LOS SANTOS NOS ACOMPAÑAN EN VERANO. AGOSTO

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Recordarlos puede alentarnos a vivir el Evangelio con gozo. 

   

9 de agosto: EDITH STEIN (1891-1942)  

Mujer alemana, judía, filósofa, escritora, convertida al catolicismo, vivió nueve años en el Carmelo y murió en las cámaras de gas en Auschwitz.   La búsqueda apasionada de la verdad la llevó al encuentro pleno con Jesucristo y a entregar la vida en holocausto por su pueblo.  

La Luz que en El encontró iluminó los grandes interrogantes que la herían por dentro: la estructura del ser humano, el destino de la historia, y la sed de felicidad y paz que anhelan todo hombre y toda mujer.  

En una carta nos dejó este pensamiento: “Y para lo que venga, hoy no se puede preparar una. Así que llevamos tranquilamente nuestra vida, y dejamos el futuro a Aquel que únicamente conoce la respuesta”.  

Al entrar en contacto con Edith, mujer de nuestro tiempo, se despierta en nosotros una nueva lectura de la historia: nada acontece por casualidad. Todo está en las manos de Dios. En ellas nos podemos abandonar, con la confianza cierta de estar bien cuidados  

LAS SEMILLAS DE SANTIDAD SEMBRADAS AYER FLORECEN HOY  
Ellas, las mujeres del Evangelio,
las mujeres comprometidas de hoy,
son las primeras creyentes de lo  increíble.
Son la iglesia más viva.
Caminan dejando la huella de la vida.
Sueñan y abren el futuro de todos los seres humanos en igualdad.  
Misión Abierta

 23 de agosto: SANTA ROSA DE LIMA (1586-1617)    

Mujer peruana, salida del mundo de los pobres, de vida sencilla, fuerte y austera. Cimentó su vida en Cristo crucificado con quien pasaba mucho tiempo en oración. En él encontró la fuerza para vivir.  

En sus escritos nos dejó retazos de esta experiencia:  “El Salvador levantó la voz y con voz incomparable dijo: ¡Conozcan todos que la gracia sigue a la tribulación. Comprendan que, conforme al incremento de los trabajos, se aumentan juntamente la medida de los carismas. Fuera de la cruz no hay camino por donde pueda subirse al cielo!”  

Muy pronto se despertó en ella la caridad ardiente, la solidaridad: acogía en su propia casa a ancianos y niños abandonados. Vivió en medio de su pueblo el servicio a los más pobres. Por eso Rosa sigue estando presente entre nosotros avivando nuestro compromiso con los más necesitados, con los excluidos de la sociedad. Ellos son el rostro de Cristo. 

LAS SEMILLAS DE SANTIDAD SEMBRADAS AYER FLORECEN HOY  
El Otro, y los otros (los pobres) te miran, te tocan, te hacen vulnerable.
Su rostro se vuelve hacia ti, y no puedes permanecer neutral.
Su mirada duele, consuela, reta, acompaña, juzga, ama, siente, ríe, interpela...,
y te hace saltar desde sus ojos al más allá.  
Misión Abierta

 20 de agosto: SAN BERNARDO (1091-1153)  

Bernardo de Claraval, místico del cister francés, hombre de Dios que vivió momentos históricos decisivos y en ellos se orientó con gran sabiduría y paz.

Intuyó que el amor es la clave de toda vida monástica:   “Feliz aquel que por amor padece por el Hijo de Dios todo lo que padece, de modo que falte en su corazón la queja y esté en su boca la acción de gracias y la voz de la alabanza”.  

En sus libros, y sobre todo en su vida, María ocupa el centro de la vida cristiana, es estrella del mar que conduce a Cristo.  

Bernardo sigue ofreciéndonos hoy la riqueza de sus numerosos escritos, su testimonio de paz y de unidad, y sobre todo su amor a María. 

LAS SEMILLAS DE SANTIDAD SEMBRADAS AYER FLORECEN HOY 
Para mí Cristo es amor para amar, amar para ser amado,
camino para ser recorrido, verdad para ser dada, 
luz para ser encendida, vida para ser vivida,
amor digno de ser amado,
fuerza para entregarse en servicio a los pobres.  
Madre Teresa de Calcuta

 28 de agosto: SAN AGUSTÍN (354-430)  

Agustín de Hipona, africano, hombre de gran ingenio y corazón; incansable buscador de Dios, fuente de Verdad y Vida. Su madre Mónica le inculca el amor a Jesucristo y vela por la conversión del “hijo de sus lágrimas”. Después de andar por muchos derroteros, insatisfecho y cansado llega al encuentro definitivo con Dios.    

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba...Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo... Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera, brillaste y resplandeciste, y pusiste en fuga mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed, me tocaste, y me abraso en tu paz” (Confesiones X,27).  

Agustín, hombre siempre actual, sigue despertando nuestra sed de peregrinos, sed del Agua Viva, sed que sólo se calma en el encuentro con el Dios vivo. 

LAS SEMILLAS DE SANTIDAD SEMBRADAS AYER FLORECEN HOY  
Y aunque todas las cosas sucedían como antes,
yo ya no era feliz, porque no estabas.
Hoy siento que hay en mí como un deshielo,
como una yema tímida que brota en el tronco invernal
como un temblor, como un presentimiento,
como un anteproyecto de alegría.
¡Te siento amanecer!  
Cristina White

 

Más información en la web:
- La oración del silencio: Elías
- Testigos de interioridad