Octava de Navidad

FOTO

EVANGELIO ORADO

Domingo, 31 de diciembre. LA SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ  

  • El último día del año, Señor, tu Palabra nos invita a orar mirando y escuchando a tu Familia de Nazaret.
  • El evangelio de Lucas nos narra con gran naturalidad y realismo los primeros años de tu vida entre nosotros.
  • Jesús, tu primera palabra y tu primera acción están referidas al Padre. La afirmación de tu filiación divina sobrepasa la inteligencia de María y de José.
  • Abiertos a la Palabra de Dios; poco a poco irán recorriendo el camino de la fe y asimilando el significado de tu misión salvadora. Tú, en cambio, bajas a Nazaret y te pones bajo su obediencia.  

Evangelio según san Lucas 2, 22.39-40  

«Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor… Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él».      

Decir “Navidad” es decir “familia”, de Jesús, María y José. Abiertos totalmente a Dios y a los demás. Nos muestran que no son los grandes de la tierra los que construyen el futuro. Los más humildes pueden contribuir a que le nazca a la humanidad un futuro de paz y de confianza.  

«Qué importante es para nuestras familias caminar juntos para alcanzar una misma meta. En esta peregrinación de la vida compartimos también el tiempo de oración. ¿Qué puede ser más bello para un padre y una madre que bendecir a sus hijos al comienzo de la jornada y cuando concluye? Hacer en su frente la señal de la cruz como el día del Bautismo. ¿No es esta la oración más sencilla de los padres para con sus hijos? Bendecirlos, es decir, encomendarlos al Señor» (Papa Francisco).      

«¡Oh Señor mío!, qué bueno sois. Bendito seáis para siempre… Señor mío, dais como quien sois. ¡Oh largueza infinita, cuán magnificas son vuestras obras!... En veros cabe mí, he visto todos los bienes» (Santa Teresa de Jesús,Vida 18, 3; 22, 6).      

Gracias por la familia, Señor. Gracias por hacerme hijo tuyo y enseñarme a amar. Hazme capaz de acoger con ternura a cada persona con la que me encuentre hoy. Sé que también es hija tuya y por tanto, hermana mía.

Lunes, 1 de enero SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS  

  • Comenzamos el año nuevo felicitándonos, deseándonos toda clase de bendiciones y de bienes. Dios nos felicita el año con María, su Madre y Madre nuestra.
  • Dios bendice plenamente en María a toda la humanidad, derrama su gracia, su ternura, su compasión sobre todos nosotros.
  • En María, la Iglesia bendice a Dios, agradece y alaba a Dios, que ha visitado y habitado nuestra tierra. 
  • Celebrar la maternidad de María como Madre de Dios y madre nuestra, al comenzar un nuevo año, significa recordar una certeza que acompañará todos nuestros días: ¡Tenemos Madre!, no somos huérfanos.  
  • María nos cobija en medio de las dificultades, se acerca a nosotros para sembrar esperanza en el corazón, nos acompaña en el camino de la cruz.  

«Con María, el Niño-Dios aprendió a escuchar los anhelos, las angustias, los gozos y las esperanzas del Pueblo de la promesa. Con ella se descubrió a sí mismo Hijo del santo Pueblo fiel de Dios» (Papa Francisco).

Evangelio según san Lucas 2, 16-19.  

«Los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho».          

La Palabra se nos hace ternura, entraña, intimidad en la cueva de Belén. Los pastores miran admirados. Se les ha despertado la esperanza y la alegría de saberse amados. Ven mucho los pastores, ven a Dios hecho niño. Y lo adoran llenos de gozo.  

Llegan los humildes a Belén y en aquella pobreza ven a Dios hecho niño. Llegan los pobres de la tierra y al ver a Jesús, tan pobre como ellos, les sale por los ojos el asombro y bailan llenos de gozo.  

Y María guarda todo esto en el corazón, porque todo esto que les pasa a los pastores son las cosas de Dios. Y con María, la Iglesia guarda en su corazón la memoria de Jesús, su acción salvadora.      

