4º Domingo de Pascua

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Lectura orante del Evangelio: Juan 10,27-30

“¡Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios! Quiero pasar mi vida escuchándote, quiero ser toda oídos a tu enseñanza para aprenderlo todo de Ti” (Isabel de la Trinidad). 

‘Mis ovejas escuchan mi voz’.

El Espíritu mantiene vivo el recuerdo de Jesús en nosotros; nos permite abrir cada día la mente y el corazón a la novedad inagotable del Evangelio. El Espíritu nos abre los oídos para escuchar la palabra, llena de vida, de Jesús, que toca las raíces del corazón; nos enseña a caminar en libertad y verdad. Al dejarnos guiar por el Espíritu y optar por escuchar a Jesús comienza el camino apasionante de la oración, sintonizamos con la Buena Noticia de Dios. Jesús, ponemos en el centro de nuestras comunidades tu Palabra viva, concreta e inconfundible. Tú eres nuestro único Señor. 

‘Yo las conozco’.

Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre. Nos conoce, se relaciona con nosotros, tiene tiempo para amarnos, nos da vida en abundancia. El camino andado con Jesús y la vida compartida con él hacen que su presencia sea cada vez más viva en nosotros. Su conocimiento amoroso es la respuesta a todas nuestras preguntas. Tú nos conoces, Jesús. Nos conoces y nos amas para que te amemos. Siempre tienes tiempo para nosotros.  

‘Ellas me siguen’.

Vivimos de verdad cuando decidimos libremente seguir a Jesús, cuando ponemos en él los ojos. Jesús es nuestro centro y nuestro guía. Pretender ser cristianos sin seguir a Jesús es imposible. Seguir a Jesús es atrevernos a vivir como él. Jesús nunca se vuelve una costumbre, algo ya sabido; ofrece vida y novedad inauditas. Al seguirle, aparece la cruz; un seguimiento que no cuesta nada no vale nada. Seguir a Jesús es asumir el cuidado de la humanidad, de la creación, de las personas que tenemos al lado. La oración es la estrategia del Espíritu que nos permite acercarnos a Jesús, escuchar su palabra, seguirle cada día con alegría, hacer el bien como Jesús lo hizo, enfrentarnos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó, acercarnos a los desvalidos como él se acercó. Espíritu Santo, enséñanos a vivir la vida como una aventura fascinante: la de seguir a Jesús.

‘Yo les doy la vida eterna’.

Jesús sabe la necesidad que tenemos de vida verdadera, y él es, y da, la vida. Cuando buscamos los signos de Dios, aunque estén escondidos, nos baña un río de alegría. No hay que esperar al más allá para vivir en plenitud; Jesús nos regala vida, aquí y ahora. Ninguna muerte tiene más poder que su vida. Podemos cantar en medio de la prueba, danzar también en los tiempos más sombríos, agradecer siempre, atrevernos a vivir su vida que es la nuestra. Jesús no está en crisis. Jesús, tu vida bulle en nuestras entrañas, se desborda en la entrega.     

‘El Padre y yo somos uno’.

Jesús es el fiel reflejo de la bondad del Padre, vive en comunión plena con él. Conocemos al Padre al vivir con Jesús; al amar a Jesús, el Padre vive en nosotros. Te alabamos, Padre, manantial inagotable de vida. Te alabamos, Jesús, vida entregada en gratuidad. Te alabamos, Espíritu Santo, vivificador.

¡Feliz Pascua de Resurrección! CIPE – mayo 2019

Documentación: Domingo cuarto de Pascua Lectura orante del Evangelio: Juan 10,27-30