Lectio divina: Lucas 2, 22-40

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  DOMINGO. PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Invocamos al Espíritu.

Ven, Espíritu Santo, ayúdanos a comprender el paso de la letra al espíritu.

Motivación

«Entre la multitud ciertas personas dijeron admiradas: “Feliz el vientre que te llevó”; y Él: “Más bien, felices quienes oyen y custodian la Palabra de Dios”. Esto equivale a decir: también mi madre, a quien habéis calificado de feliz, es feliz precisamente porque custodia la Palabra de Dios;no porque en ella la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, sino porque custodia la Palabra misma de Dios mediante la que ha sido hecha y que en ella se hizo carne» (San Agustín – Citado en Aperuit illis, 15).

1. A LA ESPERA DE LA PALABRA. Con la lámpara encendida

Contexto. Estamos ante una obra maestra de la teología de Lucas. Su significado va más allá del hecho histórico. La vida de Jesús estuvo insertada plenamente en las tradición judía. En este día de la presentación del Señor, la liturgia nos propone tomar cirios encendidos e ir al encuentro del amor de Cristo. Día de la vida consagrada: “La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente”. La vida consagrada es vida nueva. Damos gracias a Dios por todos los consagrados. La Presentación de Jesús en el templo constituye un icono elocuente de la donación total de la propia vida «¿Qué sería del mundo si no existieran los religiosos?» (Santa Teresa, V 32,11).

2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Lucas 2, 22-40

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.
Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.  

3. FECUNDIDAD DE LA PALABRA

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan. Jesús lee los signos de los tiempos a Los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor. Van movidos por la ley (constancia fiel de cada día hecha con amor) y se encuentran con dos ancianos movidos por el Espíritu. La ley y el Espíritu van juntos. María sabe decir sí a Dios. Lo entrega a Dios para todos. El encuentro con Jesús acontece en medio del pueblo. Todo se ilumina cuando llega Jesús.

Simeón, hombre justo y piadoso, aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. En el marco de la ley acontece lo extraordinario de la profecía. La historia de la salvación no surge de la nada. La salvación la pone en movimiento el Espíritu de Dios, que hace nuevas todas las cosas. Simeón esperaba la consolación de Israel practicando justicia, orando; representa siglos de espera. Espera en Dios para el pueblo. La costumbre del «se hace lo que se puede» y el «siempre se ha hecho así». No son frases de Dios.

Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios. Toma (la acogida: en Lucas) al niño de los brazos de su madre. Se pasa de la ley de Moisés al Espíritu (otra constante en Lucas). Simeón, lleno de gozo, toca con fe al niño, ya no le da miedo la muerte. Para tener alegría hay que abrazar a Jesús. Al gesto sucede la palabra de bendición.

Mis ojos han visto a tu Salvador. Simeón se convierte en testigo. Ve la sencillez de Dios y profetiza. Su canto Nunc dimittis, precioso canto de quien ya ve la salvación,encierra todos los cantos del Espíritu. Llama a Jesús: Luz para alumbrar a las naciones (carácter universalista de la salvación). Ante Jesucristo nadie puede quedar indiferente. El encuentro con él provoca ineludiblemente un posicionamiento. “Jesucristo es un abismo de luz. Hay que taparse los ojos para no caer en él” (Kafka). La luz es para todos.

Será como un signo de contradicción. Gozo y dolor. Vida y cruz como camino de resurrección. María vivió con una espada en el alma. Cuando hay un dolor en el alma duele todo.

Ana presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Muchos años de viuda, pero no sombría. Identificada con el templo, columna vertebral de la espiritualidad judía. Aguardaba la liberación. Se le enciende el alma y el corazón de una forma profética para proclamar la liberación. Rompe su silencio y deja oír la profecía. Habla del niño a todos. Es la mujer tocada, visitada por Dios. Alaba y da alegría al pueblo.

Se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Esta escena programática se realizará a lo largo de la vida de Jesús. María representa a la nueva comunidad que pasa de la experiencia de la fidelidad a la ley a la experiencia de la fidelidad al Espíritu.

El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él. Lucas da importancia al templo de Jerusalén, como centro de la vida del pueblo. El itinerario de Jesús tiene su meta en Jerusalén. Él será el nuevo templo para todos los pueblos. Jesús creció llenándose de sabiduría. Vamos creciendo ayudados por los profetas que Dios nos regala en el camino.

4. RESPUESTA A LA PALABRA

¿A qué te invita esta fiesta? ¿Tomas cada día la decisión de encontrar a Jesús? ¿Dónde y cuándo acontecen tus experiencias del Espíritu? ¿Qué sugieren para tu vida los profetas Simeón y Ana?

5. ORAR LA PALABRA

Pongamos ante los ojos de la mente el icono de María Madre que va con el Niño Jesús en brazos. Lo lleva al Templo, lo lleva al pueblo, lo lleva a encontrarse con su pueblo” (Papa Francisco).

“Hermosa María –dice el sol vencido-, de vos ha nacido el Sol que podía dar al mundo el día que ha deseado. Esto dijo, humillado, a María el sol, porque vio en sus brazos otro Sol mayor” (Himno)

“Portones, alzad los dinteles, que se alcen las puertas antiguas. Va a entrar el rey de la gloria”.

6. CONTAR AL MUNDO LA NUEVA MANERA DE VIVIR. 

Vivir la alegría del encuentro con Jesús. Compartir el gozo de Jesús con los hermanos de la comunidad. Experimentar el júbilo de hablar de Jesús a los que nos rodean. Tocar a Jesús en los hermanos que sufren. Consolar.

Documentación: DOMINGO. PRESENTACIÓN DEL SEÑOR. Lucas 2, 22-40