Décimo tercer Domingo del tiempo ordinario.

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Lectura orante del Evangelio: Lucas 9,51-62

“Ya de chico, enfilé la proa hacia Jesús y desde entonces, felizmente para mí, Él se hizo cargo del timón de mi barca” (Monseñor Gonzalo López Marañón).  

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén.

Miramos a Jesús en un momento clave de su vida: metido de lleno en nuestra historia, y, a la vez, en camino hacia el proyecto del Padre; muy encarnado en nuestra tierra y, a la vez, muy del cielo; nadie le quita la vida, es Él quien la da libremente. Estamos con Jesús en este camino. Lo vemos afrontando los miedos. No quiere sobrevivir, quiere vivir. Su generosidad para entregar la vida es total. En vez de dejarse llevar por la corriente, toma decisiones, se enfrenta a lo que tiene delante. El Espíritu lo acompaña. Así oramos: mirando a Jesús, aprendiendo de Él, dejando que el Espíritu nos meta en el proyecto que el Padre tiene para nosotros. Jesús, ¿qué decisión tenemos que tomar en este momento para seguirte?

‘Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?’. Él se volvió y los regañó.

¿En qué consiste seguir a Jesús? ¿Autenticidad? Toda. ¿Rechazo a quienes no siguen nuestra manera de pensar y obrar? Ninguno. ¿Llama de amor viva? En plenitud. ¿Fuego de venganza y fanatismo destructivo? Nada de eso. El evangelio de Jesús no se anuncia con agresividad, se vive con gozo y valentía; la opción de creer en Jesús no es imposición, es propuesta de vida plena; caminar con Jesús es ser, como Él, artesanos de paz, abrir espacios de compasión y de ternura. Jesús, ¿qué actitudes tenemos que cambiar para parecernos a Ti?

Mientras iban de camino, le dijo uno: ‘Te seguiré adonde quiera que vayas’. 

Aunque en muchas casas y ambientes no se le deja entrar, Jesús sigue llamando a nuevos discípulos. Nosotros somos seguidores. ¿Basta con esto? No. Queda desaprender maneras de seguirle a medias, sin compromiso claro ni coherencia, y aprender a ir con Él, sin miedo a que nos lleve por caminos nuevos y nos meta en la lógica del amor que se entrega. Te queremos seguir y sentimos miedo. Danos tu Espíritu.    

‘Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza’.

Jesús no engaña: promete su amor. Él es la referencia en el seguimiento, el descanso en el camino. Su propuesta de vida es fascinante. La novedad de su Evangelio está más allá de cosas que no pueden darnos vida. No es cuestión de renunciar, cuanto de elegir al que es lo mejor. ¡Qué alegría tenerte cerca, Jesús! Gracias, Señor, Jesús, Amigo. Mil veces diremos tu nombre. 

‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios’.  

Las constantes miradas hacia atrás ralentizan el camino e impiden vivir de verdad. El seguimiento auténtico de Jesús nos abre a un horizonte nuevo. Si el corazón está lleno de otras cosas, no puede beber de la Fuente que mana. Jesús, tú eres el sentido de nuestra vida, nuestra alegría y plenitud, nuestro todo. Bendito y alabado seas.                                               

¡FELIZ DOMINGO! Desde el CIPE – junio 2019  

Documentación: Décimo tercer Domingo del tiempo ordinario. Lectura orante del Evangelio: Lucas 9,51-62