DOMINGO IV de Cuaresma. Juan 3,14-21

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ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

1. INVOCA AL ESPÍRITU

Espíritu divino ilumínanos. Haznos conscientes del amor de Dios revelado en Jesús crucificado y derramado en nuestros corazones.

 Motivación

“No se posee más que lo que se acoge, sólo se posee lo que se ama, sólo se posee aquello a lo que uno se entrega, sólo se posee lo que se da” (Emmanuel Mounier). 

2. LECTURA: Qué dice el texto de  Juan  3,14-21

«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

Contexto. El Evangelio recoge la parte final del diálogo de Jesús con Nicodemo, el Maestro de la Ley, que fue a ver a Jesús de noche. Jesús aborda el tema de la luz que disipa las tinieblas. La luz proviene de la persona de Jesús, de la Cruz, allí donde la locura de amor del Padre por su humanidad se hizo tangible en la entrega total del Hijo. La encarnación va hasta las últimas consecuencias. ‘¿Cómo puede ser eso?’ ‘Hay que nacer de nuevo’.

EL DON DE LA VIDA EN EL HIJO EXALTADO (3,15-18)  

La cruz levantada. La cruz es la manifestación suprema del amor y la lealtad de Dios. Va mucho más allá de la serpiente levantada. Es el momento de la exaltación definitiva de Jesús. En el hombre levantado se manifiesta la verdadera Vida. Una mirada desde fuera ve al crucificado como a un sometido, a un abandonado, a un fracasado. Una mirada contemplativa nos lleva a ver el lado luminoso. La cruz es el símbolo del amor ilimitado de Dios. ¡Tanto nos ama que nos lo da todo! 

Dios nos lo ha dicho todo en su HIJO. "Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que  es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en El, porque en El te lo tengo dicho todo y revelado, y hallarás en El aún más  de lo que pides y deseas" (San Juan de la Cruz, 2S 22,5).  

Imagen de Dios. Frente a las imágenes distorsionadas de Dios, el evangelio nos habla del Dios amigo de la vida abundante.

Tanto amó Dios al mundo (centro de este evangelio, núcleo esencial de la fe cristiana). Un amor gratuito, fundamento de nuestra esperanza. Dios es el que ama, el amado y el amor. Dios es amor y solo amor. En la medida que seamos capaces de amor conocemos a Dios. Solo vivimos si convivimos. Vivir esta experiencia en nuestra interioridad. ”Dios en mí y yo en Él. ¡Sí, esto es mi vida! (Santa Isabel de la Trinidad).

La palabra mundo muy  frecuentes en el Evangelio de Juan: ¡78 veces! Tiene diversos significados: tierra, universo creado, personas, humanidad… Pero también situación de injusticia, de opresión, que engendra odio y persecución contra las comunidades del Discípulo Amado. Aquí significa humanidad.

Dios ama al mundo. Tal como es. Inacabado e incierto. Lleno de conflictos y contradicciones. Capaz de lo mejor y de lo peor. Este mundo no camina solo. Dios lo envuelve con su amor.

Dio a su Hijo. Lo entregó no a la muerte sino a la vida para revelarnos su verdadero rostro y enseñarnos a vivir como hijos. Otra cosa es que el pecado del mundo haya dado muerte al Hijo de Dios y él haya querido ser fiel a su misión  hasta el final.

El pecado/no amor no tienen la última palabra. La última palabra es EL AMOR, LA VIDA.

DIOS PADRE RESUCITÓ A JESÚS y siguió ofreciendo el Reino a la Humanidad. El amor es más fuerte. La Vida vence a la muerte.

Ha enviado a su Hijo no para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por él. La salvación está destinada a todos. La Vida del Espíritu se ofrece a todos. Quien no obtenga esa Vida, será porque rechaza su oferta, negando su adhesión a Jesús. La imagen de Dios es la de un padre lleno de ternura: ama, da, envía para una salvación. El evangelista nos invita a contemplar el incomparable amor de Dios en el crucificado. El amor se hizo visible en un acto, tangible, concreto: Jesús, el Crucificado, no es un pensamiento o una teoría, una hipótesis o una fantasía, sino una realidad histórica. ¡Tan real es el amor de Dios!

LA RESPUESTA HUMANA: IR A LA LUZ O ENCERRARSE EN LAS TINIEBLAS (3,19-21).  

Libertad del ser humano para decir sí o no, ir a la luz o quedarse en las tinieblas. El que cree tiene vida eterna; no es juzgado. El que obra la verdad va a la luz. El que es fiel a lo más profundo de sí acepta a Jesús. El que no cree, perece; ya está juzgado. Él mismo se juzga. Prefiere las tinieblas a la luz. Las obras revelan si hemos aceptado la salvación de Dios.

La salvación ofrecida por Jesús: Es Vida. Viene de Dios. Es fruto del amor de Dios. No es una alternativa a la condenación. Exige la adhesión a Jesús. Se manifiesta en las obras.

El que obra la verdad se acerca a la luz. "Quien busca la verdad busca a Dios, sea de ello consciente, o no" (Edith Stein).

3. MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice el texto?

Tanto amó Dio al mundo que llegó a entregar a su propio hijo. Esta verdad ¿ha llegado a penetrar en lo más profundo de mí ser, de mi conciencia? La realidad más ecuménica que existe es la vida que Dios nos da y por la que entregó a su propio hijo. ¿Cómo vivo el ecumenismo en mi vida de cada día?  

4. ORACIÓN: ¿Qué le digo a Dios?

Señor, Jesús,
tu Espíritu de verdad nos ilumine
y nos oriente
hacia la verdad, la luz y el amor.
Que siempre estemos del lado de la vida
y no de la muerte,
de la luz y no de las tinieblas.
Que respondamos como hijos e hijas
a tu inmenso amor de Padre. Amén.  
 
“Mire que le mira, y le acompañe y hable y pida y se humille y regale con El” (Santa Teresa, Vida 13,22) 

5. CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizas la palabra? 

“Hace tal obra el amor
después que le conocí,
que, si hay bien o mal en mí,
todo lo hace de un sabor,
y al alma transforma en sí;
y así, en su llama sabrosa,
la cual en mí estoy sintiendo,
apriesa, sin quedar cosa,
todo me voy consumiendo”
(San Juan de la Cruz)  
 
“En la muerte de Cristo murió la muerte;
porque la Vida muerta mató la muerte,
la plenitud de la Vida devoró la muerte;
la muerte fue absorbida en el cuerpo de Cristo”
(San Agustín).

6.- ACCIÓN: ¿A qué me compromete este evangelio?

  • Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino tenga vida eterna”.
  • Personaliza el amor de Dios en tu vida, como hizo san Pablo: "Ahora vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20).  
  • Nada nos impide a cada uno introducir un poco de amor en el mundo. Es lo que hizo Jesús.

Pedro Tomás Navajas

CIPE

Documentación: F. 18 DOMINGO IV DE CUARESMA Juan 3,14-21