«ESTE ES MI HIJO, EL ELEGIDO, ESCUCHADLO»

FOTO

Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, Señor (Sal 26).

1.- UNA MIRADA AL HOMBRE Y A LA MUJER DE HOY 

  • El ser humano es un buscador de felicidad; la busca por mil caminos no siempre acertados. A veces queda enredado en alegrías pasajeras que vienen a su encuentro envueltas en bonitas palabras y vistosos colores.
  • Otras veces salen a su encuentro experiencias de dolor, llanto, lágrimas, violencia, guerra, incomprensión, vacío, engaño y mentira. ¿No habrá otra cosa?
  • ¿Cómo percibirá la humanidad, en medio de este canto de sirenas, la voz del corazón, la voz del gozo?¿Caerá en la cuenta de que la felicidad la lleva dentro?
  • Algunos la han encontrado. Son un estímulo para los buscadores de manantiales: “En este estado de vida tan perfecta siempre el alma anda interior y exteriormente como de fiesta, y trae con gran frecuencia en el paladar de su espíritu un júbilo de Dios grande como un canto nuevo, envuelto en alegría y amor en conocimiento de su feliz estado” (San Juan de la Cruz, Llama de amor viva 2,36).      

2.- EN ORACIÓN CON JESÚS  

“Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta y se trasfiguró delante de ellos… Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías… Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: Este es mi Hijo amado; escuchadlo” (Mc 9,2. 4-8).  

Como los nómadas, también nosotros vamos buscando fuentes para nuestra sed. Unos de una manera, otros de otra, buscamos las fuentes del gozo, porque solo con él se puede caminar. En el camino nos preguntamos unos a otros cómo hacemos para vivir en medio de tanta violencia y desorden, en medio del paro y la enfermedad, en medio de tantas diferencias entre los del norte y los del sur, entre el primero y tercero o cuarto mundo. ¿Dónde encontramos los manantiales de la alegría? Las respuestas más bellas nos orientan hacia Jesús. El nos ofrece una alegría que nada ni nadie nos puede quitar.  

La montaña

Como hacemos muchos de nosotros los fines de semana, también tú, Jesús, te vas a la montaña. Vas allí a respirar aire limpio. Has invitado a tres discípulos. Necesitan respirar al aire del Espíritu. Les pasa lo que a nosotros. Llevan mucho tiempo contigo, pero no te entienden. La cruz, tu cruz, nos desconcierta, nos entristece. No entra en nuestros planes dar la vida. Tú nos invitas a subir al monte. Sabes que necesitamos luz para ver las cosas de otra manera. La montaña esconde pozos de agua en su seno.  

Oír el amor

¿Qué es lo que te sucede en el monte? ¡Oyes el amor del Padre y el corazón se te llena de alegría! Al Padre le agrada tu vida de siervo. Le parece la más bella expresión de amor, la más hermosa danza. Tú siempre oyes el amor del Padre. Pero nosotros no lo oímos y se desconcierta nuestra vida. El Padre nos dice que te miremos, que te escuchemos, porque tú eres el amor. Tú eres el Rostro del Padre. Tú eres nuestra fuente de alegría, porque el gozo brota siempre del amor.  

Vuelta al camino

La luz desaparece, los huéspedes se van, la voz se calla. Sólo quedas tú y, un poco asustados, tus amigos. ¿Como antes? No, los corazones no son los mismos. Vuelven al camino con más agradecimiento, con más sencillez, con la alegría. Y tú, siempre con ellos, en los días buenos y malos. Tú, siempre con nosotros. Al encuentro de otro monte, de otra subida. Esta, con cruz, con amor loco. Y allí, otra voz, la del Padre, llenará nuestro corazón de alegría. Allí empezará la fiesta del Espíritu. Y con el Espíritu ofreceremos el gozo a tantos peregrinos que buscan un sentido.    

3.- PARA TU VIDA DE CADA DIA

  • Escucha la Voz de Dios: El gozo más profundo y verdadero siempre comienza en tu interior donde habitas con tu Dios. El ensancha el corazón. Hasta que digas en el Espíritu: “Yo tengo un gozo en el alma grande… es como un río de agua viva”. 
  • Haz tiendas de encuentro, donde puedas escuchar la voz de los hermanos. Oírles la fe es escuchar de nuevo las bienaventuranzas de Jesús. La Iglesia es casa de comunión y de gozo.  
  • Vuelve al camino con una tarea. Aquellos a los que abras tu casa, aquellos a los que cures cualquier herida, aquellos con los que compartas lo que tienes y eres… te tienen reservada también una gran fuente de alegría.