“UNO SOLO ES VUESTRO PADRE… Y TODOS VOSOTROS SOIS HERMANOS” (Mt 23,9.8)

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1.- DOS ANÉCDOTAS Y UN CUENTO PARA COMENZAR:

♦ Contemplación prolongada del Padre… Petición de una monja anciana a la Madre Teresa. Está en el Camino de Perfección 30,7. “Vino una vez a mí muy congojada, que no sabía tener oración mental ni podía contemplar… preguntéle qué rezaba y vi que asida al Paternoster…”

♦ Visita al Cubo de Don Sancho para pedir a Marcelino Legido que nos enseñase su oración. “Mis vacaciones consisten en estar con el Padre”.

♦ "Un viejo rabino preguntaba en cierta ocasión a sus alumnos cuándo se sabe el momento en que se acaba la noche y comienza el día... Después de varias respuestas de los alumnos, dijo el maestro: Cuando al mirar el rostro de cualquier hombre, tú reconozcas a tu hermano o a tu hermana. Hasta que no llegue ese momento, seguirá siendo noche en tu corazón".  

2.- EL TEXTO EN EL EVANGELIO DE MATEO

Este capítulo 23 marcó el fin de los enfrentamientos entre el Señor Jesús y los dirigentes religiosos. El Señor advirtió a las multitudes sobre ellos y luego les denunció en términos inequívocos. Nunca pronunciaron los labios del Señor palabras tan cáusticas para una condenación implacable. En el próximo párrafo, veremos que Jesús advirtió contra los escribas y fariseos Leamos los versículos 1 al 3:

"Entonces Jesús habló a la muchedumbre y a sus discípulos, diciendo: Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen".

Esta denuncia pública de Jesús tuvo lugar en el templo, que era la fortaleza de Sus enemigos. Estos se habían colocado en una posición de autoridad y controlaban las Escrituras del Antiguo Testamento. Habían usurpado lo que no tenían derecho a usurpar. En cierto sentido, ocupaban la misma posición que muchos hoy en día, a quienes la gente acude para escuchar una interpretación de la verdad. Hemos escuchado un triste comentario sobre la inconsecuencia de aquellos maestros.

Continuemos leyendo la descripción que Jesús hizo de ellos, en los versículos 4 al 12:

"Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. Sino que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres; les gusta llevar en la frente y en los brazos porciones de las Escrituras escritas en anchas tiras, y ponerse ropas con grandes borlas. Aman el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y los saludos respetuosos en las plazas y ser llamados por los hombres Rabí. Pero vosotros no dejéis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni dejéis que os llamen preceptores; porque uno es vuestro Preceptor, Cristo. Pero el mayor de vosotros será vuestro servidor. Y cualquiera que se ensalce, será humillado, y cualquiera que se humille, será ensalzado".

Comentario:

⊗ En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y fariseos.

Los humanos andamos a la caza de títulos, buscando ser alguien en medio de esta selva de capacitaciones. Jesús desenmascara la mentira, planta cara a los defensores del orden que llevan una vida desordenada, denuncia a los reformadores incapaces de reformar su propia vida, le duele que se condene con dureza desde las cátedras el pecado de los pequeños y débiles y se pase de largo ante las injusticias de los poderosos. ¡Cómo le gusta la verdad a Jesús! Solo en la verdad es posible orar. Si en vez de aplicar estas palabras a los demás nos las aplicamos a nosotros, podremos orar de verdad, porque la oración siempre florece en el terreno de la verdad. La palabra de Jesús ilumina, discierne, crea. La incoherencia entre lo que decimos y hacemos, la dureza y rigidez hacia los otros, la búsqueda de gloria que nos ponen el pedestal, el quedar bien ante los demás... pueden dejar a Dios y a los hermanos sin espacio en el corazón. Espíritu Santo, enséñanos a orar en verdad.

⊗ Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.

