POR MÍ

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JUEVES SANTO 

Cuando  Hay lugares llenos de significación en los cuales aún se percibe la atmósfera vivida en esos momentos. Uno de estos lugares es el Cenáculo.  

Al entrar en él me sentí sobrecogida, estaba como en penumbra y no había casi nadie, todo invitaba al recogimiento; me separé del grupo y paseé la vista por aquella sala queriendo aprehender aquel silencio. Me retiré a un rincón, me senté y cerré los ojos. Al hacerlo, muchas sensaciones y sentimientos se golpeaban en mi corazón.  

Esperé unos momentos y aquel silencio vino en mi ayuda, poco a poco se adueñó de mi ser. Entrando en él, mi corazón pudo acoger aquellas palabras: “Tomad, este es mi cuerpo… Esta es mi sangre…” Un profundo estremecimiento recorrió toda mi alma, las lágrimas asomaban a mis ojos. Jesús me miraba, pensaba en mí, en las veces que este Pan fortalecería mi debilidad, en los momentos en que su sangre lavaría mi pecado, en las ocasiones en que su Cuerpo abrazaría el mío… Por mí quiso quedarse en la Eucaristía porque el Amor desea estar con la amada y nuestra debilidad grita: “sin Él no puedo nada”.  

¿Cuántas veces me olvido de su Amor? ¿En cuántas ocasiones rehúyo su mirada? ¿Me siento herida de hambre de su Presencia? ¿Vivo en agradecimiento por tal don? ¿La adoración brota de mi alma ante su deseo de mí?  

Solamente por mí… ¿quién soy yo para que te fijes en mí? Una acción de gracias, una alabanza, brotó como una fuente que se ha transformado en gozo y me acompaña desde entonces. 

Las Hermanas Clarisas de Belorado-Derio 

Publicado en la Revista ORAR 261