Actitudes ante el sufrimiento 1

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ANTE EL DOLOR HUMANO... LLAMADA A TRASCENDERNOS.

Las actitudes ante el sufrimiento son muchas y variadas. En ellas influyen factores como la religión, la filosofía, nuestros aprendizajes y valores, etc. Y además, cada persona reacciona de un modo particular. Algunos no dan importancia al sufrimiento; otros, gozan contando sus achaques y exagerándolos; pocos lo aceptan de verdad y se enfrentan a él con paz y serenidad. Lo cierto es que quien le encuentra sentido y lo acepta, tiene mucho camino andado.

Con frecuencia decimos que todo es del color del cristal con el que miramos las cosas y acontecimientos. Según pensamos, así nos va en la vida. Los pensamientos nos permiten gozar o sufrir, triunfar o fracasar. Nos va la vida en cambiar nuestra actitud mental, ya que “cada cual es afectado no tanto por lo que le sucede, sino por la opinión que tiene acerca de lo que le sucede” (Montaigne).

Los pensamientos influyen en la acción y ésta en los pensamientos; por eso recomendaba William James cambiar las acciones, ya que “la acción logra cambiar los sentimientos. Así que si alguien siente que ha perdido la alegría y el entusiasmo, que se dedique a obrar como si tuviera entusiasmo y alegría, y verá como la acción transforma su sentimiento”. Con pensamientos positivos se triunfa siempre, aunque las dificultades sean grandes, pues quien se empeña en ver y resaltar solamente lo positivo, así vivirá, con optimismo. Sentido del sufrimiento.

Gibran cuenta que una ostra dijo a otra ostra:

Vecina, siento un gran dolor dentro de mí. Es como algo pesado, redondo, que me lastima, me daña, me oprime”. Y la otra ostra replicó con arrogante complacencia: “Alabados sean los cielos y el mar. Yo no siento dolor alguno dentro de mí. Me encuentro perfectamente bien y nada me molesta por dentro ni por fuera”. En aquel preciso momento un cangrejo que por allí pasaba y había escuchado el diálogo entre las dos ostras dijo a la que estaba bien por dentro y por fuera: “Sí, te sientes bien e intacta. Pero el dolor que soporta tu vecina es una perla de inigualable belleza y de gran valor”.

El dolor y el sufrimiento es repetidamente valorado de modo particular en el Nuevo Testamento como manifestación de amor.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3,16).

El propio Cristo reprende severamente a Pedro: “El cáliz que me dio mi Padre, ¿no he de beberlo?” (Jn 18 11).

Cuando ruega Jesús al Padre que le libre de aquel Cáliz: “las palabras de la oración de Cristo en Getsemaní prueban la verdad del amor mediante la verdad del sufrimiento.

Las palabras de Cristo confirman con toda sencillez esta verdad humana del sufrimiento hasta lo más profundo: el sufrimiento es padecer el mal, ante el que el hombre se estremece” (Juan Pablo II).

Cristo acepta la cruz por amor de obedienciaal Padre para redimirnos: Padre mío, si es posible, pase de mi este cáliz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres tú (Mt 26,39) y a continuación: Padre mío, si esto no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad (Mt 26,42).

Todo sufrimiento humano, grande o pequeño, incorporado a Cristo y aceptado con amor es una perla de incalculable valor.

San Pablo escribirá de Cristo:

Me amó y se entregó por mí” (Gá 2,20). Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, dice san Pablo a los Colosenses (Col 1,24). Quien sigue a Cristo tiene que aceptar la cruz. Si alguno quiere venir en pos de mí, tome cada día su cruz (Lc 9,23).

La fidelidad a Cristo exige este sacrificio. ¡Qué angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y qué pocos son los que la encuentran! (Mt 7,13-14).

Quien sufre con fe se alegra como Pablo: “Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros” (Col 1,24).

Es un misterio que se vislumbra cuando en la medida en que somos capaces de aceptarlo por la fe en Cristo: “Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte” (G.S.22). Como misterio, debe ser permanentemente contemplado con perplejidad y con respeto: ante el dolor humano nos encontramos frente a una realidad con vocación sobrenatural, llamada a trascendernos.

Algunos no encuentran ningún sentido al sufrimiento y lo único que desearían es borrarlo del mapa. Este es uno de los motivos por los que para estas personas no tiene sentido una vida de dolor y la obsesión por no sufrir acaba de hecho con la propia vida, pues cuando el sufrimiento no se puede detener, la forma más fácil es acabar con la vida. Abunda, con frecuencia, el miedo al dolor que se convierte en norma de vida y paraliza totalmente a las personas. El miedo nos llena de presentimientos nefastos toda la vida, no existen amaneceres, nos acogota el cuerpo y el alma.

No podemos olvidar que el sufrimiento forma parte de nuestra naturaleza, sin embargo tratamos de huir de él y esto impide que aprovechemos la oportunidad de convertirlo en fuente de bendiciones, de paz, de fecundidad. No podemos ni debemos olvidar que el dolor siempre tiene algo que decirnos.  

EUSEBIO GÓMEZ NAVARRO, O.C.D  

¿POR QUÉ A MÍ?  ¿POR QUÉ AHORA? Y ¿POR QUÉ NO? SENTIDO DEL SUFRIMIENTO 

Documentación: II. ACTITUDES ANTE EL SUFRIMIENTO