«Madre del Verbo, dime tu misterio. Desde el instante de la Encarnación, dime cómo pasaste por la tierra sumergida en constante adoración. Envuelta en una paz indescriptible, misterioso silencio en derredor, en el Ser insondable penetraste, mientras llevaste en ti “el don de Dios”. En tu divino abrazo, ay, siempre viva yo y que lleve la impronta de este Dios todo Amor: “Amo Christum”. “Sint unum”». (Santa Isabel de la Trinidad, Poesía: «In principio erat Verbum»).      

Santa Madre de Dios, me ofreces el fruto bendito de tus entrañas: Jesús, hecho niño. Santa Madre de Dios eres una bendición de Dios para la humanidad. Santa Madre de Dios, en ti, Dios me bendice con su Hijo que trae la PAZ.  

«El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Números 6, 24-26).

Martes, 2 de enero  

  • Acoge el día que Dios te regala haciéndote consciente de su presencia en ti, aquí y ahora. Silencia tu mente para recibir la Palabra de luz y verdad que hoy llega a tu vida.
    «En la mañana hazme escuchar tu gracia, ya que confío en ti.
    Indícame el camino que he de seguir, pues levanto mi alma a ti» (Salmo 142, 8).    
  • Acoge la Palabra en tu corazón y descubre tu vocación cristiana a la luz del testimonio de Juan Bautista. Recibe la Palabra, abre el corazón a la fe, esperanza, amor.  

Evangelio según san Juan 1, 23.26.  

«Este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: “¿Tú quién eres?… ¿qué dices de ti mismo?”… Él contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto… Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis”».        

En el Evangelio de hoy vienen a preguntarle a Juan y le tientan. Por su amor a la verdad, tiene tanta fuerza su anuncio. «Hay que tener una heroica humildad para ser uno mismo y no otro», nos dice Thomas Merton.  

La Palabra se hace voz en Juan, una voz a la que hay que escuchar, porque señala la vida y da testimonio de Jesús. Con él entramos en la experiencia de amor que nos regala. Acércate a Jesús, él es el único que posee y comunica el Espíritu.      

Busca con sinceridad lo que fundamenta tu vida, afiánzate en la Palabra de Dios, porque ninguna alternativa de vida se sostiene por sí misma.  

Nos dice el Papa Francisco de Juan Bautista: «Tres vocaciones en un hombre: preparar el corazón del Pueblo para el encuentro con el Señor, discernir entre tanta gente buena quién era el Señor y señalar al Señor: “Antes que yo, va este”, y dejar crecer al Señor y disminuir él mismo».      

«Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir: es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero. Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita. Muy muy muchas veces lo he visto por experiencia. Hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos» (Santa Teresa de Jesús,Vida 22, 6).    

Me acerco a ti, Jesús, quiero apoyar mi vida en tu Palabra y caminar en verdad, como hizo Juan Bautista. Espero tu Palabra en silencio, quiero acogerla en mi corazón y encarnarla en la vida de cada día.

Miércoles, 3 de enero  

Comienza el día invocando al Espíritu: «Ven, Espíritu de Dios, sobre mí. Me abro a tu presencia. Cambia mi corazón. Toca mi debilidad. Toma todo lo que soy. Pongo mi vida en tus manos».   El Evangelio de hoy nos presenta a Juan que, movido por el Espíritu, reconoce la voz del Señor. Es el profeta que sabe que tiene que dejar paso al que viene detrás, porque él es solo una voz.   Acoge el testimonio de Juan, el profeta de la verdad, el testigo de mirada transparente y contemplativa.

Evangelio según san Juan 1, 32.33.  

«Juan dio testimonio diciendo: “He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”».      

El deseo grande del Padre y de Jesús es darnos el Espíritu Santo. El deseo grande del Espíritu es bajar y posarse y habitar en el corazón de todo ser humano. La Palabra se hace Presencia que transforma toda nuestra existencia.  

