, ni al cielo puede subir; abrasada con esta sed, y no puede llegar al agua; y que con ninguna se le quitaría, ni quiere que se le quite, si no es con la que dijo nuestro Señor a la Samaritana, y eso no se lo dan”. (M 6, 11,5) (Breve silencio)

Teresa ha bebido en la Fuente de la Vida, su amor se ha hecho abierto, universal; nos invita a coger agua de la fuente para repartirla. El amor crece cuando se reparte.

“El matrimonio espiritual es como si cayendo agua del cielo en un río o fuente, adonde queda todo hecho agua, que no podrán ya dividir ni apartar cuál es el agua del río, o lo que cayó del cielo” (M7, 2,4)

“Aquí se dan las aguas a esta cierva, que va herida, en abundancia. Aquí se deleita en el tabernáculo de Dios. Aquí halla la paloma que envió Noé a ver si era acabada la tempestad, la oliva, por señal que ha hallado tierra firme dentro en las aguas y tempestades de este mundo. ¡Oh Jesús! Y ¡quién supiera las muchas cosas de la Escritura que debe haber para dar a entender esta paz del alma! (M 7, 313).

¡Oh almas bienaventuradas!... pues estáis tan cerca de la fuente; coged agua para los que acá perecemos de sed” (E 13,4). (Breve silencio)

Teresa nos anima a llegar a la fuente, a Jesús, a descansar en él nuestro fatigado corazón. Él es El Amigo Verdadero, que nos enseña a habitar nuestro pozo, donde vive la Trinidad.

“Las que de esta manera se pudieren encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma, adonde está el que la hizo, y la tierra, y acostumbrar a no mirar ni estar adonde se distraigan estos sentidos exteriores, crea que lleva excelente camino y no dejará de llegar a beber el agua de la fuente, porque camina mucho en poco tiempo” (C 28,5). (Breve silencio)

La búsqueda de Dios es apasionada, gozosa; florece en los que están enamorados de un Dios que nos ha tocado el corazón con su hermosura. Si no estamos así de enamorados, digamos al menos, que nos gustaría estarlo para buscar a Dios como “busca la cierva las corrientes de agua”.

5.- ORACIÓN COMPARTIDA

Rezamos todos el Salmo 41

Mi alma tiene sed del Dios vivo:
¿cuándo veré el rostro de Dios?
 
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Tiene sed de Dios del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
 
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
 
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

Después de haber rumiado los textos del Evangelio, los textos de Teresa de Jesús, oramos ahora con nuestras palabras, siguiendo el ejemplo de la Samaritana y de Teresa de Jesús: “Señor, dame de esa agua”.

Canto: En el alma hay una fuente y el árbol de la Vida y Dios viviente.

 EL ALMA ES DE CRISTAL,
CASTILLO LUMINOSO, PERLA ORIENTAL.
PALACIO REAL CON INMENSAS MORADAS
DONDE MORAR. CENTRO Y MITAD,
ESTA EN MEDIO DEL ALMA LA PRINCIPAL
 
En ella pasan las cosas más secretas de Dios y el alma; u, u, u, u..
Es de cristal, castillo luminoso, perla oriental.
 
Siempre obligada la oración es la puerta de las moradas; u, u, u...
En ella habita el Rey que da a la esposa vida infinita; u, u, u...
Es de cristal, castillo luminoso, perla oriental.
 
Hay una fuente y el árbol de la vida y Dios viviente; u, u, u...
Es de cristal, castillo luminoso, perla oriental.
En ella pasan las cosas más secretas de Dios y el alma; u, u, u...

6. UNA PARÁBOLA QUE VALE COMO COMPROMISO LA VASIJA AGRIETADA

“Un cargador de agua en la India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo que él llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía una grieta, mientras que la otra era perfecta y entregaba el agua completa al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón. Cuando llegaba, la vasija rota solo contenía la mitad del agua. Por dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, perfecta para los fines para la cual fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía conseguir la mitad de lo que se suponía debía hacer. Después de dos años le habló al aguador diciéndole: ‘Estoy avergonzada de mí misma y me quiero disculpar contigo’. ‘¿Por qué?’, le preguntó el aguador. ‘Porque debido a mis grietas, solo puedes entregar la mitad de mi carga. Debido a mis grietas, solo obtienes la mitad del valor de lo que deberías’. El aguador se sintió muy apesadumbrado por la vasija y con gran compasión le dijo: ‘Cuando regresemos a la casa del patrón quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino’. Así lo hizo y en efecto vio muchísimas flores hermosas a todo lo largo, pero de todos modos se sintió muy apenada porque al final solo llevaba la mitad de su carga. El aguador le dijo: ‘¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise obtener ventaja de ello, sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde tú vas y todos los días tú las has regado. Por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi maestro. Sin ser exactamente como eres, El no hubiera tenido esa belleza sobre su mesa”. *** Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero si permitimos a Dios utilizarnos para derramar el agua del compromiso solidario, el agua de la escucha gratuita, el agua del amor incondicional, estamos colaborando a embellecer nuestro entorno, a hacer más humano y habitable nuestro planeta Tierra. 

 

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- Teresa de Jesús, háblanos hoy de…