Domingo quinto del tiempo ordinario

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LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: Lucas 5,1-11

“La mujer… Ni independiente, ni segura, ni con voz” (Campaña contra el hambre).

‘Rema mar adentro y echad vuestras redes para la pesca’.

Jesús nos llama desde el mar adentro a los que nos conformamos con la seguridad de la orilla, a los que pensamos que las cosas no pueden cambiar. Nos desafía, desde el abandono confiado, a vivir la vida de forma creativa, con soluciones a los grandes problemas de la humanidad: hambre, violencia, esclavitud, falta de dignidad. Sabe que tenemos miedo, que somos vulnerables, pero nos pide la audacia de creer que es posible. La palabra de Jesús es un desafío a ir más allá de lo que pensamos, hacemos y vivimos. Jesús, gracias por hacer posible lo que nos parecían imposible.     

‘Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes’.

Hemos trabajado, quién no ha hecho algo para que todos, también las mujeres de todo el mundo, tengan voz, pero no hemos visto el fruto. ¿Será esto una excusa para dejar de luchar? ¿Tendrá sentido presentarnos ante Jesús con el fracaso de las manos vacías? ¿No será mejor quedarnos en la orilla? En esas estamos, pero cuando todo parece terminar, Jesús nos propone comenzar el camino de la fe y unir nuestras manos para encender luces de esperanza en medio de la noche. Su palabra es más fuerte que todos nuestros límites y desalientos. Si tú lo dices, echaremos las redes.    

Hicieron una redada tan grande de peces, que las redes comenzaban a reventarse.

La generosidad de Jesús es desbordante. El fruto es tan abundante que los ojos se nos llenan de lágrimas de alegría. ¡Quién más amigo de dar que él! Su palabra nunca defrauda. Solo aguarda nuestra fe en él para mostrar que un mundo nuevo es posible. Su confianza en nosotros cambia nuestros esquemas. Es normal que nos lleve al asombro. ¡Qué desbordante es tu generosidad! Gracias, Señor.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: ‘Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador’.

La presencia salvadora, provocadora, de Jesús deja al descubierto nuestra cobardía. Es lógico que, como a Pedro, nos den ganas de alejarnos de Jesús. Pero Jesús no ha venido a alejar sino a acercar y llamar a los perdidos. Cuenta con nosotros para extender por el mundo la bondad y la ternura del Padre, la alegría generosa del Espíritu. Hay muchas personas, más de lo que parece, que se fían de Jesús y son un abrazo a la humanidad más herida. Jesús, contágianos tu entusiasmo. Cuanto más te conocemos, más te amamos.

Jesús dijo a Simón: ‘No temas: desde ahora serás pescador de hombres’.

Jesús nos llama a colaborar en el Reino. Él tiene poder para hacernos mujeres y hombres nuevos, solidarios con los hambrientos. Su poder nos da la fuerza para ser misioneros de libertad, aliviadores de lo que destroza la vida. Jesús nos envía, como cirios de luz en la vida cotidiana, a crear una nueva humanidad. ¿Quieres poner tus pies en sus pisadas? ¿Quieres ir con él? Te damos gracias, Jesús, por tu confianza en nosotros.        

Si aún hay hambre es porque queremos - CIPE – febrero 2019.

Documentación: Domingo quinto del tiempo ordinario Lectura orante del Evangelio: Lucas 5,1-11