En esta segunda etapa hemos fijado de modo especial nuestra atención en el Proceso de la Persona Orante, sabedores de que ver a cada ser humano como vocacionado a la unión con Dios, es la mejor forma de poner de manifiesto el Plan de Dios. * Nos han alegrado y alentado las palabras del Papa Juan Pablo II: “Es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración... ¿No es acaso uno de los signos de los tiempos el que hoy, se detecte una renovada necesidad de orar?... Nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas escuelas de oración... Una oración intensa que no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos” (Novo Millennio Ineunte, 32-34)..