Cuando donde no hay amor ponemos amor, y donde hay guerra construimos paz, y donde hay tristeza perfumamos el ambiente con una sonrisa, entonces también nosotros somos señal del Espíritu y nos parecemos a Jesús.      

«Ser hijo de Dios significa: caminar siempre de la mano de Dios, hacer su voluntad y no la propia, poner todas nuestras esperanzas y preocupaciones en las manos de Dios y confiarle también nuestro futuro. Sobre estas bases descansan la libertad y la alegría de los hijos de Dios» (Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, Los caminos del silencio interior).      

 ¡Ven, Espíritu divino, dador de Vida y Verdad! Hazme testigo de Cristo, ensancha mi tienda para que pueda acoger en ella a mis hermanos.    

Jueves, 4 de enero  

Hazte consciente de la Presencia de Dios aquí y ahora. Te mira, te ama, te rodea de luz. Traza sobre ti la señal de la Trinidad: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.   «Señor, escucha mi oración. tú, que eres fiel, atiende a mi súplica. Tu espíritu, que es bueno, me guíe por tierra llana». (Salmo 142, 10).   El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús recorriendo los caminos en busca de amigos seguidores que quieran compartir con él su vida y su misión. ¿Te atreves a mirar a Jesús y a dejarte seducir por su persona y su mensaje?       

Evangelio según san Juan 1, 37-39.  

«Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: “¿Qué buscáis?”. Ellos le contestaron: “Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?”. Él les dijo: “Venid y lo veréis”. Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día».      

La Palabra se hace pregunta para todos los seguidores de Jesús: «Y tú ¿qué buscas? ¿Qué llevas en tu intimidad? ¿Qué sed recorre tus venas? ¿Quién te habita por dentro?». Jesús te invita a encontrarte con él, a mirarle a él, a quedarte con él.  

«Jesús llama a los primeros discípulos a seguirlo. Significa poner a Jesús en el centro de nuestra vida: La vida cristiana es sencilla, es muy simple, pero tenemos necesidad de la gracia del Espíritu Santo para que despierte en nosotros este deseo de conocer a Jesús, de adorar a Jesús y de seguir a Jesús» (Papa Francisco).          

«Alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarme has en ti. De tal suerte pudo amor, alma, en mí te retratar, que ningún sabio pintor supiera con tal primor tal imagen estampar.   Fuiste por amor criada hermosa, bella, y así en mis entrañas pintada, si te perdieres, mi amada, Alma, buscarte has en Mí.   Y si acaso no supieres dónde me hallarás a Mí, no andes de aquí para allí, sino, si hallarme quisieres, a Mí buscarme has en ti. (Santa Teresa, Poesía 8)      

Mi historia tiene sentido cuando te encuentro, Jesús. Quiero escuchar tu voz y quedarme contigo.

Viernes, 5 de enero  

  • Comienza el día agradeciendo a Dios la vida, la familia, los amigos, la fe recibida en el bautismo. «¿Qué tienes que no hayas recibido?» (1Co 4, 7).  
  • Desde el inicio del año, Jesús nos invita a caminar y a ver. Abre su intimidad y quiere vivir con nosotros.
  • Todo encuentro con Jesús revitaliza la fe y fortalece la opción de ser presencia evangélica, en un mundo que se nos vuelve cada vez menos familiar.

Evangelio según san Juan 1, 43-46  

«Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: “Sígueme”. Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: “Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret”. Le respondió Natanael: “¿De Nazaret puede salir cosa buena?”. Le dice Felipe: “Ven y lo verás”».          

El Evangelio de hoy te ofrece encuentros determinantes que producen cambios significativos en la vida de las personas.  

Jesús invita a Felipe a seguirle y la reacción de Felipe es de entusiasmo. Habla de Jesús a su amigo Natanael, que anda por los caminos del escepticismo, desconfiando de todo aquello que provenga de la tierra de Nazaret. Entonces Felipe le dice: «Ven a verlo». Natanael queda fascinado por Jesús.  

