DOMINGO V de Cuaresma. Juan 12, 20-33

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ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

1. INVOCA AL ESPÍRITU

El Señor te habla en el aquí y ahora de tu vida. Como María, dispón tu corazón para escuchar su Palabra. Haz silencio. Ábrete la inspiración y animación del Espíritu. Canta: Veni, Sancte Spiritus.

 Motivación

“Mirad las palabras que dice aquella divina boca, que en la primera entenderéis el amor que os tiene” (Santa Teresa, Camino 26,10).

2. LECTURA: Qué dice el texto de Juan 12, 20-33

«En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir».

Contexto.  Tras la unción en Betania y la entrada triunfal en Jerusalén (aclamación con palmas –fiesta de las Tiendas-, como recuerdo de la liberación). Estamos en la última pascua de Jesús. Termina el libro de los signos.  

Los griegos. Extranjeros simpatizantes de los judíos (‘perros’). Buscan a Felipe –nombre griego- de Betsaida (lugar de pesca y cosmopolita por el paso de las caravanas). Le dicen: ‘Queremos ver a Jesús”. El templo ya no es lugar para adorar a Dios. El templo es Jesús. Felipe se lo dice a Andrés (la misión no es asunto individual). ¿Qué buscan realmente estos griegos? Son símbolo del corazón humano que busca a Jesús. ¿Qué es lo que encuentra quien va a ver a Jesús? No un Mesías glorioso sino crucificado. La vida de Jesús es un proceso de entrega.  

Ha llegado la hora. La vida de Jesús está orientada hacia esta hora. Aparecen ‘hora’ y ‘ahora’ varias veces (3). No es tiempo cronológico. Es el momento de sabiduría de la cruz en que Dios manifiesta su amor. La gloria de Jesús muestra la entrega del Padre. Los que lo buscan han de acercarse a este Jesús, cuya gloria se manifiesta a través del sufrimiento y de la muerte. La identidad más profunda de Jesús se revela en la cruz. “Me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20).

 Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. Esta declaración central del mensaje de Jesús es original de Juan. La historia de la semilla es la historia de Jesús, ‘grano de trigo deshecho, para dar a todos mucho fruto’ (San Atanasio). La misión de Jesús de dar vida solo se comunica aceptando la muerte. El apego a la propia vida y a la sabiduría humana es el verdadero obstáculo para conocer a Jesús. Amar es darse, perderse para encontrarse.   Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida (‘aborrecerse’, en expresión semítica) es conservarse para una Vida definitiva. La meta del ser humano es el amor. El amor tiene que superar el apego a lo más querido: la vida biológica. Entregarla no es malograrla, sino llevarla a plenitud. Entregarla día a día, sin miedo a que se termine. La muerte no es el fin de la vida, sino su plenitud. Esto lleva a la libertad total. Perdido el temor a la muerte, nada nos puede esclavizar.

El que quiera servirme que me siga… a quien me sirva, el Padre lo honrará. Diakonos es servir por amor; doulos es servir como esclavo. Jesús invita a seguirle en el camino que acaba de trazar. Cuando ‘gozar se ha convertido en el alfa y la omega, el principio y el fin de nuestra cultura’, hay que aprender la suprema lección de dar la vida día a día.  

Ahora mi alma está agitada (Getsemaní del evangelio de Juan). Para Jesús, esta hora no fue fácil. Su parte sensitiva protesta. Lo normal es huir. Jesús afronta la angustia confiándose al Padre. La palabra del Padre lo conforta: “Lo he glorificado y volveré a glorificarlo”. El camino de Jesús es aprobado por el Padre.

Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí. En Juan la cruz se identifica con glorificación. En la cruz el amor atrae, nos permite ver la gratuidad total, genera esperanza. La altura del amor es la altura de la cruz. Todos, llamados a la Vida donde solo había muerte. ‘Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor’. El objetivo del hombre es esa Vida con mayúscula, no eliminar la muerte biológica y alcanzar una inmortalidad física.

3. MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice el texto?

¿Cuál de las dos posturas escoges? Hay una primera postura posible. Se llama resignación, y consiste en contentarnos con lo que somos. Instalarnos en nuestra pequeña vida de cada día y aceptar nuestra finitud. Naturalmente, para ello hemos de acallar cualquier rumor de trascendencia. Cerrar los ojos a toda señal que nos invite a mirar hacia el infinito. Permanecer sordos a toda llamada proveniente del Misterio.   Hay otra actitud posible ante la encrucijada de la vida. La confianza absoluta. Aceptar en nuestra vida la presencia salvadora del Misterio. Abrirnos a ella desde lo más hondo de nuestro ser. Acoger a Dios como raíz y destino de nuestro ser. Creer en la salvación que se nos ofrece.     

4. ORACIÓN: ¿Qué le digo a Dios?

 “¡Oh vida, vida!, ¿cómo puedes sustentarte estando ausente de tu Vida?” (Santa Teresa, Exclamaciones I,1).
“¡Oh Señor y verdadero Dios mío! ¡Quien no os conoce, no os ama!” (Exclamaciones XIV,1).
“¡Oh Amor que me amas más de lo que yo me puedo amar ni entiendo!” (Exclamaciones XVII,1). 

5. CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizas la palabra? 

Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.  
No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.  
Que solo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.  
Y dice el pastorcito: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!  
Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido dellos,
el pecho del amor muy lastimado.

6.- ACCIÓN: ¿A qué me compromete este evangelio?

Pedro Tomás Navajas

CIPE

Documentación: F. 19 DOMINGO V DE CUARESMA Juan 12, 20-33