Actitudes ante el sufrimiento 3

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 CAMBIAR NUESTRAS MENTES

 “El gran descubrimiento de nuestra época es que podemos cambiar toda nuestra vida con sólo cambiar la actitud de nuestras mentes” (William James).

En un reino de la antigua China se celebraba el banquete de bodas del príncipe heredero. En el brindis de los novios ella tomó la copa y fue a beber, pero al beber vio que en la copa había una serpiente. Se bebió todo, pero al poco tiempo empezó a sentir dolores de estómago y se alarmó; no quiso decir qué le pasaba. El visir sospechó que algo ocultaba la princesa. Para averiguarlo se puso a revivir él, paso a paso, todo lo que había hecho la princesa el día de la boda. Así llegó el momento del brindis, llenó de vino la copa, la llevó a sus labios y sonrió. Hizo llamar a la princesa, que estaba a punto de desmayarse, la sentó en el mismo lugar que había ocupado y le hizo tomar la copa en su mano y mirar a su interior. La princesa, a pesar de su debilidad, dio un grito. ¡Allí estaba otra vez la serpiente! El visir tomó entonces la copa en sus manos y bebió de un trago su contenido. Se hizo silencio, y el visir explicó: No había ni hay ninguna serpiente. Justo encima del sillón de la princesa colgaba del techo una lámpara con adornos plateados que se reflejaban en la superficie del vino en la copa y daban la impresión de que se retorcía en ella una serpiente. Repitió la escena, y todos se convencieron. La última en convencerse fue la princesa, pero al fin vio la verdad, y en cuanto la vio cesaron sus dolores. Si no había serpiente para causarlos, ¿cómo podía ya sentirlos? Siguió la fiesta de bodas, y todos fueron felices.

El creer en algo produce los efectos que dicta la mente. Basta sentir que se está mal o así lo ha dicho el médico, o alguien que te lo susurra al oído, para que una persona sana empeore. “Es la mente la que hace el bien o el mal, la que hace mísero o feliz, rico o pobre” (E. Spencer). Lo que pensamos y cómo pensamos es importante para la vida, pues, normalmente, “la gente se perturba, no por los acontecimientos, sino por su opinión sobre los acontecimientos” (Epicteto).

La mente proyecta lo que tiene. Cuando en la mente hay desasosiego, tristeza y miedo, eso vemos a nuestro alrededor. La paz, el amor, el cielo o el infierno están en nuestra mente. Será, pues, de vital importancia aprender a dirigir nuestra mente para reemplazar todos los sentimientos de miedo, frustración y depresión, por otros más positivos. Cada uno puede elegir lo que piensa, aunque le cueste esta elección. Lo que la mente proyecta pasa a ser nuestra percepción, la cual limita nuestra visión mientras sigamos aferrados a ella. Y además trabajará como si estuviese dividida en dos: una parte actúa bajo la dirección del ego y la otra bajo la dirección del amor.

La paz mental empieza con nuestros propios pensamientos y de ahí se extiende hacia el exterior. Es precisamente de nuestra propia paz mental (causa) de donde procede una percepción del mundo en paz (efecto). Cuando aceptamos la paz mental como único objetivo, el perdón se convierte en nuestra única función

Muchos de nuestros pensamientos no son positivos, no son afectuosos. Si queremos que reinen la paz y el amor en el mundo, es esencial que optemos por la paz y no el conflicto, por el amor, no por el odio. Las palabras: imposible, no puedo, es difícil, debería... no son más que el resultado de nuestro estado mental, de aquello que creemos. En la mayoría de los casos vemos el mundo según está en nuestros pensamientos. Al cambiarlos, cambiaremos automáticamente el mundo a mejor, pues lo que pienso de los otros es el resultado de mis sentimientos y pensamientos.

En muchas ocasiones la causa de las angustias, ansiedades, depresiones, radica no tanto en las dificultades que encontramos en nuestro caminar, sino en la manera cómo pensamos; Si cambiamos nuestra manera de pensar, cambiará nuestra manera de vivir. Todos los acontecimientos que nos han sucedido en nuestra vida hasta este instante han sido creados por los pensamientos y creencias que hemos tenido en el pasado. Los pensamientos son poderosos y extraordinariamente creativos. Hasta el punto de crear nuestra realidad.

La mayoría de las situaciones que vivimos dependen, en gran parte, de cómo se enfocan, del cristal con que se miran. La soledad, por ejemplo, puede resultar una bendición o maldición, según la acoja quien la viva.

Estás solo: si lo llamas “soledad” sufres; si lo llamas “tranquilidad”, disfrutas. Estás en grupo: si lo llamas “multitud”, te ahogas; si lo llamas “compañía”, te relajas”. La felicidad no está en las comodidades, ni la riqueza en tener mucho, sino en saber disfrutarlo. Puede ser que el verdaderamente rico no sea el que aumenta sus riquezas, sino el que hace menguar su ansia por ellas.

Si cada uno cambiara su forma de pensar y se conformara con lo que tiene, muchos problemas se resolverían en el mundo.  

“… Si tuvieres
por tuyo lo que sólo está en tu mano,
y lo ajeno tuvieres por ajeno,
todo te sería fácil, todo bueno:
ninguno en lo que hicieres podrá forzarte,
ni podrá tirano prohibir tus acciones;
a nadie acusarán tus maldiciones,
no culparás a nadie,
ni forzada tu libre voluntad obrará nada
sujeta a servidumbre;
ninguno podrá darte pesadumbre,
no tendrás enemigos,
ni ofenderte podrá el trabajo, ni la adversa suerte”. (Epicteto)  

EUSEBIO GÓMEZ NAVARRO, O.C.D    

¿POR QUÉ A MÍ?  ¿POR QUÉ AHORA? Y ¿POR QUÉ NO?   SENTIDO DEL SUFRIMIENTO  

Documentación: II. ACTITUDES ANTE EL SUFRIMIENTO: CAMBIAR NUESTRAS MENTES