Tiempo de Cuaresma V

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 ¡Que no se me cierren los ojos!

¡Que tenga valor y no desfallezca!
¡Que no me canse de amar!
en los embates que aminoran mis fuerzas,
ni en el ser de aquellos que más difícil me lo ponen.  
 
¡Que no deje de servir!
a los que salen a mi encuentro,
a pesar del vacío y la tristeza
que queda cuando se aprovechan de todo lo regalado.  
 
¡Que no huya del dolor!
que en la vida esconde un sentido incomprendido,
ni me arrastre la indiferencia ante el mal
y la iniquidad de nuestro mundo.  
 
¡Que no se me cierren los ojos!
ante la inocencia y la bondad
que se oculta en la debilidad de la vida,
ni se me pase por alto el misterio de Luz
que mora en el corazón de toda persona.  
 
Sumergirme intensamente en todo
y abrazarlo en plenitud sin retener nada,
ni el beso que me endulza la noche,
ni las sonrisas que me alegran las horas amargas.  
Y si en este vivir me siento morir,
que esta muerte sea, entonces,
el paso a un nuevo nacimiento.
 
 Mar Galceran
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Me duele tu Luz
cuando desvela mis sombras
y me afronta a una verdad
demasiado amarga de aceptar.  
 
Me duele y a menudo siento temor,
y vergüenza, no de ti sino de mí,
de no ser capaz de abandonarme
a la debilidad que me configura
y de permanecer en la oscuridad
que la cubre y la engalana.  
 
Me duele tu Luz,
cuando deslumbra mis
comodidades y seguridades,
y me lanza a amar lo indeseable
y a abrazar la humillación y el desamor.  
 
Y a pesar de todo, amo este dolor
y lo deseo con toda el alma,
porque lo se transformador
como el fuego del fundidor
o el jabón de hacer colada.  
 
Sí. Deslúmbrame y hiéreme, Amor.
Y no permitas que el miedo
me aleje nunca de tu estancia.
 
Mar Galceran.