11 Domingo del tiempo ordinario

FOTO

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: MARCOS 4,26-34

“La palabra de Dios hace crecer, da vida” (Papa Francisco). 

El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra.

¡Qué maravilla esta acogida tan agradecida de nuestra tierra! ¡Qué bien dicen estas parábolas lo que es la vida! Semilla y tierra, abrazándose en la hondura; propio conocimiento y grandeza de Dios, mirándose de cerca; Dios y hombre, caminando juntos; y el Reino abriéndose paso en la historia. Aunque el mal mete mucho ruido, nuestro gozo está en sembrar semillas de Evangelio con realismo, con paciencia y con una confianza grande. Un misterio de amor lo penetra todo. Espíritu, tú nos regala lo esencial; ahí está la esperanza de un futuro mejor.

La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.

¡Jesús, sembrando en nosotros la semilla del amor!: eso es orar. ¡Nosotros, sembrando el proyecto de Dios en el ser humano!: esa es nuestra tarea misionera. Sin saber cómo, porque el Reino no tiene nuestra lógica, la presencia de Jesús va creciéndonos por dentro. No son nuestras fuerzas, sino la fuerza de Jesús la que va haciendo germinar secretamente la semilla en el corazón de las personas. El Espíritu es el protagonista silencioso de este crecimiento. A nosotros nos toca sembrar, que no es resignación, sino esperar con serenidad. Sembrar en la mejor manera de mostrar que somos amigos de la vida. Ven, Espíritu Santo. Acrecienta en nuestro corazón el amor a Jesús.

La tierra va produciendo la cosecha ella sola.

No sospechábamos que nuestra tierra tuviera dentro tanta belleza sembrada. Nuestra tendencia a juzgar deja paso al asombro. El silencio, habitado por una sementera fecunda, rompe a cantar. La tierra reseca se llena de flores; la esperanza, reprimida por la angustia, se levanta y camina. Surge la alegría. Todo lleva el sello de Dios, que está muy dentro de lo que vivimos, de lo que hablamos, de lo que pensamos, de lo que nos emociona, de lo que nos entristece. Lo que nos hace preciosos es el amor que Jesús siembra en nuestra tierra. Es hora de reflejar en la vida lo que estaba escondido, y fecundo, en el corazón. Jesús, todo lo tuyo es pura gratuidad. Nos brota el asombro.

¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? Con un grano de mostaza.

Dios, hecho a nuestra medida, regalándonos infinidad de guiños amorosos en el día a día.  El Reino de Dios hablando nuestro lenguaje, encarnado en nuestra carne. ¡Qué fuerza tiene Dios en lo pequeño! El arte de vivir está en abrirse a Dios, dejar que él sea y haga su obra en nosotros. El Reino es sembrar algo muy pequeño en el corazón, es buscar caminos nuevos con la humildad y confianza de Jesús. Hágase en mí, tu palabra, Señor. Hágase.

Es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas.

Cuando la casa está sosegada, en el más profundo centro, Dios es amigo de dar. Su presencia en los adentros hace que estalle la vida en nosotros. Y sobreabunda su amor, cuando menos lo merecemos, porque es cuando más lo necesitamos. Todo es gracia. El fruto desborda las expectativas de lo sembrado. Podemos contar y cantar la historia de otra manera, con la música de las bienaventuranzas. Jesús, tú entras y llenas nuestra casa de alegría. Gracias.

¡Feliz domingo! - CIPE – junio 2018  

Documentación: Domingo undécimo del tiempo ordinario. LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO: MARCOS 4,26-34