I DOMINGO DE ADVIENTO. Mateo 24, 37-44

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ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

Invocamos al espíritu.

Espíritu Santo, regálanos la actitud de vigilancia para que podamos atisbar tu llegada en los acontecimientos de cada día.

Motivación

 “Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí” (Jeremías 15,16).

1. A LA ESPERA DE LA PALABRA. Con la lámpara encendida

En Mateo hay cinco grandes discursos (alusión a los cinco libros de la Ley de Moisés): la justicia como condición para entrar en el Reino (Mt 5-7), la misión de los ciudadanos del Reino (Mt 10), la presencia misteriosa del Reino en la vida de la gente (Mt 13), la vivencia del Reino en comunidad (Mt 18), la vigilancia en vista de la venida definitiva del Reino (Mt 24-25). A este pertenece el texto. Mateo invita a sus comunidades a avivar la espera del Señor, tomar conciencia de la salvación y hacerla realidad. La posibilidad de plenitud humana tiene que ser la verdadera preocupación. El adviento es un tiempo de reflexión profunda, que nos hace ver el sentido que debemos dar a nuestra existencia. Este evangelio es bueno para aprender a vivir. No pretende asustar sino consolar.

2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Mateo 24, 37-44

 “En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre». 

3. FECUNDIDAD DE LA PALABRA

Cuando venga el hijo del hombre pasará como en los días de Noé. La venida del Señor es una promesa que nos ha hecho el mismo Señor. Su palabra se cumple con certeza. Jesús, para preparar la vigilancia, recurre a un episodio conocido: el diluvio en tiempos de Noé, el hombre que miraba la realidad a la luz de la palabra. Los hombres vivían ocupados en lo de todos los días, pero despreocupados de lo esencial. La inconsciencia les impidió darse cuenta de la venida de las aguas. Los grandes acontecimientos no suelen avisarse con trompetas, suceden cuando menos se espera. En todo caso, no nos acecha la catástrofe, nos rodea el amor de Dios. Ojo con el miedo.

Dos hombres estarán en el campo, dos mujeres estarán moliendo. Las parábolas encierran una profunda sabiduría, desvelan que otro mundo es posible, donde no ignoremos nuestra verdadera identidad (relato de los trabajadores de la cantera). Ayudan a vivir el momento presente, no con miedo sino con atención amorosa. Invitan a tomar la vida absolutamente en serio, dedicándonos a lo que merece la pena, porque no todo da igual y la vida se nos puede echar a perder. El Espíritu llega cada día de forma sorprendente; no tiene hora, por eso requiere atención como la del centinela.

Estad en vela. Es el centro del texto. Estar atentos, espabilar, tomar distancia, discernir para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, crear espacios de encuentro, confiar, mirar, caer en la cuenta, leer los signos, meditar, abrir los ojos. Mantener los ojos abiertos es la primera condición para ver al Señor que viene, para encontrar el camino de vida que Jesús nos marcó, para desarrollar nuestra humanidad; quien duerme permanece en la noche, sin relación con la realidad; para quien solamente quiere dormir, la luz es un estorbo. Estar dormido: excesiva preocupación por lo material. Si no espabilamos, nuestra vida puede transcurrir sin enterarnos de la belleza y dignidad que esconde. Sin distancia, nos vemos confundidos y perdidos en nuestros pensamientos; somos más de lo que pensamos, sentimos, tememos. La serenidad no viene de aspirar a vivir supuestas circunstancias ideales, sino de la capacidad de mantener centrada la atención en lo esencial; divagar es una fuente de infelicidad. Vivir este día de hoy como algo único, sin dejarnos anestesiar por miedos pesimistas; la realidad está preñada de esperanza. La esperanza no es del futuro sino del presente.

El dueño de la casa. Si supiera a qué hora viene el ladrón. Pero el ladrón no avisa. Es Dios el que determina la hora de la venida del Hijo. Pero el tiempo de Dios (Kairós) no se mide con nuestro reloj o calendario (crono). Nosotros no podemos interferir el tiempo de Dios, pero debemos estar preparados para el momento en el que la hora de Dios se hace presente en nuestro tiempo. El que se considera ‘dueño’ y cree que se posee a sí mismo: su vida, su trabajo, sus bienes… vive en el engaño de un sueño que se desvanece al amanecer. Hay que salir, ponerse en camino; la esperanza siempre viaja hacia adelante. Cuando se está despierto, se está consciente, se está en lo que hay que estar. La casa es símbolo de la persona. La seguridad de la casa es la consistencia de la persona. Nada se consigue “sin un poco de trabajo” (C 29,8).

4. RESPUESTA A LA PALABRA

¿Qué palabra de este evangelio ha captado tu atención? ¿Para qué pasamos por este mundo?, ¿para qué vinimos a esta vida, para qué luchamos?, ¿para qué nos necesita esta tierra? ¿Qué tipo de mundo queremos dejar a los niños?  

5. ORAR LA PALABRA

“Dejemos que el Señor venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado” (Papa Francisco, GE 137).

“¿Y qué sabemos si seremos de tan corta (la vida), que desde una hora o momento que nos determinemos a servir del todo a Dios se acabe?… y pensando que cada hora es la postrera, ¿quién no la trabajará? Pues creedme que pensar esto es lo más seguro” (Santa Teresa de Jesús, Camino 12,2). Canción: Un hombre construyó su casa sobre roca… (Mt 7,21-29).

6. CONTAR AL MUNDO LA NUEVA MANERA DE VIVIR. Testigos.

Escoge lo que más crees que necesitas en este adviento.

Adviento: Oportunidad de armonizar el necesario consumo con la atención a lo que realmente importa en la vida.

Adviento: Ocasión para abrirnos al Espíritu y trabajar por un mundo nuevo. No está de más insistir que todo está conectado.

Adviento: Tiempo para vivir intensamente, con responsabilidad, el momento que nos toca, sin vivir de esperas ficticias. También en la noche, la realización de nuestra vida está a nuestro alcance.

Adviento: Momento para iniciar un viaje compartido, que sea más humano, más interconectado.

 

Documentación: PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO Mateo 24, 37-44