Domingo sexto del tiempo ordinario

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LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO:  Lucas 6,17.20-26

Palabras poéticas, pero a contracorriente: Ser pobre en el corazón eso es santidad. Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad. Saber llorar con los que lloran, eso es santidad. Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad” (Papa Francisco, Gaudete et exsultate).

Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

En este texto, uno de los más impresionantes de la historia de la humanidad, encontramos un lenguaje provocador para los que desean orar y buscar a Dios: Dios se revela en los pobres, los abraza. Así de claro. Gracias, Jesús, por decirnos estas cosas mirándonos a los ojos.  

Pero, ¡ay de vosotros los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!

El Evangelio no puede ser escuchado de igual manera por todos. No pretendamos encontrar a Dios donde no está; es inútil. La oración se descristianiza cuando la hacemos desde la riqueza y desde el poder. Gracias, Jesús, por enseñarnos que no todo lleva a la vida.

Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Solo hay vida junto a la corriente. Orar es entrar con libertad y ánimo en la dinámica de la vida. Todo es gracia. Los corazones abiertos a Dios son solidarios con los necesitados de alimento, casa y libertad. Enrólanos en tu grupo, Jesús, que queremos caminar contigo.

¡Ay de vosotros los que estáis saciados, porque tendréis hambre!

Hay pobres porque alguien los empobrece. Hay hambre, porque alguien les quita el pan. Hay lágrimas, porque otros hacen llorar. Hay excluidos y perseguidos, porque hay perseguidores. Perdónanos, Señor Jesús. Une las manos de muchos para compartir tu pan.

Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

Ora quien se fía de Dios, quien abre el corazón a su bondad. Un Dios con corazón solo puede aparecer donde está la acequia del consuelo y la ternura. La boca se nos llena de risas y la lengua de cantares. Te alabamos, Señor, porque nunca faltas a tus amigos.

¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!

La Palabra nos juzga y nos critica. En el mundo de los poderosos habita un gran vacío, un horizonte de muerte se abre ante ellos. No busquemos a Dios en la risa insolidaria, porque ahí no está. Dame tu fuerza, Señor Jesús, para cambiar. Tú vas delante, abriendo los caminos.

Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres… Alegraos ese día y saltad de gozo.

Dios está con los últimos. La resurrección ilumina la vida, da futuro a todos los excluidos de la tierra. ¡Echemos a volar nuestra audacia! Orar es disponernos a acoger la alegría de Dios y a saltar de gozo. Todos nuestros límites los abraza tu infinito, Señor. ¡Bendito seas!

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros!

Solo Dios basta. Al orante le basta saber que Dios habla bien de él. Saber que tú nos amas, nos hace vivir de otra manera.                                                                                              

CIPE – Febrero 2019 

Documentación: Domingo sexto del tiempo ordinario Lectura orante del Evangelio: Lucas 6,17.20-26