Domingo V del tiempo ordinario

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Lectura orante del Evangelio: Mateo 5, 13-16

“El cristiano debería ser una persona luminosa, que lleva luz, que siempre da luz. Una luz que no es suya, sino que es el regalo de Dios, es el regalo de Jesús. Y nosotros llevamos esta luz” (Papa Francisco).  

Vosotros sois la sal de la tierra

Jesús da a conocer, con imágenes audaces y sorprendentes, lo que piensa y espera de nosotros Nos mira con los ojos de Dios y nos dice: ‘Vosotros sois discípulos misioneros’. ¡Qué hermosa manera de llamarnos! Somos la sal de la tierra, llamados a dar sabor a la vida y a ayudar a muchos a saborearla. Somos la sal de la tierra, la sal que actúa desde el anonimato, sal que sazona la vida. Somos la sal de la tierra, llamados a contagiar las músicas escondidas de las bienaventuranzas en las cosas pequeñas de cada día. Somos la sal de la tierra, enviados a afrontar la apatía y la vulgaridad con creatividad y belleza, con gestos sencillos y palabras de verdad. ¿De dónde nos nace todo esto? Nos nace de Jesús, que trae una salvación sorprendente, más allá de todo lo esperado. Somos la sal para todos. Que no se nos desvirtúe esta identidad. Ven, Espíritu Santo. Danos tu sabiduría para encontrar el sabor de la vida que el Padre nos regala.

Vosotros sois la luz del mundo. 

Nos acercamos a Jesús que es luz y siembra claridades en nuestro corazón. Somos la luz si estamos con Jesús. Lo que ilumina y lo que mantiene en nosotros la luz de Jesús es la oración interior, la comunión con él; ahí recibimos el coraje para la misión. De tanto mirar al que es la Luz, quedamos iluminados para mirarlo todo con su mirada. La luz es para darla, no sirve si se esconde. Si nos aislamos del mundo, nuestra luz se pierde. Salir e iluminar, ir al encuentro, esta es la tarea. “Hemos de salir hacia las periferias existenciales”, insiste el papa Francisco. Somos la luz cuando partimos el pan con los que tienen hambre. Somos la luz cuando hospedamos a los pobres sin techo. Somos la luz cuando vestimos al desnudo de toda dignidad. Somos la luz del mundo cuando hacemos más feliz la vida de los que nos rodean. Somos la luz cuando damos esperanza. Gracias, Jesús, por tantas personas que nos han iluminado con su vida. Con su luz puesta sobre el candelero han vencido nuestros miedos a la noche, han sido nuestro faro en las tormentas.   

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

¡Qué bello itinerario de vida que Dios comienza en el corazón y culmina en la glorificación a Dios! La vida nueva de las bienaventuranzas tiene que verse en la historia. Esta capacidad de generar vida nunca se agota si nos acercamos a beber del hontanar de Jesús. El compromiso con los pobres no puede quedar escondido. El ser y el hacer van de la mano, preparan el examen de amor al atardecer de la vida. Ofrecemos al mundo un testimonio de esperanza. Unimos Evangelio y cultura. Nuestra misión es arrancarle al mundo alabanzas al Padre. Desnudos de todo poder, revístenos, Padre, de Jesús, para mirarlo todo con su bondad.  

Feliz domingo - CIPE – febrero de 2020  

Documentación: Domingo V del tiempo ordinario. Lectura orante del Evangelio: Mateo 5, 13-16