Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios

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Tu dicha nos inunda y nos lleva a elegir un estilo de vida verdadero, transparente, sencillo. La limpieza de corazón nos hace ver tu rostro, nos enseña a amar. 

Yo no he visto a Dios cara a cara, ¿o sí? En realidad lo que poseo es la certeza de que Él me ve a mí, que mi vida está ante su mirada, aunque yo no lo perciba conscientemente… Esta es la verdad más importante de mi vida: su mirada en mí… la que me salva y me sostiene, la que detrás y delante arropa y siembra en mí confianza, la que me recoge y me levanta, la que me enamora, los ‘ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados’ (Juan de la Cruz). Ahí ha estado desde antes de nacer, desde el seno de mi madre, desde lo oscuro de mis pozos y desde lo alto de mis descubrimientos… viéndome, su rostro ante mi rostro, y después de toda muerte.  

Y el reflejo más fiel está en los ojos de personas que transparentan pureza y verdad, limpieza e inocencia, personas mayores o pequeñas… que van dejando en mí la huella de lo que en mis entrañas hay de Dios. Estos días en Tierra Santa, peregrinando en las huellas de Jesús, me encontré con miradas y corazones inocentes en los que descubrí de nuevo la verdad de esta bienaventuranza de los limpios de corazón…  

Un vuelo de avión hacia Tel Aviv, una mamá latinoamericana con su niño discapacitado que acariciaba nuestras cabezas y se pasó la noche entera jugando con nosotros, incluso dormidos, mientras su madre también dormía… se acercaba y pegaba su cabeza a la nuestra… Al recordar a Eliyah, no puedo dejar de sentir que es el protagonista de esta bienaventuranza y que los ojos de Dios están en sus ojos y que en su mirada se transparenta el mirar de Dios y Dios mismo. En el hospital de niños de Ain Karem, con diferentes discapacidades… mi amigo Moody, ciego, que al sentir mi mano, la toma y la besa, y me conmueve… y en el beso, se me hace físico el beso de Dios en su extrema pobreza. Así mira, así besa Dios, desde la profunda debilidad del ser humano.  

Hay ciegos en los que Dios te mira inconfundible. Todos los peregrinos quedamos con la profunda impresión de haber tocado la inocencia de Dios en cada uno de ellos y, al mirarlos, casi sin hablar, retornamos con la impresión palpable de haber estado más cerca que nunca de la sonrisa de Dios en los corazones limpios de seres indefensos, cuyos ángeles están viendo constantemente el rostro de Dios.  

El mundo está lleno de miradas torcidas, manchadas, manipuladoras, enjuiciadoras, condenatorias, hostiles, recelosas, heridas, tristes… que reflejan un corazón necesitado de limpieza, de inocencia y pureza. Es cierto, pero es mayor verdad que el mundo está lleno de corazones que laten sin hacer ruido, consagrados a amar sin hacerse notar, sin exhibirse, sin buscarse a sí… y esos corazones siguen despertando la sonrisa y la mirada de Dios.  

Dichosos los limpios de corazón, los corazones que habiendo sido heridos, rotos, débiles, pobres, caídos, se han dejado lavar en las aguas de la mirada de Dios, océano sin límites de misericordia, para dejarse nacer de nuevo y dejarse estrenar. Dichosos los corazones viejos de años, arrugas y cicatrices que han recuperado la mirada de niño y la capacidad de ver más adentro, debajo de toda basura y todo pecado, los ojos inconfundibles de un Dios enamorado de cada ser humano, ojos que miran con bondad sin límites y sin esquivar la mirada a los corazones no limpios.  

Dichosos aquellos que en la verdad de su corazón, se atreven a dejarse romper, quemar y renacer en la mirada de predilección de Dios, porque ellos verán lo que no imaginaban de Dios y quedarán fascinados por tanta hermosura y tanta vida nueva.  

Miguel Márquez, ocd,

publicado en, Revista ORAR, 270