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Fecha jueves, 09 de septiembre de 2010

VENID A MÍ TODOS LOS QUE TENÉIS SED


Cazando leones

¡Hola amigos! Es un hecho que esta crisis a nivel mundial no sólo es económica. Todos dicen que es una  crisis de valores largamente  anunciada. Y el Papa acaba de decirles a los políticos  que hay mucha  avaricia. Ante la corrupción que salta a todos los niveles, surgen preguntas a racimos y la buena gente anda preocupada  ¿qué hacer?

         Uno se pregunta si no somos todos un poco responsables. Al menos los honestos, tendríamos que estar más atentos a nuestros deberes.

         La palabra deber –que suena hoy tan mal hasta a la gente de bien- no quiere decir más que esto: hacer lo que hay que hacer. Lo que se nos pide. Lo que Dios quiere de nosotros si somos cristianos.

         Ocurre que Dios cuenta con nosotros. Si enfermamos, por ejemplo, desea que busquemos al médico para que nos cure y no que nos dispongamos a bien morir. Algunas personas, prefieren recibirlo todo en directo de Dios, como caído del cielo, sin más. Pero Dios, que nos quiere humildes, suele emplear las causas segundas, usa personas y cosas

         Por eso, donde menos lo esperamos, nos llega su voluntad. A veces hay que estar atentos y mirar también por el suelo, escoba en mano, por si se esconde allí la dracma de nuestra vida.

         Otro lugar donde siempre nos espera Dios es en lo que tenemos entre manos. El pasado se nos fue y el futuro no ha llegado. Solo el presente es nuestro. Esto da mucha paz. Todo lo que esta fuera de las posibilidades reales del presente, no es cosa nuestra. Tranquilos. Nada se nos va a reclamar por ahí.

         Como somos poca cosa, sólo una pequeña parte del ancho mundo que nos  envuelve, depende de nosotros. Lo demás nos viene dado. Entonces, lo que se impone, es acoger. Abrirnos a todos los imprevistos que suelen echar por tierra nuestros planes. En “El coraje de tener miedo”, Molinié lo dice bien claro: “Dios no deja de desconcertarnos hasta que le  veamos la cara. Los cristianos son eso, gente que un buen día aceptaron vivir siempre desconcertados”.Esto me encanta. ¿No os parece que la vida es así más apasionante?          Recordemos Nazaret: “¿De dónde le viene ésta sabiduría, no es este el carpintero…?”, Treinta años haciendo lo que se le había mandado y nadie notó nada. Fue sólo un hijo de familia que ayudaba a sus padres en el taller. Porque olvidamos esto, queremos hacer grandes cosas. ¡Incluso por amor a Dios!

         Nos pasa como al protagonista de una novela de Daudet que, apasionado por los safaris, se ponía el “salacof”, cogía la escopeta y salía a cazar leones al pasillo de su casa. Y no encontraba ninguno. No suele haber leones en nuestras casas, pero sí muchas de esas cosas que se dan en todas las familias: discusiones, paro, facturas, tener que cocinar todos los días, ese callar a tiempo tan difícil, el teléfono que nadie coge, los nervios, el cansancio. En todo eso está Dios. En todas las circunstancias de nuestra vida. En todos los adverbios de lugar, tiempo, modo y compañía… Y, si mantenemos el tipo y la sonrisa, habremos cazado más de un león.

          Por eso no estaría de más que –al levantarnos cada mañana- tratemos de acoger lo que nos trae el día, oteando con amor nuestra selva particular: “¡Leones a mí!”. Estas humildes cacerías dan mucha gloria a Dios, poca a nosotros y hacen felices a los que viven a nuestro lado. Hasta el mundo se  llena de honradez.

         En realidad no hacemos nuestro deber, ni siquiera el querer de Dios, soñando con grandes proyectos. Basta acoger con amor lo que el presente nos trae cada día. Sea lo que sea. Bueno o malo. Por eso alguien ha  dicho con razón: “Todo lo que sucede es adorable”.

         ¿Contentos?

                          Déborah

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