LAS OBRAS DE MISERICORDIA

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ENCUENTROS DE ESPIRITUALIDAD EN LA CUARESMA. 

LLAMADOS A SER MISERICORDIOSOS  

Animador. Perdidos. A oscuras. Sin luz. Necesitados de misericordia. Cuando alguien realiza obras de misericordia, se extiende la luz por el mundo. La luz de Jesús permanece levantada en medio de la humanidad para mostrar la misericordia del Padre. Cuando nosotros realizamos obras de misericordia hacemos lo que al Padre le agrada

"Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos.

Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos.    

Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar a  Dios por los vivos y por los difuntos".    

Se apagan las luces del salón. Entra una persona con el cirio encendido.

Canción: EN NUESTRA OSCURIDAD ENCIENDE LA LLAMA DE TU AMOR, SEÑOR, DE TU AMOR, SEÑOR. EN NUESTRA OSCURIDAD    

Acogemos a Jesús, palabra del Padre, palabra de misericordia, luz para nuestra oscuridad. Nos comunica lo que ha aprendido del Padre. El que le envió está con Él. No le deja nunca solo. Hace siempre lo que le agrada al Padre.    

Proclamación del Evangelio   Juan 8,21-30  

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.»  Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: "Donde yo voy no podéis venir vosotros"?» Y él continuaba: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.» Ellos le decían: «¿Quién eres tú?» Jesús les contestó: «Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.»  Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.»  Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.  

Momento de silencio  

Animador. La enseñanza de la misericordia nos llega, sobre todo a través de Jesús. Ayer nos decía Ezequiel que lo hace a través de sus palabras, a través de sus gestos, a través de su vida Hoy queremos ofreceros la enseñanza a través de un mimo  

Mimo: EL VAGABUNDO Y LA CIEGA, por Jesús Rodríguez y María José Jiménez Este mimo refleja la experiencia de una mujer ciega vendedora de flores que casualmente se encuentra en la calle con un vagabundo que sorprendido ante a indefensión de esta mujer se burla de ella. Pero ella al darse cuenta de la pobreza de este hombre se compadece de él y le ayuda. Este vagabundo sorprendido por el amor y la ternura de esta mujer siente en su corazón el amor y ya no se siente más solo.  

Animador. Un pequeño gesto de misericordia se extiende como el oleaje del mar a todas las orillas. El papa francisco nos dice que estemos atentos a los gestos de misericordia en la vida cotidiana, a las palabras amables, al abrazo, a la sonrisa a la ayuda mutua. La ciega y el vagabundo tocados por la misericordia difunden el amor y la alegría a su alrededor.  

Gesto: Cuatro parejas que representan la luz apagada y la ceguera van a ser tocados por los que ya ven.  

Canto. EN NUESTRA OSCURIDAD ENCIENDE LA LLAMA DE TU AMOR, SEÑOR, DE TU AMOR, SEÑOR.

Gesto: Se colocan varias personas, por la sala. Una lleva una vela apagada y la otra está con los ojos cerrados. La ciega y el vagabundo del mimo, con velas encendidas van encendiendo las velas apagadas de las distintas parejas. Una vez encendidas todas las velas van caminando, guiando a las personas con ojos cerrados por la sala.  

Mientras todos cantan: EN NUESTRA OSCURIDAD ENCIENDE LA LLAMA DE TU AMOR, SEÑOR, DE TU AMOR, SEÑOR.

Animador. Todos juntos proclamamos el salmo 22

El Señor es mi pastor, nada me falta: 
en verdes praderas me hace recostar; 
me conduce hacia fuentes tranquilas 
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo, 
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras, 
nada temo, porque tú vas conmigo: 
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí, 
enfrente de mis enemigos; 
me unges la cabeza con perfume, 
y mí copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan 
todos los días de mi vida, 
y habitaré en la casa del Señor 
por años sin término.

Oración pidiendo luz para nuestros ojos, que puedan ver las necesidades de las personas que nos rodean.

  • Abre nuestros oídos para oír al Padre que nos ofrece su intimidad. Ø  Abre nuestras manos para acoger el don de Dios y entregarlo a los demás.
  • Danos sensibilidad para acompañarnos unos a otros por el camino hacia el Padre.
  • Ilumina, Señor, los rincones oscuros de nuestro corazón y llénalos de tu amor.
  • Despierta en nosotros entrañas de misericordia hacia todo sufrimiento humano.
  • Ayúdanos a descubrir, que en cada gesto de compasión y ternura se enciende la luz del amor entre nosotros.  

Se invita al grupo a expresar en silencio su oración pidiendo la luz para situaciones concretas de la vida.  

Todos invocamos al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones de tu Amor. Enciende en nuestro interior el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu Espíritu y alumbra la oscuridad de esta tierra. Que podamos sanar las heridas que afligen hoy a la humanidad. Que nuestra mirada no sea indiferente al sufrimiento de tantos hermanos nuestros. Haznos mediadores de tu Amor para aliviar la tristeza y la soledad de los desesperados y afligidos. Espíritu divino, guíanos por los caminos de compasión, de misericordia, de perdón. Y haz que gocemos siempre de tu consuelo y de tu luz. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.  

Lo que hemos vivido, lo podemos realizar en muchos momentos de nuestra vida. Todos somos vagabundos y algo ciegos. Cuando nos regalamos la luz de la misericordia nos damos unos a otros la luz. Con el gesto de poner nuestras manos sobre la cabeza de los demás nos ungimos y recibimos la unción para vivir la misericordia.

Gesto de misericordia

Canto: Vibrante