La forma más bonita de llamarnos, la que más le gusta a Jesús, es la de hermanos. En la comunidad de Jesús todos tenemos sitio, tarea, palabra, dignidad. No tiene sentido evangélico ensalzar a unos con supuestas dignidades dejando en la sombra a los pequeños. El Espíritu de Jesús es el maestro interior que nos enseña el arte de pensar, sentir, vivir como hermanos. La oración florece con hermanos y hermanas al lado, caminando tras las huellas de Jesús, con un estilo de vida convincente, ayudándose unos a otros a vivir la experiencia de Dios, a crear una atmósfera más sencilla y fraterna, a compartir los gozos y dolores de la humanidad, a cuidar de la tierra como casa de todos. ¡Cuánto necesita nuestra Iglesia de hermanos y hermanas que irradien la belleza del Evangelio de Jesús! Espíritu Santo, enséñanos a vivir como hermanos.

⊗ Uno solo es vuestro padre, el del cielo.

Para Jesús el título de ‘Padre’ es tan único que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad. Jesús, en sus obras y palabras, fue desvelando el rostro del Abbá (Padre), el que crea y recrea la vida, el que reviste nuestros días de novedad y de alegría, el que regala libertad y no se desdice de habérnosla dado, el que quiere a todos por igual, el que nos espera para darnos su abrazo. En esa experiencia de amor único, que el Padre nos tiene, entramos cuando oramos y decimos, como hijos e hijas: ‘Padre nuestro’. Espíritu Santo, enséñanos a decir, desde el corazón de la comunidad: Abbá, Padre nuestro. Y esta es una muy importante enseñanza. Jesús no está diciendo literalmente que no se llame a nadie maestro o padre o doctor, pero sí dice que seamos humildes y no nos pongamos nunca por encima de los demás, aunque sepan menos, aunque estén siendo guiados por nosotros. Esa sí es la verdadera enseñanza, y no la de usar o no ciertas palabras. Por eso no importa si a un sacerdote católico o a un pastor protestante o a un maestro evangélico se le llama padre o doctor o su eminencia, lo que importa es el espíritu de vanidad o humildad de ese guía espiritual. El papa, un obispo, o uno de esos exitosos líderes evangélicos que tienen miles o millones de seguidores, estarán predicando y guiando a su pueblo, pero no estarán haciendo la voluntad del Señor si realmente se consideran por encima de ellos. El buen pastor es el que da la vida por sus ovejas, no simplemente el dueño del rebaño. En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos.

⊗ Uno solo es vuestro Señor, Cristo.

Solo Jesús sabe ser Señor porque solo él saber ser pequeño: ofrece alivio a los cansados y agobiados, su yugo es llevadero y su carga ligera, va delante llevando el peso de todos. ‘No os dejéis poner títulos, no llaméis a nadie así’, nos dice Jesús con emoción y cariño, sabedor del orgullo que se puede apoderar de nosotros. ¡Iglesia: Todos hermanos, con Jesús sentado en medio, con los pequeños cerca, acariciados todos por la ternura de María, con los dones puestos encima de la mesa para compartir! Espíritu Santo, enséñanos a orar estrenando cada día el señorío de Jesús. Para adquirir el título de maestro y enseñar a otros, hay que hacerse pequeño y aprender del único Maestro que es Cristo, “manso y humilde”. La única condición, por tanto, para todos estos títulos es la humildad verdadera porque «el que se enaltece será humillado y el que se humilla será ensalzado» (Mt 23,12).

De todas formas, el máximo doctorado se da cuando uno se especializa sirviendo por amor, como lo hizo el Maestro, porque «el mayor entre vosotros será vuestro servidor» (Mt 23,11). San Agustín nos enseña: «Cuanto más humildes, más grandes».

Los maestros de la ley son los que la interpretan, pero su situación privilegiada ante el pueblo les inclina a mayorías: Quieren ser notados y tratados especialmente, quieren los primeros puestos en los banquetes y en la sinagoga y que todos les llamen maestros… Y Jesús les observa. ¡Qué distinto ha de ser un seguidor suyo! Él es el verdadero Maestro y, sin embargo, se abaja como el último; ha venido a servir, no a que le sirvan. Ha venido a amar y a ser amado y así unos con otros, porque lo que hacemos al más pequeño y débil es a Él al que se lo hacemos. Él es el Señor y Jefe, y ante Dios, siendo Hijo, se comportó como siervo: en todo obediente a Dios y queriendo agradarle según su voluntad, y posponiendo su voluntad de hombre, se humillaba. Su dignidad le venía de la Palabra del Padre que le acredita como Hijo y como “el amado, el predilecto”. Se deja elevar por el Padre, pero en ningún momento se eleva a sí mismo. Por esto nos insta a que aprendamos de El a ser mansos y humildes de corazón…

3.- EL ESTILO DE ORAR Y DE VIVIR DE JESÚS

3.1- “YO ESTOY EN EL PADRE” (Jn 14,10).

