ESPERA A JESUS CON MARIA y JOSÉ

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TÚ, JESÚS, SIEMPRE ESTÁS CON NOSOTROS.

Abre la puerta de tu vida al Dios que siempre está viniendo para dar la vida a toda la humanidad.  

¡Me alegro tanto de que María y José te abrieran su corazón!
¡Me alegro tanto de que muchos hombres y mujeres te acojan con alegría en medio de sus vidas!
Yo también quiero acogerte.
Ven Espíritu Santo.
Despierta en mí la fe para acoger a Jesús que viene.
Envíanos personas limpias, que sean reflejo de tu amor.  

Deja que te brote el asombro al ver cómo Dios visita con su amor a María y a José y, en ellos, a todos los pobres de la tierra.  

Te alabo Dios mío por tu saludo de gracia.
Me alegro de que para ti nada haya imposible.
Me gozo con tu voluntad de embellecer a la humanidad.
Te bendigo por María, madre de la fe
Te bendigo por José, el hombre del silencio
y testigos de esperanza para los pobres.  

Mira a María y a José. Diles que te enseñen a escuchar con fe los planes de Dios. Diles que te quiten los miedos y te enseñen a adorar a Jesús.  

“Piensa en lo que pasaría en el alma de la Virgen, cuando, después de la Encarnación poseía en su seno al Verbo Encarnado, al Don de Dios…
en qué silencio, en qué recogimiento, en qué adoración se abismaría en lo más hondo de su corazón para estrechar amorosamente a aquel Dios, de quien ella era Madre” (Beata Isabel de la Trinidad).  

No cruces de prisa la vida de las personas; acércate a ellas con respeto. Cada vida es un prodigio de Dios, un milagro de la gracia de Dios. La vida de Isabel fue para María señal de Dios.  

Préstame, María, tus ojos para mirar a Jesús.
Préstame, María, tus ojos para ver a las persona.
Préstame, José, tus ojos para ver en la noche de la fe.