DOMINGO I de Cuaresma. Marcos 1, 12-15

FOTO

ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

1. INVOCA AL ESPÍRITU

“Santo Santa María, tú que siempre te dejaste guiar por el Espíritu, “muéstranos a Jesús”.

 Motivación

“Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría” (Papa Francisco, cuaresma). Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación. También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte. Señales evidentes de falta de amor:la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse, la mentalidad mundana que se fija en lo superficial, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero".

2. LECTURA: Qué dice el texto de Marcos 1, 12-15  

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían. Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
 

 DESIERTO

El Espíritu empujó a Jesús al desierto. El Espíritu, fuerza interior de Jesús (¡qué vínculo hay entre ellos!), lo empuja al lugar de la prueba, para verificar la identidad que ha recibido del Padre en el bautismo. Evoca el paso por el desierto del pueblo de Israel y su fracaso:impaciencia por el futuro, deseo de volver atrás, rebelión contra Moisés... El desierto es un tiempo de lucha contra el mal, de opción por lo que Dios nos ofrece.
Allí se quedó cuarenta días. ¿Qué hace Jesús en el desierto? Mirarse y quererse como Dios lo veía y quiso, como su hijo predilecto. Con ese amor vence la tentación. Jesús, con la fuerza de la Palabra, va a iniciar el nuevo éxodo para instaurar la nueva creación que Dios quiere.
Siendo tentado por Satanás. Satanás es el que lucha contra Jesús, se opone a su camino; pretende cambiar su obediencia al proyecto de Dios: abandonar su compromiso para convertirse en un líder político que aspire a la conquista del poder. La tentación acompañó a Jesús durante su vida: “Jesús fue tentado como nosotros, menos en el pecado” (Hebreos 2,15). Probó la tentación, pero sobre todo experimentó la fidelidad de Dios. Al preferir a Dios, venció la prueba.
Vivía con las fieras. Jesús es el nuevo Adán, que va a convertir el desierto en jardín. Con su fidelidad restablece una armonía que el pecado había roto, instaurándose la ley del más fuerte. En Jesús se restablece la armonía: “Serán vecinos el lobo y el cordero” (Is 11,18). El desierto vuelve a ser jardín: lugar de encuentro y de comunión, tiempo del diálogo con Dios.
Los ángeles lo servían. Diaconía es el nuevo modo de vida de la comunidad. Diácono es el discípulo. También los ángeles sirven.  

GALILEA

Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Jesús sale vencedor del desierto para predicar a Dios y su cercanía. Y va a Galilea, región del norte, en contacto con los paganos. Galilea es el lugar donde comenzó la predicación del reino, a donde siempre hay que volver.  

CONVERTÍOS

Se ha cumplido el tiempo. Quien ha vencido, conoce la proximidad de Dios y se aproxima a donde están los hombres para proclamar su vivencia. Viene un momento de gracia. El enviado para cumplir las promesas de Dios ya ha llegado, “llegó". No hay tiempo que perder.

Está cerca el reino de Dios. El Hijo está cerca de nosotros. Dios tiene un plan de salvación para nosotros, si le concedemos tiempo y voluntad. Pecado contra el Espíritu: tener, en medio, la novedad y no apreciarla. Convertíos. El verbo griego que se traduce por “convertirse” significa en realidad “ponerse a pensar”, “revisar el enfoque de nuestra vida”. La primera conversión es una inversión de la mentalidad que nos lleve a abandonar la imagen de Dios omnipotente y temible, para descubrir, en cambio, con inmenso asombro, a un Dios desarmado y lleno de ternura. Frente a lo que decían los griegos: “Ni los mismos dioses pueden cambiar el pasado”, está la buena nueva: “Aquí abajo vamos siempre de comienzo en comienzo hasta el comienzo sin fin” (Gregorio de Nisa). Quien sabe que Dios se acerca, ¿cómo no convertirse a él?

Creed en el Evangelio. Al ateísmo de vivir de manera autónoma, responde el deseo de vivir con Dios, enlazados con él por el amor. Esta es la novedad de vida, la opción por el Evangelio. Juan predicaba un bautismo de conversión para la remisión de los pecados. Jesús pide la conversión para creer al evangelio.

3. MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice el texto?

 ¿Qué me dice Dios a través del texto? ¿A qué me mueve? ¿Encuentro algún aspecto que parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones? 

“…el Espíritu lo empujó al desierto”. ¿A dónde te lleva hoy el Espíritu? ¿Qué implica para ti el desierto”? ¿Qué tipos de “desierto” experimentas en tu vida hoy?

“…siendo tentado por Satanás” Como Jesús tú también eres tentado, ¿cuáles son tus tentaciones hoy? ¿Qué te aparta del seguimiento de Jesús?

4. ORACIÓN: ¿Qué le digo a Dios?

 Oh Dios, crea en mí un corazón limpio, renuévame por dentro con espíritu firme.

Señor Jesús, nos resulta muy difícil escuchar tu voz, delicada pero exigente, en medio de la algarabía de nuestra agitada existencia.

Confundidos por continuas presuntas novedades, nos cuesta reconocer que eres tú la novedad, la perenne y definitiva presencia de Dios en medio de nosotros.

Concédenos un corazón que esté a la escucha, capaz de percibir los latidos de tu amor, dócil a la hora de hacer suya la certeza de que tu presencia confiere al tiempo un toque de novedad absoluta y de perenne estabilidad.

Para ese corazón, debemos convertirnos: dejarnos transformar cada día de la historia que vivimos, iluminada por tu Palabra y santificada por la gracia de los sacramentos. Amén.  

5. CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizas la palabra? 

Mirarnos con la alegría del Evangelio recorriéndonos por dentro.

6.- ACCIÓN: ¿A qué me compromete este evangelio?

La predicación asegura, ratificándola, nuestra conversión: hasta que no nos convirtamos en discípulos de Jesús sin complejos de inferioridad, orgullosos de nuestro Dios, seguros de nuestra conversión y de nuestra paz, hasta que no lo digamos al mundo, no habremos superado aún la tentación, viviremos aún en el desierto, entre alimañas… sin ser, ya, los hijos de Dios que él quiere hacer de nosotros. 

Pedro Tomás Navajas
CIPE

Documentación: F. 15 DOMINGO I DE CUARESMA Marcos 1, 12-15