1. Tu mejor tú

Dios nos llama por nuestro nombre (Cf. Is 49,1).

“El reino de Dios está dentro de vosotros” (Lc 17,21).

“En el centro y mitad de todas estas moradas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma” (Moradas 1,1,3).

“La vida está en el corazón y es ahí donde conviene vivir” (Teófano el Recluso).

“El roble está latente en el fondo de la bellota” (Ira Progoff).

DE PERDIDOS A ENCONTRADOS

. Si queremos orar tenemos que encontrarnos a nosotros mismos, porque sin persona no hay oración. “En la medida en que somos auténticos; en la medida en que somos nosotros mismos, Dios está presente y puede hacer algo con nosotros. Pero apenas intentamos ser lo que no somos, ya no hay nada que hacer ni que decir. Nos convertimos en personas ficticias, en presencias irreales. Y Dios no puede acercarse a una presencia que no sea real” (Antonio Lourozh).

. No es tarea fácil. “Hay almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que no hay remedio ni parece que pueden entrar dentro de sí” (Moradas 1,1,6). El sistema social que nos rodea es tan complicado y funciona de una forma tan impersonal, que todos corremos el riesgo de ir perdiendo poco a poco nuestra identidad. “Una persona no tiene que hacer muchas cosas... Una persona ha de ser una persona. Esta es la base de la paz” (Thich Nhat Hanh).

. Lo que nosotros llamamos tan bellamente “conciencia de nuestra identidad”, ¿no se estará tornando cada vez más débil y vulnerable? “Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y descentrada, que casi no registra paralelos. Esa falta de concentración se manifiesta claramente en nuestra dificultad para estar a solas con nosotros mismos” (Eric Fromm).

. Así escribe santa Teresa: “No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos” ( M 1,1,2). “Qué bienes puede haber en esta alma o quién está dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos” (M 1,1,2). “Todo se nos va en la grosería del engaste” (M 1,1,2).

. Nuestro drama siempre será el desentendernos de nosotros mismos, desalojarnos de nuestra propia interioridad y derramarnos en mil cosas como agua perdida.

DE COMIENZO EN COMIENZO, GUIADOS POR LA SED

. Si queremos orar tenemos que aprender a vivir y a relacionarnos con nosotros de otra manera. Aunque sea de noche, tendremos que caminar hacia nuestro corazón, guiados por la sed de vivir más conscientemente la vida. “De noche iremos, de noche, sin luna iremos, sin luna, que para encontrar la fuente sólo la sed nos alumbra” (Luis Rosales).

. Santa Teresa cita al orante dentro de sí mismo. Y propone un camino para llegar al corazón: hablar en positivo “de la hermosura y dignidad de nuestras almas”; de que el ser humano es “como un castillo todo de diamante o muy claro cristal” (Moradas 1,1,1). La entrada en uno mismo sólo acontece en el encuentro. Nos transformamos por la presencia habitada.

. Esta belleza que habita en cada ser humano la encuentra en la Escritura:

- Jn 14, 2: “En la casa del Padre hay muchas moradas”. El corazón de cada ser humano es la casa de Dios.
- Proverbios 8,31: La sabiduría “tiene sus delicias en habitar con los hijos de los hombres”. “El alma del justo es un paraíso adonde El tiene sus deleites” (Moradas 1,1,1). Estas palabras nos colman de asombro y de estupor
- Gn 1,26-27: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, a imagen de Dios los creó...”

. La vida auténtica está dentro de nosotros. Podemos mirarla, observarla, descubrirla, desarrollarla y hacerla crecer en todos sus aspectos y posibilidades. Si no la buscamos y cultivamos, ¿cómo daremos a Dios y a los demás la energía del amor más hondo?

¿CÓMO ENTRAR DENTRO DE NOSOTROS?

. El plan de Dios de comunicarse con nosotros es maravilloso. Sólo el conocerlo, debe servirnos para “despertar a más amar”. Y quien lo ponga en duda, muy difícilmente llegará a saberlo por experiencia, “porque Dios es muy amigo de que no pongan tasa a sus obras” (Moradas 1,1,4).

. La oración nos recuerda a nosotros mismos y nos ayuda a tomar conciencia de la presencia de Dios en nosotros. “La puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración... porque la que no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, no la llamo yo oración, aunque mucho menee los labios” (Moradas 1,1,7).

. Dios mismo, que nos invita a dialogar con él y que es en nosotros presencia interior, integradora y centradora de nuestro ser, explora y nos muestra nuestro mejor “yo”:

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente dentro de ti.
Perdóname el dolor, alguna vez.
Es que quiero sacar de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo y tenerlo yo en alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto” (Pedro Salinas).

LA DECISION ES TUYA

. Si quieres entrar en las primeras moradas, camina sin mirar atrás... Confía en Jesús que te librará de las amarras misteriosas que te impiden pasar el umbral de ti mismo... Será El, Jesús, quien pondrá luz en tus ojos para que empieces a ver de otra manera las maravillas de tu propio castillo y logres encontrarte con Dios dentro de ti.

. Recuerda a san Pablo o la Magdalena recién convertidos; al ciego de nacimiento o al paralítico de Siloé que recuperaron la vista o el movimiento, antes atrofiado. Pero recuerda también a la mujer de Lot, en riesgo permanente de volver la mirada atrás y petrificarse.

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* Comienza pidiendo ayuda al Espíritu.

El es “el dulce huésped del alma”. Siempre nos anima a orar y nos capacita para orar. Quizás seas como “esas almas tullidas, que si no viene el mismo Señor a mandarlas se levanten –como al que hacía treinta años que estaba en la piscina (Jn 5,2-8)” creerás imposible recuperar la sensibilidad espiritual para dialogar en amistad con el Señor.

* “No te imagines hueco en lo interior”. Dentro, en lo más profundo de tu vida de cada día, hay Alguien que te espera y te ama.

* Aprovecha algunos momentos especiales para tomar conciencia de ello. “No se trata de aprender a matar el tiempo. Hay que aprender a estar solo cada vez que la vida nos reserva una pausa. Y la vida está llena de pausas, que podemos descubrir o malgastar. En el día más pesado y más frío, qué maravilla para nosotros prever todos estos cara a cara desgranados. ¡Qué alegría saber que podemos levantar los ojos sólo hacia vuestros ojos mientras el caldo cuece, mientras suena el teléfono, mientras en una parada esperamos el autobús que no llega, mientas subimos la escalera, mientras vamos a buscar al extremo de la huerta algo para echar en la ensalada” (Madaleine Delbrel).

* Nadie busca agua si no tiene sed. “Jesús, por la mañana, se levantó muy de madrugada y salió; se marchó a despoblado y allá se puso a orar” (Mc 1,35).

* Canta varias veces: QUE CALLE MI CORAZÓN Y EN TI DESCANSE. QUE HOY SOLO ESCUCHE TU VOZ Y TE GOCE EN EL SILENCIO.

* Acoge el consejo de un hermano: “Os voy a revelar un secreto de santidad y de felicidad; todos los días, durante algunos momentos, acallad la imaginación, cerrad los ojos a las cosas sensibles y los oídos al ruido para entrar en vosotros mismos; quita las sandalias de tus pies, y ahí, en el santuario del alma, que es el templo del Espíritu, hablad a este Espíritu” (Cardenal Mercier).

EN EL CORAZON SE RECREAN LA MEJORES ESPERANZAS