DECIR PALABRAS DESDE EL CORAZÓN

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MESA COMPARTIDA

Nos pide Charo que hablemos desde el corazón, y a ello nos disponemos desde el corazón, entendido no como ese órgano romántico o únicamente como el espacio de los sentimientos, sino como ese núcleo más hondo donde está lo esencial de cada uno. Que incluye lo que sentimos, lo que creemos, lo que sabemos; lo que nos importa y nos preocupa; lo que nos inquieta y nos emociona; lo que abrazamos con más pasión y con más verdad.

Lo importante, lo esencial de nuestro corazón, es que sea capaz de amar y dejarse amar. Es decir, que sea accesible, aunque ello nos haga vulnerables.  

Que esté poblado, habitado por nombres, por memorias, por historias, por rostros del pasado y del presente. Es decir, que a uno le importen los otros. Que sea capaz de amar de diferentes formas. Pues amor es el enamoramiento, el amor a los padres y a los hijos, la amistad o la compasión.  

Desde ese corazón podemos y debemos decir ¿Qué quieres de mí Señor?

Pues no nos basta con vivir, con pasar los días entretenidos con disputas y habladurías; deseamos vivir una vida con sentido, que merezca la pena, que tenga valor en sí misma.  

A pesar de que hoy la palabra fácil y la imagen vulgar son las dueñas de nuestra vida, sabemos que las cosas importantes de la existencia humana se viven en silencio, bajo la mirada de Dios.  

Notorio es que todo ser humano desea vivir una vida con sentido, y que la búsqueda de sentido no es una tarea menor, pues está en juego la misma felicidad.  

La necesidad de dar sentido a la vida es una necesidad espiritual, propia de un ser complejo como la persona. Ya nos lo dejó dicho León Tolstoi “El único sentido de esta vida consiste en ayudar a establecer el Reino de Dios”  

Digamos que desde la opción creyente, lo que realmente da sentido a la vida, lo que hace una experiencia digna de ser vivida, es el amor que se pueda dar y recibir a través de la vida.  

Bien sabemos que una vida sin amor carece de sentido, la vida es un don, algo que no nos pertenece, algo valioso que debe ser protegido y cuidado.  

Todos estamos llamados a decidir qué vamos a hacer con la vida, cómo dotarla de significado.      

Claro es que el sentido no se aprende en los libros; se aprende por ensayo y error, viviendo, donde la simplicidad de la vida nos puede ser enriquecedora y además dar sentido a la vida, para que pueda brotar una verdadera riqueza espiritual y humana.  

Lo que de verdad da sentido a la vida es ser útil a los demás, paliar su sufrimiento, construir belleza, forjar unidad donde hay dispersión y ofrecer a otros la posibilidad de vivir la aventura de la existencia.  

Decía san Agustín “Dios no manda cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y pedir lo que no puedas, y te ayuda para que puedas” 

Tengamos presente que lo absurdo es lo que carece de sentido y que el corazón humano está inquieto, porque no posee lo que anhela, sin saber que cuando se aprende a vivir sin deseos, se está en paz consigo mismo.  

Tras muchos años compartiendo oración con los Amigos de Orar podemos decir:

Creer en Dios es orar
Confiar en Dios es orar, porque orar en comunicar con Dios. Orar consiste en escuchar lo que Dios  quiere de mí ahora.  

Desde un corazón agradecido nos damos cuenta de que el verdadero testimonio lo damos con el ejemplo silencioso, puro y radiante de nuestra vida, y por ello, pedimos se cumplan las palabras de Ezequiel (36,26) que dicen: “Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.”  

Por ello decimos:

Corazón, corazón, la travesía
te hace a veces sangrar con su aspereza.
La oración te será tu fortaleza,
¡reza, reza a Jesús, reza a María!    

Una gran pista para vivir es tener presente que el otro siempre es una riqueza y un don precioso que Dios nos ofrece para crecer en humildad y en nobleza.  

Nos dice el Papa Francisco en su exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate nº 86 “Cuando el corazón ama a Dios y al prójimo, cuando esa es su intención verdadera y no palabras vacías, entonces ese corazón es puro y puede ver a Dios.

Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad”  

Recordemos siempre: La satisfacción no se obtiene en la meta sino en el camino.                      

TRIGO Y CIZAÑA Juntos crecen el trigo y la cizaña

porque así es la vida en esta tierra:  

La soberbia baila con la humildad,
el egoísmo y la generosidad conviven
en extraño abrazo,
la razón y la sinrazón discuten
sobre lo humano y lo divino,
sabiduría y necedad
comparten melodías,
víctima y verdugo se sientan
en el mismo banco,
la intransigencia de unos
y la tolerancia de otros
miden con distinto rasero
las mismas historias. 
 
En un solo cofre se guardan
puñales y versos,
recuerdos y desmemorias,
rencores y afectos.    
 
Dios, que es bueno,
hace salir el sol
sobre justos e injustos.  
 
El mundo es así,
enredado, discordante, complejo.  
 
Pero no es este
el tiempo de los veredictos,
sino el de las oportunidades.      
 

Qué Dios os bendiga

Amigos de Orar, Burgos 20 de julio de 2019

Pedro Hdez del Toro y Guerra 

Documentación: DECIR PALABRAS DESDE EL CORAZÓN