Domingo 15 del tiempo ordinario

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LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: Marcos 6,7-13

“Flor del Carmelo, viña florida, esplendor del cielo. Virgen fecunda y singular. Oh Madre tierna, intacta de hombre. A los carmelitas proteja tu nombre. Estrella del mar” (La oración del Carmelo más antigua que se conserva).

Llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos.

¡Jesús! María nos invita a poner en él nuestra mirada. Él es fuente y pan, luz y verdad. Jesús no está mudo; llama, sigue llamándonos ahora. ¡Nos envía! Seamos grandes o pequeños, ¡qué importa!, Jesús nos manda a mostrar, a cuantos más mejor, la bondad y el amor del Padre. “Existe ya en las personas y en los pueblos, por la acción del Espíritu, una espera, aunque sea inconsciente, por conocer la verdad sobre Dios” (Papa Francisco). El Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas. Hay muchas heridas en el corazón del ser humano que están esperando ser curadas con la ternura. Con María, pisamos la cabeza del mal. Gracias, Virgen del Carmen, por venir con nosotros a la misión.

Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más.

¿Cómo hacer el camino? Con un bastón, unas sandalias, una túnica. Con mucho amor a Jesús y pasión por el pueblo. ¿No será poco? No, no es poco. “Te basta mi gracia”. Es lo necesario para darnos del todo al Todo. Cada uno de nosotros somos una misión que nos nace en el corazón y que vivimos con una pobreza confiada: “Solo Dios basta”. ¡Qué belleza tiene el envío misionero!: Limpio y alegre, profético y libre de toda falsa seguridad, pobre, sin otros intereses que la pasión de que las gentes miren a Jesús. María orienta nuestros pies hacia las orillas, donde gritan los que esperan curación y liberación. Con María nos mostramos disponibles. Virgen del Carmen, ven con nosotros a cantar la canción de Jesús por los caminos.

Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.

Jesús nos quiere ligeros de equipaje y, a la vez, comprometidos con la realidad, encarnados. Con tiempo para quedarnos allí donde las personas necesitan liberación, con calma para compartir el pan y el vino de Jesús con los que buscan sentido a la vida. Con la alegría de quedarnos en casa de las gentes, donde “acontecen las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma”; hasta que Jesús nos envíe de nuevo. Con María nos quedamos en la casa de los pobres para compartir la alegría de Dios. Enséñanos, Virgen del Carmen, a desaprender, a dejar todo lo que impide contagiar el evangelio de Jesús con verdad y sencillez.

Ellos salieron a predicar la conversión.

¿Salimos? Eso es lo que quiere Jesús: que salgamos y acompañemos a la humanidad en su camino hacia la alegría. Que salgamos y anunciemos la buena nueva del amor de Dios. Que salgamos y orientemos la sed de los corazones hacia la Fonte que mana y corre. Que salgamos y llevemos a los hambrientos a la mesa donde se comparte la vida y es cena que recrea y enamora. Es tiempo de caminar. Con María nos ponemos en camino. ¡Qué hermosa eres, Virgen del Carmen! Con tu dulzura alientas nuestro camino.

Feliz fiesta de la Reina y Hermosura del Carmelo - CIPE – julio 2018 

Documentación: LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: Marcos 6,7-13