Primer Congreso Internacional Teresiano. El libro de la Vida
Del 23/08/2010 al 31/08/2010
¡Hola amigos! Este año, por primera vez, nos han suprimido los excelentes servicios médicos que teníamos en TVE. Inmersión plena en la Seguridad Social. Y tiempo para dar muchas vueltas a la cabeza. Aunque confieso que estoy encantada.
Si os dais cuenta, nunca se ha velado por la seguridad del hombre como en esta época. Hasta la dentadura puede asegurarse. Y, sin embargo, aunque todo esté pensado para darle seguridad, nunca se ha sentido el hombre tan inseguro como en esta era de los seguros.
Los continuos avances de la técnica, los costosos aparatos capaces de curarnos no están al alcance de un médico que se instala. Sólo el Estado, la beneficencia, los seguros pueden proporcionar fondos que permitan aplicar al enfermo los últimos hallazgos.
Eso sí, estos avances de la técnica llevan consigo el avance en la masificación. El enfermo, cabeza de león ante su médico de cabecera, es hoy una pequeña cola de ratón, un número anónimo, que aguarda su turno. Adiós al contacto, sin prisas, que daba seguridad al paciente. Se acabó el mirar a los ojos del médico para leer allí nuestro diagnóstico.
Adiós a las mil preguntas tontas pero importantísimas para él enfermo. Ahora es sólo un dato, un expediente archivado en una organización gigantesca.
El hombre, consciente de la originalidad de su alma, irrepetible y única, se resiente de esta alienación. ¡Ser masa anónima! Su humanidad protesta. Y sufre. ¿No es curioso que a pesar de los avances de la medicina se gaste más en farmacia que nunca? ¿Que estemos, en consecuencia, más enfermos?
Nadie creería que en este confortable mundo nuestro, con electrodomésticos maravillosos, televisores de última generación y fines de semana al Caribe... fuera necesario tener en cada casa no ya un botiquín, sino toda una farmacia.
Pero así es. Las cifras que los países superconfortables destinan cada año a somníferos, laxantes y aspirinas nos dejan aterrados. ¿Qué demonios le pasa al hombre? ¿Qué es lo que quiere?.
El tiempo es irreversible. No se puede dar marcha atrás. Por otra parte no cabe duda: progresamos. “Para el hombre de vida media que habita en la ciudad –dice el filosofo Lersch- las posibilidades de vivir y disfrutar han aumentado, en lo que va de siglo de una manera fantástica”.
Sin embargo, añade el filosofo: “Si es cierto que esto supone un enriquecimiento, no es menos cierto que ese enriquecimiento lleva oculto el peligro de una pérdida que no le deja disfrutar de su ganancia: Su Yo profundo.
El hombre pierde su interioridad, el fondo íntimo donde las cosas se viven más honda y genuinamente. Es lo que todos queremos expresar cuando decimos que algo nos ha llegado “a lo más hondo del alma”.
Ocurre que esa alma nuestra, como la expresión parece indicar, está bastante honda. Para que las impresiones recibidas calen hasta allí, maduren, necesitan un tiempo. Un ritmo propio, distinto al ritmo y velocidades que impone la técnica actual. En el fondo, no tenemos tiempo de disfrutar nuestros disfrutes. Lo vemos hasta en el vértigo de las noticias, de los viajes de agencia…
Una y otra vez hay que levantar el campo y marchar. Somos como esos niños a los que les arrebatan continuamente el chupete.
Y esto nos desconcierta y nos enferma. Es lo de la pareja de turistas americanos en la Basílica de San Pedro. “¡Entra tú a mirar por dentro, que yo la veré por fuera!”
Lo más íntimo y profundo de nosotros puede quedar en ayunas. Las imágenes y sensaciones nos encandilan, pero lo más hondo de uno mismo está vacío. ¿Qué salto habrá que dar en el vacío para salvar este vacío?
¿Decididos a darlo? Un abrazo.
DéborahCOMENTARIOS: ACTIVOS