Lectio divina: Mateo 5, 13-16

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  V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Invocamos al Espíritu.

Espíritu Santo: alumbra nuestro interior para recibir tu Palabra.
Espíritu de luz: despierta nuestra indiferencia y alúmbranos en el camino de Jesús, indícanos el modo de ir en pos de Jesús.
Espíritu de luz: da sabor a nuestra vida según los valores del Evangelio, para que seamos santos, discípulos misioneros de Jesús.
Espíritu de luz: ayúdanos a vencer nuestras oscuridades y tinieblas.
Espíritu de luz: sana el corazón enfermo. Que amanezca la luz de la alegría en los hermanos que viven tristes y han perdido la esperanza.

Motivación

 “Brilláis como antorchas en medio del mundo, manteniendo en alto la palabra de vida” (Flp 2,15-16). Unidos a la Virgen María, que conservaba la Palabra en su corazón y, con ella, a todos los testigos de la fe que con su ejemplo nos han precedido.

1. A LA ESPERA DE LA PALABRA. Con la lámpara encendida

Contexto. El texto está precedido por el proyecto de las bienaventuranzas, que describe lo que sucede en el interior de la vida de los discípulos que han acogido el Reino. La vida nueva de los bienaventurados tiene que verse (texto de hoy) en la historia. La mirada está puesta en las comunidades: perseguidas, tentadas de esconder la luz, con enfrentamientos dentro: los que querían una mayor apertura y los observantes.  Jesús se muestra como un auténtico contemplativo en la acción, porque es capaz de ver a Dios en todas las cosas y de crear parábolas y comparaciones que hablan al corazón.

2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos». 
  • ¿Qué me llama la atención del texto?
  • ¿Qué frase o palabra ha resonado de un modo especial en mí?
  • ¿A qué me invita este relato evangélico?
  • Momento de silencio.

3. FECUNDIDAD DE LA PALABRA

Vosotros sois la sal de la tierra.

El plural sois, (no debéis ser), recuerda la misión de las comunidades, su identidad más profunda: discípulos misioneros. A pesar de su pequeñez, de la persecución, ejercen influencia benéfica en el ambiente. Ser sal y luz: signos de santidad en el mundo de hoy. Que no se desvirtúe esa vocación.

Sal. Uno de los productos más simples Sus propiedades: dar sabor y conservar los alimentos, defender del calor. Símbolo de la alianza de Dios con su pueblo, del pacto de los discípulos con Jesús. Los cristianos, como la sal, tienen un impacto en la realidad en la que viven, son para que los demás sean y vivan lo que son.  

La sal actúa desde el anonimato. Cuando falta o hay demasiada entonces se nota. Lo que importa no es la sal sino la comida sazonada. La sal, para salar, tiene que deshacerse. Ser sal, la que encontramos en Jesús, lleva a hacer gozosa la vida a los demás.  

De la tierra. En el oriente antiguo se le agregaba sal al abono para darle más vigor, para hacerlo más fecundo. La misión de la comunidad es fertilizar el mundo con el Evangelio de Jesús: sabiduría de Dios y plenitud de la Ley.

Vosotros sois la luz del mundo.

El plural sois apela a la comunidad, llamada a ser punto de referencia, de inspiración para el entorno.

La luz es la primera obra de la creación y se la identifica con Dios. Puesta en el lugar correcto permite apreciar los espacios, evitar tropiezos, pero sobre todo reconocer el rostro del otro. La luz es absolutamente oscura. No se puede ver hasta que tropieza con un objeto. Así es la comunidad de Jesús.

Del mundo. La luz fue hecha para iluminar, por eso no admite estar escondida. Una comunidad que no sea misionera no tiene sentido. La luz no es del cirio, viene de Dios, luz de toda luz. La luz es para dar luz sin deslumbrar.  

La comunidad de los “bienaventurados”, el nuevo pueblo de Dios, no agota su finalidad en sí misma sino que es una fuente de esperanza: esperanza del mundo nuevo inaugurado por Jesús.

Para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

Vuestras buenas obras. Bellísimo itinerario de la vida, que Dios comienza en el corazón y culmina en la glorificación a Dios. La luz y la sal no existen para sí, brillan no tanto con las palabras o discursos sino con las buenas obras, que nacen de dentro, obras en relación con el prójimo, en el mundo. El compromiso con los pobres, con la paz, con la justicia no debe quedar escondido, todo es para dar sabor y alegría a la vida.

Dar gloria a vuestro Padre. Equivale a reconocer, con la energía del Espíritu, el milagro de la vida, la belleza de todo lo que existe a pesar de tantos signos de muerte. La misión de la comunidad es arrancarle al mundo alabanzas al Padre. Frente al yo que necesita brillar, que no está dispuesto a disolverse y que busca gloria, la comunidad no se proyecta en el mundo por vanidad sino para dar gloria a Dios.

Del quién soy yo pasamos a preguntarnos para quién soy yo o también con quién soy yo. Se trata de ser luz, no de que los demás queden deslumbrados por nuestra luz. A una vocación corresponde siempre una misión.

4. RESPUESTA A LA PALABRA

¿Considero que mi vida personal y la de mi comunidad están apostólicamente apagadas o vivas? ¿Con qué finalidad se proyecta la Iglesia en el contexto social en que está? Según la enseñanza de Jesús en este pasaje, ¿cuál es la primera y fundamental forma de evangelización? ¿Desde qué experiencia de Dios me comprometo con una vida misionera más intensa?

5. ORAR LA PALABRA

Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar, ser comprendido, cuanto comprender, ser amado, cuanto amar. Porque es dándose como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo, es perdonando, como se es perdonado, es muriendo como se resucita a la vida eterna.

6. CONTAR AL MUNDO LA NUEVA MANERA DE VIVIR. 

 “Brillad como antorchas en medio del mundo, manteniendo en alto la palabra de vida” (2,15-16). ¿Cómo? Pistas del papa Francisco:

Firmeza interior: constancia en el bien. “El santo no gasta sus energías lamentando los errores ajenos, es capaz de hacer silencio ante los defectos de sus hermanos y evita la violencia verbal que arrasa y maltrata”(GE 116).

Vivir con alegría y sentido del humor. Audacia, entusiasmo y empuje evangelizador. “Salir de la mediocridad tranquila y anestesiante” (GE 138).

La santidad es un camino comunitario: vivir en comunidad.

Andar siempre en presencia de Dios: la oración constante. No podemos vivir nuestra vocación sin el diálogo con Aquel que sabemos que nos ama y siempre nos espera.

Documentación: LECTIO DIVINA. V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO: Mateo 5, 13-16