Vigésimo séptimo Domingo del Tiempo Ordinario

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Lectura orante del Evangelio: Lucas 17,5-10

“El Rosario es una escuela de oración, el Rosario es una escuela de fe” (Papa Francisco).

‘Auméntanos la fe’. 

Todos necesitamos hacer esta invocación: ‘Auméntanos la fe’. Sí, Señor, nuestra fe es pequeña, nuestra fe es débil y frágil, pero te la ofrecemos así como es, para que tú la hagas crecer. Lo repetimos ahora en nuestro interior, porque la fe es un regalo: ‘Auméntanos la fe’. Pedimos una fe firme, como el Señor quiere. Una fe que nos cambie la vida por dentro, que nos ensanche el corazón, que nos haga felices con el proyecto de Reino entre las manos, que nos empuje a poner el alma en lo que hacemos cada día. Una fe confesada, celebrada y vivida. ¿Cómo conseguiremos esta fe fuerte, firme? La recibimos de Dios en la oración. La oración es el respiro de la fe; es una relación de confianza. En una relación de amor no puede faltar el diálogo, y la oración es el trato de amistad del alma con quien sabemos nos ama. El rosario también es una escuela de oración, el rosario es una escuela de fe. Confiamos audazmente en ti, Señor. Y cada día te pedimos: Aumenta nuestra fe.

‘Si tuvierais fe como un granito de mostaza’. 

La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero auténtica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. ¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueven montañas. La fe: un pequeñito impulso del corazón que nos alienta en la vida de cada día; una presencia interior, una comunión íntima, un amor fiel e incondicional, que nos regala Dios; una alegría, que nos ha dejado el beso amoroso de Dios y que nos anima a ser discípulos misioneros. Creemos en ti, Padre misericordioso. Creemos en ti, Jesús, que nos amas y das la vida por nosotros. Creemos en ti, Espíritu Santo, que vives en nosotros y nos embelleces con tus dones.

‘¿Quién de vosotros le dice (a un criado): ‘Enseguida, ven y ponte a la mesa?’ 

La fe es un don de Dios, éxodo más que guarida, amor loco de Dios que espera ser amado. Por la fe participamos en el modo de servir y de amar de Jesús, que fue el primero que se ciñó y lavó los pies a los discípulos, llevando su amor hasta el extremo. El servicio gratuito a los hermanos, ‘obras quiere el Señor’, es la epifanía de nuestra fe. Servir es nuestra única pretensión, no tenemos otra. Amar es la mejor expresión de la fe. Jesús nos invita por pura gracia, no por méritos, a sentarnos a su mesa. Señor, danos fortaleza para cumplir lo que nos mandas, y mándanos lo que quieras.

‘Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer’. 

Todo es gracia, todo viene de la mano generosa de Dios. Damos gloria a Dios cuando hacemos de nuestra vida un planteamiento de gracia, sin arrogarnos méritos, con la frescura y el atractivo del Evangelio en nuestros pies misioneros. Damos gloria a Dios cuando, con los ojos fijos en Jesús, le seguimos con alegría, damos testimonio de su amor y compartimos el amor a manos llenas con los necesitados. Gracias, Señor Jesús. Tú eres nuestra fe, nuestra alegría. En ti confiamos. Ven con nosotros.

¡Feliz Domingo con los misioneros y misioneras! Desde el CIPE – octubre 2019 

Documentación: Vigésimo séptimo Domingo del Tiempo Ordinario. Lectura orante del Evangelio: Lucas 17,5-10