El adviento es para que estemos un poco como en tensión y no nos pille el 25 de diciembre como un ladrón en la noche, que no nos sorprenda (Mc 13,33-37).

         Que no tengamos que oír aquellas palabras claras de Jesús: «este pueblo me aclama con los labios, pero su corazón está lejos de mí» (Mt 15, 8).

Que nuestra espera esté llena del silencio, de gozo y de amor. Así llegaremos a estas fiestas como los pastores, los Magos...                     

         La Virgen y San José están siempre presentes en cualquier Belén. Un Nacimiento sin ellos no tiene sentido. No les cogió por sorpresa. Venían preparándose desde que se enteraron de la noticia.

         Les pedimos a los dos que no nos despistemos. Con gozo decimos:

¡Marana tha! ¡Ven señor Jesús!