En Jesús las palabras y las obras coinciden. Busca estar con el Padre. De noche, de madrugada, en medio del ajetreo de la vida, busca el rostro de su Padre. El Padre es su verdad

3.2. “EL PADRE ESTÁ EN MÍ” (Jn 14,10)

“El Señor está contigo”, que escucha Moisés, Jeremías, Elías, María, los discípulos, los cristianos en la eucaristía.

3.3. “A VOSOTROS OS HE LLAMADO AMIGOS, PORQUE TODO LO QUE LE HE OÍDO A MI PADRE OS LO DE DADO A CONOCER” (Jn 15,15)

Jesús comunica lo que oye al Padre, no habla ni actúa por cuenta propia.

3.4. “EL PADRE QUE PERMANECE EN MÍ ES EL QUE REALIZA LAS OBRAS” (Jn 14,10).

Las obras de Jesús muestran cómo es el Padre.  

4.- PADRE  

Actitud: La humildad de dejarnos enseñar. La humildad de ponernos en verdad. Palabra: “Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11,1).  

Comentario:

  • Jesús oró. Muchas veces aparece orando en el Evangelio.
  • Los discípulos le pidieron: “Enséñanos”.  Danos lo que llevas dentro.
  • Relación entre oración y vida. Coherencia.
  • Si queremos aprender de Jesús, el Espíritu viene en nuestra ayuda. Es la tarea del Espíritu.
  • “¡Señor, Dios mío!, no eres tú extraño a quien no se extraña contigo: ¿cómo dicen que te ausentas tú?" (San Juan de la Cruz].  

4.1 ¡ABBA! PADRE, MADRE  

Actitud: Andar en verdad es presentarnos como hijos. Regalo del bautismo. Palabra: “Cuando oréis, decid: Padre" (Lucas 11,21). "No recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar. ¡Abbá, Padre!" (Romanos 8, 15).  

Comentario:

Jesús llama a Dios Abbá. Con sentido del humor utiliza una palabra aramea para nombrar al Innombrable. Jesús, cuando ora en la intimidad se dirige a Dios llamándole cariñosamente Abbá. A Dios se le habían dado mil nombres: Luz, Apoyo, Presencia, El que es, Lejano, Desconocido, Escondido. Jesús los conocía. Rezaba con ellos en la sina­goga y en las fiestas de su pueblo. Sin embargo, un nombre nuevo le fue naciendo en el corazón: Abbá. Desde entonces el Espíritu grita en los corazo­nes de todos los amigos de Jesús el mismo nombre: Abbá. Jesús escogió la palabra Abbá para tratar con Dios, porque Dios escogió la palabra: Hijo mío, mi amado, para tratar con él. Y en medio de la noche, o en lo alto de un monte, o metido de lleno en el murmullo de la vida, corría para estar con su Abbá. No es que huyera de las cosas y de la gente, sino que esa intimidad y entrega mutuas solo las podía vivir con el Padre.

  • Jesús en todo momento se sabe acompañado por el Abbá. No está ni se siente solo. Saber que el Padre está con él le da una confianza infinita.
  • En la comunicación con el Abbá y con el Espíritu recrea la humanidad.
  • El regalo que nos hace Jesús: poder contemplar cara a cara a Dios Padre y tratar de amistad con él.
  • Jesús nos conoce por nuestro nombre. “¿De qué me conoces? Te vi debajo de la higuera” (Jn 1,43-51).  

5.- PADRE NUESTRO  

Actitud: Nos presentamos como hermanos. Don, siempre regalo de Dios, y tarea a lo largo de nuestra vida. No es fácil pasar del reino de lo mío al terreno de lo nuestro, al sentido de pertenencia: "Hemos apren­dido a volar como los pájaros, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos” (M. Luther King). Vamos juntos, sin dar rodeos. Al estilo samaritano.  

