«Dios nos ha sentado en el cielo con Cristo Jesús para mostrar a los siglos venideros las riquezas de su gracia» [Ef 2,6-7]. «Vosotros ya no sois huéspedes ni extranjeros, sino que sois miembros de la Ciudad de los santos y de la Casa de Dios» [Ef 2,19]. La Trinidad: he ahí nuestra morada, nuestro «hogar», la casa paterna de donde nunca debemos irnos.

 

- Isabel de la Trinidad: Vivamos de amor