Testimonio de Belén Traval

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Ha fallecido en Valencia nuestra querida Belén Traval, esposa de Ángel Aznar, madre de Alberto, Carmen, Pablo, María y David.  

No puedo hacer en estos momentos un elogio sereno de esta mujer excepcional, ni de su esposo, que tanto amor han sembrado a su alrededor y tanto bien han hecho a niños en acogida y a personas de toda condición y edad.  

Desde que los conocí, los llevo en mi corazón y los considero miembros de mi familia. Doy infinitas gracias a Dios por todo el bien que he recibido de ellos.  

En el año de la misericordia (2016) les pedí una charla sobre "la misericordia  en la familia". Pensaba que hablarían de cómo han ejercitado la misericordia a lo largo de los años, como familia de acogida y de adopción. Pero escribieron sobre cómo Dios les había tratado con misericordia.

Les envío algunos párrafos:  

«...Hablando de misericordia, cuando miramos la formación de nuestra familia, nos podríamos preguntar si fuimos misericordiosos al decidir optar por la adopción de niños que necesitaban una familia. En aquel momento lo que buscábamos era ser padres.   

Analizando nuestras decisiones de entonces y viendo todo el camino recorrido, a la conclusión que hemos llegado es que no fuimos nosotros los misericordiosos sino que ha sido Dios el que siempre durante todos estos años ha sido misericordioso con nosotros. Nos ha regalado 5 hijos que son 5 bendiciones, ha cuidado con esmero de todos nosotros, de su salud, de sus problema.  

Hemos atravesado momentos muy difíciles, pero Él siempre ha estado a nuestro lado, acompañándonos, sosteniéndonos, animándonos,  en definitiva, amándonos...  

¿Fuimos misericordiosos nosotros al hacernos familia de acogida? Seguimos pensando que el misericordioso fue el Señor, que trajo hasta nuestra casa a cada uno de nuestros niños acogidos. Niños que evidentemente, algo se han llevado de nosotros pero nos han dado el ciento por uno.   

Cada uno de ellos nos ha devuelto con creces lo “invertido”. Al final, los misericordiosos fueron ellos, que llenaron nuestra casa y nuestras vidas de su amor. Damos gracias a Dios por todos ellos...  

Para poder mirar a los demás con misericordia es imprescindible haberla recibido de Dios. Para ello es necesario ponerse delante de Dios y reconocerse amado por Él. Reconocer su misericordia en nuestras vidas, en cosas concretas, en nuestro entorno...»  

Pidamos al Dios de misericordia que la acoja en su reino y que dé consuelo y fortaleza a su esposo e hijos, y a todos los que hoy lloramos su fallecimiento.  

Comunicado del P. Edurado Sanz de Miguel