INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA. Lucas 1, 26-38

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ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

Invocamos al espíritu.

 Espíritu Santo, tú que descendiste sobre las entrañas de María Virgen, descubre la presencia del Hijo de Dios y de María en nuestro corazón y en nuestra Iglesia.

Motivación

“María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón” (Lc 2,19).

1. A LA ESPERA DE LA PALABRA. Con la lámpara encendida

El texto pertenece a los Evangelio de la Infancia (Mateo y Lucas). Los evangelios se comenzaron a fijar por los últimos acontecimientos de la vida de Jesús: pasión, muerte y resurrección. Se añadieron después los discursos y acciones de Jesús. Y se completaron con los relatos de la infancia.

Son relatos equiparables a narraciones de nacimientos de personajes antiguos importantes, en los que no faltan fenómenos extraordinarios. Interesa destacar la alta dignidad del recién nacido. Para ello se recurre a los orígenes, a los antepasados. Lucas y Mateo reportan sendas genealogías de Jesús.

2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Lucas 1, 26-38

 En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:    
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.
El ángel le dijo:    
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:    
«Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contestó:    
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».
María contestó: 
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.
 
Canto: Hágase, Aim Kare.

3. FECUNDIDAD DE LA PALABRA

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. Aflora la peculiaridad lucana y contrasta con las referencias de Mateo. El texto sigue al anuncio del nacimiento de Juan el Bautista, con el protagonismo de Zacarías. Un territorio sospechoso, pueblo innombrado, una mujer, joven, una madre, sin genealogía, en una casa. Hacia allí se dirige el mensajero divino. María representa a los pobres fieles a Yahveh.

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo... No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios». Uno de los rasgos del evangelio de la infancia lucano es el tono de gozo y de alegría que domina la narración. Este gozo está relacionado con el nacimiento de Jesús, que es la gran esperanza de los pobres y oprimidos. María es la agraciada, favorecida por Dios. Su grandeza le viene de estar íntimamente relacionada con Dios, no por sus gestas. Lo reconoce: El Todopoderoso ha hecho obras grandes por mí. Estamos ante la mujer cuyo espíritu se alegra en Dios, su salvador.

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. José no tiene papel alguno. Una mujer es la puerta por donde Dios ha venido al mundo. María confiere el nombre. La encarnación del Hijo de Dios en las entrañas de la mujer María supone la más sublime unión en carne y en espíritu que pueda darse entre la divinidad y el ser humano. Jesús es hijo de ser humano por su madre, no por un padre humano.

Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Rompe con la creencia de Israel. No seguirá la línea de David. No será David el modelo de Jesús. Dios es su padre, y es quien le otorga (no hereda) el trono, el reinado sobre la entera humanidad.

«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» María no pide pruebas; pregunta cómo puede realizarse. El Israel fiel no espera vida de los hombres (varones), sino solo de Dios; aunque no sabe cómo.

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios». De nuevo actúa la obra creadora de Dios; un nuevo Adán, obra del Espíritu Santo. María concibe a aquel por quien fueron creadas todas las cosas. El hijo de Adán es ante todo Hijo de Dios, y no descendiente de David.

«Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». Los planes de Dios se cumplen a pesar de las limitaciones humanas. De lo aparentemente muerto y estéril, Dios es capaz de sacar vida. Sopla su aliento sobre el barro e infunde vida.

«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Es sierva de Dios, fiel a Dios, y no esclava de nadie. Cede el protagonismo a la acción divina. La disponibilidad humana permite que Dios obre maravillas. Se requiere una fuerte dosis de confianza en la Palabra que cumple lo que dice. Valor de escuchar y obedecer la palabra de Dios. Del “hágase” de Yahveh en el Génesis, al “hágase” de María al inaugurar los cielos y la tierra nuevos.

4. RESPUESTA A LA PALABRA

 “Cuando la Bienaventurada Virgen María pronunció su Fiat comenzó el reino de los cielos en la tierra, y ella fue su primera ciudadana” (Edith Stein).  

5. ORAR LA PALABRA

«Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos por el Misterio de la Virgen Madre. Porque, si del antiguo adversario nos vino la ruina, en el seno de la Hija de Sión ha germinado aquél que nos nutre con el pan de los ángeles, y ha brotado para todo el género humano la salvación y la paz. La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María. En ella, madre de todos los hombres, la maternidad, redimida del pecado y de la muerte, se abre al don de una vida nueva» (Pref. IV de Adviento).

6. CONTAR AL MUNDO LA NUEVA MANERA DE VIVIR.

Actitudes de María para el Adviento

- Acoger la Palabra desde el corazón. «El ejemplo de María permite que la Iglesia aprecie mejor el valor del silencio. El silencio de María no es solo sobriedad en el hablar, sino sobre todo capacidad sapiencial de recordar y abarcar con una mirada de fe el misterio del Verbo hecho carne y los acontecimientos de su existencia terrenal. María transmite al pueblo creyente este silencio-acogida de la palabra, esta capacidad de meditar el misterio de Cristo» (Juan Pablo II).

- Fecundidad de la Palabra Como María a los discípulos: “haced lo que Él os diga”.

Documentación: INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA. Lucas 1, 26-38