DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO: Lucas 19, 1-10

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ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

Motivación

La relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad. Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura…  «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo», dice San Jerónimo (Papa Francisco, Aperuit illis, 1).  

Invocamos al espíritu.

Ven Espíritu Creador; visita las almas de tus fieles. Llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo has creado. Ilumina nuestros sentidos, infunde amor en los corazones, para que acojamos la Palabra y comuniquemos a los demás la belleza del Evangelio.  

1. A LA ESPERA DE LA PALABRA. Con la lámpara encendida 

Este texto solo está en el evangelio de Lucas, ubicado al final de la sección del viaje de Jesús con sus discípulos desde Galilea hasta Jerusalén. Está lleno de belleza y hondura evangélica, con maravillosos detalles. Se respira admiración y, a la vez, incomprensión hacia Jesús. Lucas es el que más insiste en la dificultad de que un rico entre en el reino de los cielos. Sin embargo, aquí narra el encuentro de un rico con Jesús. Quizás refleja lo que está aconteciendo en su comunidad.  

2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver   quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo:
«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo:     
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:     
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:     
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».  

3. FECUNDIDAD DE LA PALABRA

Jericó. La escena se desarrolla en Jericó, junto al Jordán, ciudad opulenta de las palmeras, muy poblada, centro comercial. Jesús visita este pueblo de camino a Jerusalén. Jesús pasea por esta ciudad, con tantas resonancias bíblicas (por ejemplo, cuando el pueblo consigue entrar a base de cantos).

Zaqueo. Ser jefe de publicanos y rico era motivo suficiente para que Zaqueo no fuera una persona simpática para los judíos de Jericó. Un jefe de publicanos pagaba mucho dinero para poder cobrar impuestos, por eso necesitaba recaudar más, y esto no caía bien. Un hombre, social y religiosamente marginado, quiere ver a Jesús. Ser bajo de estatura, el correr para subirse al árbol, expresan el entusiasmo de Zaqueo de una forma encantadora. Es sincero en un deseo de ver a Jesús. ¿Por qué? Hay algo especial entre Jesús y Zaqueo. He aquí un rico que no se encierra en su riqueza.

La gente. Murmura, critica duramente la decisión de Jesús: "¡Ha ido a hospedarse a casa de un pecador!". También murmuran cuando Jesús entra en casa de Leví y come con los pecadores. Son reacciones negativas a las acciones liberadoras de Jesús. A juicio de la gente, Zaqueo es un pecador que no merece la visita de Jesús. La gente dicta quién es elegible para la salvación y quién no. No tienen la mirada de Jesús, no ven como él. La gente quiere saber más de Jesús, pero los prejuicios que tiene hacia Zaqueo les impide encontrarse con Jesús. Pero Jesús no hace caso del ruido.

Jesús. Zaqueo se esfuerza por ver a Jesús, pero es Jesús quien lo mira. Busca a Jesús, pero es Jesús quien lo busca. La mirada de Jesús es el centro del relato. Jesús busca el encuentro con el pecador número uno de la ciudad, quiere hospedarse en casa de Zaqueo (y en la nuestra), lo llama por su nombre (¡qué importante es esto!).   Jesús lo ve como “Hijo de Abrahán”, lo trata con dignidad, como alguien que no ha sido desheredado de la bendición de Dios. La actuación de Jesús escandaliza, va a contracorriente. Para él no hay casos perdidos. Los busca aun a riesgo de crearse enemigos. La gente espera otro tipo de Mesías que acoja a los buenos y aparte a los malos. Las palabras y gestos de Jesús no es lo que ellos esperan.

Alegre reacción de Zaqueo. Alguien lo llama por su nombre y se auto invita a entrar en su casa. No es rechazado, por primera vez, por una persona religiosa. Los verbos están en presente: Doy, restituyo. No hace una promesa para el futuro, sino que el presente se manifiesta como nueva creación, como un discípulo que sigue el estilo de vida del Evangelio. Devuelve cuatro veces. Dar la mitad de los bienes es un fruto novedoso del encuentro con Jesús. Zaqueo comienza a mirar como ha sido mirado. El encuentro con Jesús ha hecho posible un nuevo estilo de vivir y convivir.

Hoy ha sido la salvación de esta casa. Las palabras de Jesús confirman el cambio que se ha dado en Zaqueo. Jesús está feliz porque a uno que estaba perdido le ha llegado la salvación. Buscar y salvar lo que estaba perdido: Este es el camino de la misericordia. Así se dice el Evangelio: salvar lo perdido.  

4. RESPUESTA A LA PALABRA

-¿Cómo acogemos a las personas despreciadas y marginadas? ¿Sabemos ponerles cara? ¿Somos capaces de percibir sus problemas y prestarles atención, como lo hizo Jesús?

-¿Quiénes son las personas en medio de nosotros/as—adentro y fuera de los muros de la iglesia—que más anhelan acercarse a Jesús para ver su gloria y para que sus vidas se transformen?

-¿Descubres a Jesús como quien viene a salvar lo que piensas que está perdido dentro de ti? ¿Quieres que Jesús se quede en tu casa?  

5. ORAR LA PALABRA

Tu amor nos precede, tu mirada se adelanta a nuestra necesidad. Ves más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. Ves más allá de la categoría social a la que pertenecemos. Ves en el fondo de nuestra alma la dignidad de hijos e hijas de Dios. Hoy nos dejamos mirar por ti, Jesús, te pedimos que tu mirada recorra nuestras calles y nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida.     

6. CONTAR AL MUNDO LA NUEVA MANERA DE VIVIR. Testigos.

La acogida es el estilo de vida propio de los seguidores de Jesús. La acogida es una forma de mirar nueva, que da posibilidades a los demás. Por reconocer y afirmar a un “Zaqueo,” puede ser que recibamos a Jesús mismo.

“Cuando tú me mirabas
su gracia en mí tus ojos imprimían;
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti vían”
       (San Juan de la Cruz, CB, 23)

Frase para la semana: Es necesario que hoy me quede en tu casa.

Documentación: DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO. Lucas 19, 1-10