Palabra:

“Vosotros pues, orad así. Padre nuestro” (Mateo 6,9). "Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos tam­bién sean uno en nosotros” (Juan 17,21). “Un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32).  

Comentario:

  • El rostro del Padre que nos comunicó Jesús con su vida no es tuyo o mío solamente, es Padre de todos, Padre nuestro. Hay un terreno profundo en el que todos nos damos la mano. Esa es nuestra verdad más honda, es la hermosura que ha pintado Jesús en nuestra interioridad.
  • El Abbá está en lo escondido y en la interioridad secreta está el nosotros. Esto es lo que Dios ve en nosotros. Esto es lo que hace el Espíritu por caminos no siempre percibidos por nosotros. “Para que haya fuentes en el desierto tiene que haber pozos escondidos en la montaña” (Merton). Pero en lo escondido llevamos a todo el pueblo, “en la franja de su ornamento” (Sal 123): así oraba el orante judío.
  • Experiencia de igualdad esencial más allá de toda careta postiza. Fraternidad: traje de fiesta para acer­carnos al Padre. Así nos ha soñado Dios. Los gestos sencillos y palabras de verdad abren el camino al Espíritu (Encuentro de Cornelio y Pedro: Hch 10).
  • Decir hoy y siempre Padre nuestro es una provocación permanente para la conciencia aislada, para todos los que van a lo suyo, es una bocanada de aire fresco que limpia el ambiente de nuestro mundo, es encontrar respuestas nuevas de solidaridad para los orillados de la tierra.
  • Siempre somos aprendices de este estilo de vivir.
  • “La comunión fraterna es reflejo del modo de ser de Dios y de su entrega, es testimonio de que «Dios es amor» (1 Jn 4,8.16).
  • La fraternidad es un proceso continuo de crecimiento, que lleve a vivir una auténtica comunión fraterna, una koinonia.

Relato:

"Le preguntaban un día a un hombre con fama de sabio: Tú tienes muchos hijos, ¿cuál es tu preferido? El hombre respondió: “Mi preferido es el más pequeño hasta que se hace grande. El que está lejos hasta que vuelve. El que está enfermo, hasta que se cura. El que está prisionero, hasta que es liberado. El que está sufriendo, hasta que le llega el consuelo" (De un sabio persa). 

Oración:

Padre nuestro,
Padre de todos,
líbrame del orgullo
de estar solo.

 Estoy solo:

  • Cuando quiero disfrutar de tus dones individualmente, sin compartirlos y comunicarlos a los demás...
  • Cuando prefiero dar un rodeo ante de ser samaritano de los que tienen menos atractivo el rostro por su enfermedad, por su pobreza, por su condición social, por su lugar de nacimiento, por el color de su piel, o por tantas cosas...
  • Cuando utilizo con demasiada frecuen­cia el adjetivo "mío" y olvido el "nues­tro"...
  • Cuando conviven con nosotros el rencor, el distanciamiento o la compe­tencia con los otros y entristecemos al Espíritu... 

Estamos juntos: cuando todos somos constructores de la comunidad (Relato de la carpintería). 

Tarea: Encontrarnos cada mañana con nuestro Abbá para despertar a una alegría y dar con las fuentes de la vida. Caminar durante el día con nuestro Padre‑Madre para conti­nuar la tarea de Jesús de llevar a todos su ternura y misericordia entrañable. Dormirnos con el nombre de Padre‑Madre en los labios para descansar seguros, porque sabemos que su mano nos sostiene y su pecho nos cobija.

6.- AMÉN

La jaculatoria de la confianza, del abandono confiado. Cerrar los temas como historia de salvación. No dejar las cosas a medias. Aprender a decir amén. Decirlo muchas veces como una bellísima oración. Al ritmo de la respiración. Dormirnos en el Amén no en los problemas, que trabajan nuestro corazón durante la noche.

El amén de Dios es de fiar. Nunca se cansa de nosotros. Nunca olvida el arcoíris de paz y bendición para el mundo.

Hoy nos acercamos al Padre desde la fragilidad nuestra de cada día, la nuestra y la de los demás ante la tentación y el mal. Y queremos aprender a decir amén, con Jesús, con María, con toda la Iglesia.