¿Cómo invitar a los alejados a ver la bondad y las ganas de dar vida que tiene Dios? Tu pequeña luz, junto a otras pequeñas luces, puede ser el faro que ayude a encontrar el camino a una humanidad a oscuras.  

«Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos “discípulos” y “misioneros”, sino que somos siempre “discípulos misioneros”. Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: “¡Hemos encontrado al Mesías!”» (Papa Francisco).      

«Juntaos cabe este buen Maestro, muy determinadas a deprender lo que os enseña, y Su Majestad hará que no dejéis de salir buenas discípulas, ni os dejará si no le dejáis. Mirad las palabras que dice aquella boca divina, que en la primera entenderéis luego el amor que os tiene, que no es pequeño bien y regalo del discípulo ver que su maestro le ama» (Santa Teresa de Jesús, Camino 26, 10).      

Lo sé, Señor; mi vida puede oscurecer tu rostro o puede ser una epifanía. ¡Alumbra mi oscuridad! ¡Que todo mi ser refleje tu luz, Señor!

Sábado, 6 de enero LA EPIFANÍA DEL SEÑOR  

  • Abre tu corazón a la luz y al amor de Dios. Adora en silencio al Niño de Belén.  
  • Déjate sorprender por quienes buscan a Dios en las señales sencillas de la vida, por los que sueñan caminos nuevos para nuestro mundo.
  • Hombres y mujeres de ojos limpios descubren los signos (la estrella) y se ponen en camino. Llenos de ternura ofrecen su ayuda samaritana.  

«La verdadera sabiduría se esconde en el rostro de este Niño. Y es aquí, en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las personas y guía a los pueblos por el camino de la paz» (Papa Francisco).       La Palabra se hace Luz para encender el amor en los corazones y para alumbrar los caminos de los pueblos. Déjate iluminar por ella.  

Evangelio según san Mateo 2, 1-2.9-11  

«Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”... Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra».      

  • Acércate hoy a los magos de Oriente. Vienen de lejos, siguen una estrella, entran en una cueva, se postran para adorar al niño que tienen delante y abren sus cofres para ofrecerle regalos.
  • En sus corazones se les mete la alegría de un niño Dios que nos visita por amor, el sueño maravilloso de un Dios que se coloca en lo más bajo y junto a los que viven más abajo.
  • Y los Magos se marchan por otro camino y ya no sabemos más de ellos. Ya no les guía la estrella, sino el gozo que ese niño les ha regalado. Son pura epifanía, manifestación transparente de Jesús niño, que se ha quedado prendido en sus ojos.  
  • Noche oscura hay en toda búsqueda; también en el camino de los Magos, y en nuestro propio camino. Son las dificultades de todo tipo, los Herodes de turno, las que nos pueden llevar a mirar hacia atrás.
  • Los Magos siguieron adelante. Es bueno no interrumpir el camino hasta dar con lo que buscamos. El que pasa la noche en fidelidad se llena de mucha alegría.        

«El Niño del pesebre extiende sus bracitos y su sonrisa parece predecir lo que más tarde pronunciarán los labios del hombre: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré”. A aquellos que escucharon su llamada, a los pobres pastores, a quienes el resplandecer del cielo y la voz de los ángeles les anunciaron la buena noticia en los campos de Belén y que, poniéndose en camino, respondieron a esa llamada diciendo: “Vamos a Belén”; también a los reyes que desde el lejano Oriente habían seguido con fe sencilla la maravillosa estrella, a todos ellos les fue derramado el rocío de la gracia que emanaba de las manos del pequeño Niño y fueron “colmados de un gran gozo”» (Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, Los caminos del silencio interior).      

       Cada día me mandas al alma tu sonrisa. Con tambores y danzas cantaré.
Para ti tocaré, Dios mío. Con mis hermanos y hermanas te alabaré.
 

Escucha este Evangelio acompañado de una canción descargándote la Aplicación: Evangelio orado