Día Internacional de Oración por la Paz
El 21/09/2010
Día Internacional de la Paz
El 21/09/2010
“No me parece os quedó a Vos nada por hacer para que fuera toda vuestra” (Santa Teresa, Vida 1,8).
Señor, enséñanos a orar. Para orar, como para otras cosas importantes de la vida, se necesitan ganas. Solo la sed pone en camino hacia el manantial. Señor, Jesús, enséñame a orar. Muéstrame eso que llevas dentro y te hace vivir y dar tanta vida.
Cuando oréis decid: Padre. Jesús escogió la palabra Abbá para tratar con Dios, porque Dios escogió la palabra Hijo mío, para tratar con Él. Al llamar así a Dios, el Espíritu nos despierta a una alegría, abre para nosotros las fuentes de la vida. En todo momento me siento acompañado/a por mi Abbá. Él conduce mi vida.
Santificado sea tu nombre. El nombre de Dios es el Padre vuelto hacia nosotros para mostrarnos su amor y dejarnos embellecidos con su gloria. Lo que Jesús revela: el rostro del Padre como amor gratuito, como donación de vida, que desborda todo interés egoísta. ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Venga tu reino. El Reino es Dios mismo presente en medio de nosotros. El Reino, que ya está actuando, espera ser cantando en todos los pueblos y culturas. Bendice, Señor, a todos los que trabajan por tu Reino.
Danos cada día nuestro pan del mañana. Las realidades humildes y frágiles de la vida, como el pan de cada día, la salud, los amigos, los más pequeños y necesitados, entran en el diálogo amistoso con el Padre. Dame, Señor, espíritu de justicia para que mi pan sea siembre nuestro pan, el pan de todos.
Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos. Dios es Padre de ternura perdonándonos. Nosotros, como semejanza de Dios, podemos ser también portadores de perdón minimizando agravios. Perdonando es como obtenemos el perdón. Que donde haya ofensas, ponga yo perdón. Que donde haya odio, ponga yo amor para sacar amor.
No nos dejes caer en la tentación. La tentación más grande es que alguien nos arrebate el don más grande: que somos hijos de Dios y hermanos de todos. Señor, que nunca ande tan seguro de mí como para pensar que no voy a caer.
Amén. Amén a ti, Padre, por darme tu abrazo entrañable. Amén a ti, Jesús, por enseñarme tu ternura. Amén a ti, Espíritu Santo por despertarme cada dia sabiendo que soy tan amado/a.
CIPE – Julio 2010