Queremos repetir muchas veces amén, al ritmo de la respiración, para que nos lleve cada vez más a esa intimidad que Jesús tiene con el Padre y que nos ha comunicado en el Padrenuestro.  

Palabra  

“Estoy seguro de que [nada] podrá separamos del amor de Dios mani­festado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8,38‑39). “En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado tiene vida eterna”.

Comentario:  

La palabra amén (MN) significa la seguridad y confianza de un niño en brazos de su madre. Todo lo que nos ha enseñado Jesús, y que ahora nos recuerda constantemente el Espíritu, es tan seguro que merece nuestra confianza, tan verdadero que debe ser creído, tan sólido que bien puede convertirse en cimiento de nuestra vida. Construir sobre roca y no sobre arena (Mt 7,21.24-27). Construir sobre arena: sobre la arena de los sentimientos. Construir sobre roca: sobre el amor verdadero.

Seguiremos sintiendo de cerca el peligro del mal, nos herirán las ofensas recibidas, el pan de cada día y el trabajo y la paz y la justicia y tantas cosas buenas seguirán siendo conquista laboriosa, pero el saber que estamos, como un niño, en el regazo de un Dios que es Padre y Madre, nos hace ponernos de pie y gritar amén, como un desafío: "Si Dios está con noso­tros, ¿quién estará contra nosotros?" Ante el desafío van quedando enemigos por el camino. “Caballos y carros ha arrojado en el mar (Ex 15,1-18). Jesús, cuya vida fue un continuo sí a la voluntad del Padre, es ahora nuestro amén, nuestra fuerza para poder decir también nosotros sí, y aplau­dir con toda la creación el amor y la gracia que ha derrochado en noso­tros, sus hijos.  

Oración:  

Amén a ti, Padre que has querido habitar entre nosotros
para sembrar tu reino en nuestros corazones
y darnos a todos un abrazo entrañable.
Amén a ti, Señor Jesús, nuestro compañero de camino,
que nos has abierto tu intimidad para hablarnos del Padre
y enseñarnos su ternura y su misericordia.
Amén a ti, Espíritu Santo, que nos despiertas cada día al gozo
de saber­nos hijos de Dios
y nos alientas para que la humanidad, que gime,
descubra lo hermoso que es ser y vivir como hijos del Padre
y como hermanos de todos los hombres.  

Compromiso:

  • Retomar las experiencias salvadoras de la vida. “Todas las promesas de Dios encuentran un sí en Jesús de manera que por él decimos amén a Dios para gloria suya” (2Cor 1,20).
  • Hacer nuestra la obra que el Señor hace en los Amigos de Orar.
  • Finalizar la obra por medio de la alabanza.
  • Aplauso a Dios. Todo lo ha hecho bien. San Ambrosio: un amén con la fuerza de un trueno.        

Cuando decimos amén... ¿Qué pasa? ¿Qué nos pasa?

  • entramos en esa riada de alabanza que recorre la creación y que está tan presente en el Padrenuestro ('santificado sea tu nombre').”Porque tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre. Amén".
  • es mucho más que un simple deseo o un asentimiento débil, comporta una responsabilidad, una renovación pública y comunitaria del compromiso a colaborar con Jesús samaritano en la salvación del mundo.
  • nos empuja a vivir con lucidez evangélica la vida y a hacerla inteligible al mundo de hoy, para que viendo "nuestras buenas obras" el amén se extienda por todos los pueblos como un gran aplauso al Padre.
  • lo hacemos en comunidad, porque ese es el proyecto del Padre: que se ensanche espacio de la tienda del corazón para que cada día lo habiten más nombres.
  • nos prepara para acoger la semilla, a no cerrar la tierra para que sea tierra de bendición.
  • nos invita a no instalarnos en nada, porque nada es definitivo, "sólo Dios basta". Y a ser romeros, sólo romeros.  
Ser en la vida romero,
romero solo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero..., solo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo, pasar por todo una vez, una vez solo y ligero, ligero, siempre ligero.
 

Pedro Tomás Navajas, carmelita

Encuentro: Amigos de Orar

Documentación: “UNO SOLO ES VUESTRO PADRE… Y TODOS VOSOTROS SOIS HERMANOS” (Mt 23,9.8)