EL ENCUENTRO LIBERADOR CON JESÚS

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Comenzamos con un momento de silencio. Invocamos interiormente al Espíritu Santo, para que nos ilumine y nos acerque a Jesús. Que nuestra presencia aquí, esta tarde, no sea de meros espectadores, sino que sea la oportunidad de abrir nuestro corazón al amor de Jesús.   

El himno del Jubileo de la Misericordia nos ayuda a orar y a entrar en sintonía con Jesús y con toda la Iglesia.

Interiorizamos el evangelio de este día (Juan 8,31-42), en el que un grupo de fariseos se enfrenta con Jesús.

MOMENTO DE ORACIÓN ANTE EL ICONO DE LA TRINIDAD

Vamos a presentar nuestra realidad ante la Trinidad con esta oración de intercesión y de sanción.

Por los que no pueden perdonar

Pausa de silencio.

Oración: Por todas las personas que no nos quieren o nos han hecho daño. Por las personas que queremos y también por las que no queremos. Por las que están enfadadas, tienen celos o envidias. Por quienes nos han hecho mal ya que el Señor nos va a dar la fuerza para hacerlo.  

Por los no se sienten perdonados.

Pausa de silencio.

Oración: Cada uno sabe lo que le va a decir al Señor, cada uno sabe de qué pedir perdón, pero hoy en esta oración de silencio agrandemos el corazón para poder perdonar a las personas que no supieron ayudarnos y que tantas veces nos empujaron a los errores. Por aquellas personas que se sienten víctimas de la culpabilidad y creen que no pueden ser perdonados. Que cada uno pida a Dios, desde la intimidad del corazón, que nos ayude a creer en su misericordia.  

Por los que tienen heridas hondas

Pausa de silencio

Oración: Padre bueno. Sabemos que tu misericordia cura las heridas, transforma nuestro corazón y cambia nuestra historia. Tú conoces nuestro nombre, nuestra vida y las heridas de nuestra historia. Tú conoces todo lo que hemos querido hacer y no hemos hecho. Tú conoces nuestras limitaciones, errores y pecados. Conoces los traumas y complejos de nuestra vida.

Hoy, Padre, te pedimos que derrames tu Espíritu sobre nosotros para que el calor de tu amor sanador penetre en lo más íntimo de nuestros corazones. Tú que sanas los corazones destrozados y vendas las heridas sánanos en el aquí y ahora de nuestra vida. Sana nuestra mente, memoria y todo el interior.

Entra en nosotros, Señor Jesús, como entraste en aquella casa donde estaban tus discípulos llenos de miedo. Entra en nuestro corazón y danos tu paz. Llénanos de tu amor, Pasa por nuestra vida y sana las heridas de nuestro corazón.  

Animador/a: Oración del Padrenuestro con las manos unidas. Nos sentimos liberados por Jesús.  Recibimos la paz y nos damos la paz.

Terminamos con un canto a la Virgen María. Le pedimos a Ella, que es Madre de misericordia, que vuelva sus ojos misericordiosos hacia nosotros.