I DOMINGO DE CUARESMA

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ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

MOTIVACIÓN

Cuaresma: Tiempo para que el corazón descubra la lucha espiritualy sobre todo experimente la victoria sobre el mal. Si no hay lucha es que ya hemos aceptado la derrota. “Adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la pelea” (Sal 143,1). Tiempo de escucha de la Palabra. “La escucha del Maestro interior pasa por la práctica de la lectio divina, de la meditación orante de la Palabra de Dios” (Carlo María Martini). Tiempo de conversión y volver a lo esencial. “No esperes a convertirte” (Papa Francisco).

INVOCAMOS AL ESPÍRITU

Quiero tu aliento sobre mí, quiero tu Espíritu sobre mí para ser tú. Quiero ser tú, tú, tú… viviendo tú en mí y yo en ti, Amor que llenas todos mis espacios.

1. A LA ESPERA DE LA PALABRA. CON LA LÁMPARA ENCENDIDA  

Contexto. Retirarse al desierto es, para Jesús, concentrarse en lo esencial, descubrir lo que Dios le inspira en su corazón. La tentación es el tema central de este texto. “Tentar” es poner a prueba, concretamente, probar la fidelidad de hijo de Dios. Quien “tienta” es el “diablo”, el que divide, separa, rompe. Intenta apartar a Jesús de la profunda comunión con el Padre e intenta que rechacemos a Dios. La victoria sobre él es signo del Reino. Se reproduce la triple tentación que vivió el pueblo en la travesía del desierto (Dt 8,3-4: hambre y rebelión; 6,13: idolatría, yendo tras los otros dioses, aparentemente más ventajosos; 6,16: señales de Masá, cuando “dudaron de mí aunque habían visto mis obras”). Diferencias entre los sinópticos al narrar las tentaciones.

2. PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Lucas 4,1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y el Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo. En todos aquellos días estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre”». Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:     
«Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me ha sido dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». Respondiendo Jesús, le dijo:    
«Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:     
«Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece contra ninguna piedra”». Respondiendo Jesús, le dijo:     
«Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

3. FECUNDIDAD DE LA PALABRA

Jesús lleno de Espíritu Santo volvió del Jordán… lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto. En conexión con el bautismo en el Jordán: “Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy”.   Jesús vive su vida en el Espíritu, que caracteriza su personalidad y se deja educar por él. El Espíritu lo conduce al y en el desierto, lo forja como hijo fiel al Padre y amigo de los predilectos del Reino. El Espíritu nos empuja a salir, dejando de dar vueltas en círculos. El desierto, desnudez total ante el misterio de Dios, es indispensable en el itinerario del corazón a Dios. “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Os 2,16). En el desierto: silencio, interioridad, renuncia a lo superfluo. “Lo que embellece el desierto es que en algún lugar esconde un pozo” (Exupery). Jesús es nuestro desierto: en él superamos la prueba, pasamos de la esclavitud a la libertad, entramos en la intimidad, en el amor.

Mientras era tentado por el diablo. No es iniciativa del Espíritu sino del demonio (escribas, fariseos, Pedro…), que quiere alejar a Jesús de lo esencial y convencerlo de las contradicciones de Dios. La tentación llevó al pueblo a ser lo que no era. Jesús, el nuevo Israel en el desierto, no renuncia a su ser profundo de hijo de Dios.

‘Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan’. Jesús le contestó: Está escrito: ‘No solo de pan vive el hombre’. Los israelitas, ante el hambre, murmuraron (Ex 16); Jesús confió en el Padre incondicionalmente. No usó la filiación divina para negar la finitud humana. Buscó el pan como todos. Jesús vence la prueba poniendo su mirada en la necesidad fundamental. Su alimento es la entrega total al Padre (eucaristía). Canto: Te conocimos…

Te daré el poder y la gloria de todo eso… Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo’. Respondiendo Jesús, le dijo: Está escrito: ‘Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto’. Segunda tentación: reconocer por dios al enemigo del hombre, con sus abusos, mentiras e injusticias. Solo Dios es digno de adoración; se vence al adversario adorando, sirviendo a los demás. Canto: “Estoy entre vosotros como el que sirve”.

‘Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo..., porque está escrito: Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te cuiden’ Jesús, le dijo: ‘Está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios’. Espectáculo milagrero frente a la confianza radical en el Padre, necesidad de tener bajo control a Dios. El uso de la Escritura puede ser diabólico. La adoración es la puerta de entrada a una relación profunda de comunión con Dios. Jesús no será un mesías triunfalista, que pone todo para su vanagloria. Canto: No adoréis…

Acabada toda tentación, el demonio se marchó hasta otra ocasión. La victoria final sobre el mal se dará en la Pasión. En el misterio de la Cruz ponemos la mirada. Ahí está la victoria pascual.   

4. RESPUESTA A LA PALABRA. MEDITACIÓN.

¿Te dejas llevar por el deseo de que en tu vida Dios haga milagros para salir de alguna situación difícil? ¿Propones frases bíblicas a los otros de modo mágico? ¿Haces tuya la victoria de Jesús? “Si hemos sido tentados en Cristo, venceremos al diablo en él” (San Agustín). ¿Cuáles son las armas que utilizas para combatir la tentación? ¿Qué es lo esencial en tu vida? ¿Qué puesto ocupa el Señor?

5. ORAR LA PALABRA

Date cuenta de cómo vives estas tres realidades: tus tentaciones, tu fe y tu amor a Dios. Medita en tu condición de hijo/hija de Dios… en tu condición de hijo/a amado/a y en las consecuencias para tu vida… Contempla a Jesús sintiéndose hijo amado del Padre. “Al fin, en la raíz, en lo hondo, solo quedas Tú. Solo tu Sueño me deja abrir los ojos, solo tu Mirada acaricia mi ser, solo tu Amor me deja sereno, solo en Ti mi debilidad descansa y solo ante Ti la muerte se rinde. Solo Tú, mi roca y mi descanso”. (Javier Montes) Canto: Vivir en el Señor (Brotes de Olivo)

Rezaré, pediré, porque el mundo no cambie mi vida;
buscaré, seguiré, la verdad en mi corazón.
Que la fe en mi Dios no se cambie con los contratiempos.
Pensaré que el Señor a quien quiere le hará padecer.
Que los baches que tiene el sendero no desvíen mi caminar.
Que al final de mi vida presente mis manos colmadas de afán.

6. CONTAR AL MUNDO LA NUEVA MANERA DE VIVIR

Testigos.

 Examen de conciencia diario para convertirnos al Señor.(Papa Francisco)

Pedro Tomás Navajas

Documentación: I DOMINGO DE CUARESMA: Lucas 4,1-13