DOMINGO VI del T.O. Marcos 1, 40-45

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ESCUELA DE ORACIÓN - LECTIO DIVINA

1. INVOCA AL ESPÍRITU

“Que el Espíritu Santo descienda sobre vosotros y podáis todos decir lo más pronto posible que el Espíritu Santo es vuestro amigo, vuestra luz, que él es vuestro maestro. Es lo que deseo a todos, es lo que pido, y seguiré pidiendo aquí en la tierra, y ciertamente durante toda la eternidad” (Beato María Eugenio)

 Motivación

“La Palabra de Jesús solo puede ser correctamente comprendida si nosotros, también, entramos en su silencio, si aprendemos a escucharla desde su silencio” (Cardenal Robert Sarh).

2. LECTURA: Qué dice el texto de Marcos 1, 40-45  

En aquel tiempo,  En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Se acercó a Jesús un leproso.

Muertos en vida, peor que tener espíritus inmundos. Vivían en lugares desérticos, apartados de la gente, del templo y de Dios. Se acerca a Jesús. El Reino se acerca a él. Lepra era toda enfermedad de la piel (Hansen 1872). “Andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: ¡Impuro, impuro!”  

Suplicándole de rodillas. Este gesto índica humildad, valentía por trasgredir la norma, temor de ser rechazado, adoración. (“La chica que no sabía arrodillarse”).

‘Si quieres, puedes limpiarme’. Indica confianza en el poder de Jesús. Le pide que lo limpie (purificar, liberar) para integrarse en la comunidad y en la comunicación con Dios.  

Reacción de Jesús. Dios no es así: ¿cómo se puede separar a alguien de Dios en nombre de Dios? Jesús revela un nuevo rostro de Dios. Lo hace poniéndose al servicio del hombre. Lo único absoluto es el bien del ser humano. Pone el bien de la persona en el centro. Hay en Jesús ternura e indignación. Jesús trasgrede la ley: estaba prohibido tocar a un leproso. Para Jesús nadie es marginado, todo ser humano es digno de la cercanía y de la bondad de los demás y de Dios. Y no quiere hacerlo a distancia, fríamente. No es ésta la manera que tiene Dios de acoger a la persona.

Compadecido. La compasión es la forma que tiene Jesús de mirar de cerca, una mirada que le nace de dentro. Jesús, que tiene una amistad conmovedora con los rechazados, se emociona, se estremece ante el sufrimiento. Cuando uno siente como suyo el sufrimiento de otro, cuando lo ve de cerca, es cuando de verdad se ha hecho prójimo. Esta es una de las actitudes más genuinamente humanas. “Porque soy humano, nada humano nos es ajeno”.

Extendió la mano y lo tocó. El verbo tocar significa atar, enlazar, sujetar. Quiere decir que no solo le tocó un instante sino que se mantuvo así mucho tiempo. Para transmitir calor y consuelo. Para Jesús el leproso no es un apestado, un excluido. Jesús, al ser una enfermedad contagiosa, asume riesgo. Toca la vergüenza. Comienza el misterio de la cruz. Jesús, sobre la cruz, ocupa el puesto de todos los marginados y rechazados que están en la humillación. Jesús toca lo intocable y al intocable. Cuando Jesús lo toca levanta la barrera de la exclusión.

Quiero, queda limpio. Tres señales: lo ve con misericordia (ojos), toca al leproso –manos- extiende la mano y toca (yo no te aíslo, yo no te repudio, yo te acerco a mí, Dios no te aísla), y le dice: “Quiero, queda sano” (palabra liberadora). La buena nueva de Jesús realiza cambios profundos. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.

Vete a presentarte al sacerdote y no se lo digas a nadie.

Jesús se ha saltado la ley pero exige que el leproso la cumpla. Jesús no está contra la ley sino contra las injusticias que se cometen en nombre de la ley. Hay en Jesús acogida, deseo de integración. El curado no hace caso a Jesús. Comienza a predicar y a divulgar la palabra. La persona curada es incapaz de callar: pregona bien alto y divulga el hecho. Se convierte en discípulo. Jesús no quería confusiones sobre su identidad y sobre la misión que él estaba llamado a llevar a cabo (secreto mesiánico).

Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo.

Lo que ha hecho Jesús tiene consecuencias. Ahora él es el marginado, anticipo de la cruz en la que será crucificado fuera de la ciudad. Los bien pensantes lo rechazan: “Este come con pecadores, toca a los impuros”. No es de fiar. Pero Marcos muestra que al pueblo poco le importaban esas normas oficiales, pues de todas partes llegaban a donde él estaba. ¡Subversión total! (Danza hebrea). 

3. MEDITACIÓN: ¿Qué nos dice el texto?

Una lectura simbólica: el leproso no tiene nombre. ¿Te ves en él? ¿Lees metiéndote en el relato? ¿Dejas que Jesús te mire (“mira que te mira”), te toque (extienda su mano sobre ti), te hable? ¿Qué haces cuando Jesús tiene compasión de ti?

Es fácil escandalizarse de lo que hacían con los leprosos, pero ¿qué hacemos ahora? ¿Percibes a tu ego como cómodo, cobarde, con motivos para no juntarse con ciertas personas? ¿A quiénes excluyes? ¿Cuál es tu lepra? ¿Tienes necesidad de que Jesús te limpie, te libere? ¿Es para ti más importante el cumplimiento de la ley que el acercamiento al marginado? ¿Reconoces el espíritu de Jesús en los que están cerca de los marginados?

4. ORACIÓN: ¿Qué le digo a Dios?

Para ti, Señor, tengo nombre. Nunca estoy perdido/a para ti. A veces he pensado que lo primero que tú miras en mí es mi pecado, mi error, mi impureza, pero sé que no es así. Lo primero que miras es mi vida, porque me amas. Me miras con compasión y cariño, a mí y a todos, porque en tu corazón no hay marginados. Para ti, todos somos valiosos. Desde la situación que me encuentro, te digo con el leproso: “Si quieres, puedes limpiarme”. Te lo digo muchas veces: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y así me quedo esperando tu cercanía, que toques mis heridas y me hables: “Quiero, queda limpio/a”.  

5. CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizas la palabra? 

Interioriza en tu vida los gestos y las palabras de Jesús.

Acércate a Jesús con tu lepra. Dile que con humildad que te limpie.

Descubre en atención amorosa que Jesús te ve (“mira que te mira”), te toca (extiende su mano sobre ti), te habla: “Quiero, queda limpio/a”.

6.- ACCIÓN: ¿A qué me compromete este evangelio?

 El nuevo nombre del amor tendría que ser compasión. Todos los que encontramos en nuestro caminar esperan que sepamos hacer nuestras sus pasiones. Un mundo donde fuésemos todos capaces de compadecernos, sería el “Reino de Dios”. Salgamos al encuentro de esa multitud de hermanos y hermanas que se sienten alejados, personas de segunda o de tercera categoría.

“Paréceme tengo mucha más piedad de los pobres que solía. Entiendo yo una lástima grande y deseo de remediarlos, que, si mirase a mi voluntad, les daría lo que traigo vestido. Ningún asco tengo de ellos, aunque los trate y llegue a las manos. Y esto veo es ahora don dado de Dios. Bien conocida mejoría siento en esto” (Santa Teresa de Jesús).

Pedro Tomás Navajas
CIPE

Documentación: F. 14 DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO Marcos Marcos 1, 40-45