DOMINGO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

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 LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: MATEO 2,1-12  

“El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la que fuimos creados” (Papa Francisco).  

Se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se  detuvo encima del lugar donde estaba el niño.

Oramos saliendo, como los Magos, sin miedos ni cálculos, buscando motivaciones que nos ayuden a vivir en plenitud. Esta inquietud profunda, esta búsqueda de verdad y de sentido, que nos impide domesticar el misterio, iguala a toda la humanidad en una peregrinación apasionante. Pequeñas luces nos despiertan de la indiferencia y nos ponen en camino hacia el misterio que se esconde en todo. Los grandes deseos son antesala de encuentro. Somos nómadas de la fe, sin miedos que paralizan. Danos tu luz, Jesús. Necesitamos llegar al centro de nuestra vida y de nuestras búsquedas.

Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.

Oramos mirando, con una atención inteligente y amorosa, las señales que Dios deja en el mundo. Dejándonos guiar por la estrella del Espíritu, descubrimos que Dios nos busca en Jesús: una búsqueda sorprendente, gratuita, increíble. Dios quiere revelarse, no deja en feo nuestra pasión por encontrarle, al revés: la desborda. Al descubrir que somos buscados y amados, nuestro corazón se llena de una inmensa alegría, como les pasó a los Magos; caen los prejuicios y se nos ensancha la vida. Jesús, caminamos buscándote hasta que te encontremos en todo, hasta que nos sintamos encontrados por ti.  

Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre, y postrándose, le adoraron.

Oramos adorando a Jesús, hecho niño, el que tenía que venir, el esperado por todos los pueblos. ¡Qué insondables son los juicios de Dios y qué irrastreables sus caminos! La adoración es el descanso de nuestras búsquedas, la respuesta a nuestros interrogantes más profundos, el acercamiento a la frescura del Evangelio, la luz para toda la oscuridad que lleva dentro el ser humano. María y José son la estrella que nos muestra a Jesús; siendo nada, dan al Todo; con su silencio, anuncian la Palabra; en su casa se da cita el Amor para enseñarnos a amar. Jesús, tu epifanía nos convoca a la adoración asombrada.  

Abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra.

Oramos ofreciendo. Más que tener más, damos más y, al dar, somos más, nos parecemos más a Jesús, el que lo dio todo. Querer ser felices dando la vida es una decisión que tomamos hoy. Jesús, el don más precioso que tenemos para ofrecerte es la alegría de haberte encontrado.   

Y se retiraron a su país por otro camino.

Oramos yendo por otro camino para contar una historia de amor. La demostración de la fe es la conversión, es una forma de vivir nueva. La aventura de la fe inventa siempre nuevos caminos. La luz, que nos lleva a la adoración, nos lleva también a un compromiso de amor a los demás, a un anuncio del Evangelio a todos los pueblos. Jesús, tu luz nos llama a ser epifanía para muchos.                      

¡Feliz Fiesta de la Epifanía! - CIPE, enero 2019  

Documentación: DOMINGO DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: MATEO 2,1-12