"La educación en la fe, impartida por los padres, debe comenzar desde la más tierna edad de los niños, se realiza ya cuando los miembros de la familia se ayudan unos a otros a crecer en la fe por medio de su testimonio de vida cristiana, a menudo silencioso, mas perseverante a lo largo de una existencia cotidiana vivida según el Evangelio" (Juan Pablo II).