LA MIRADA DE LA MISERICORDIA

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Hay miradas y abrazos que salvan

“En el momento en que Pedro negó por tercera vez a Jesús, cantó un gallo. Entonces el Señor se volvió y miró a Pedro, y Pedro se acordó de que el Señor le había dicho: “Hoy, antes que cante el gallo, me negarás tres veces.” Entonces Pedro salió de allí y lloró amargamente” (Lc 22, 61-62).  

¡Hay tantas personas que anhelan una mirada de reconciliación!  

Una mirada que perdone, que comprenda, que abrace, que no juzgue, que acoja, que consuele, que eleve, que conforte. Una mirada llena de bondad y misericordia. Una mirada que ame.   

Estén tus brazos abiertos a aquellos que claman ser mirados bondadosamente, y míralos.... míralos a los ojos con la mirada de Aquél Amor Infinito que en ti también habita, que todo lo transforma, que todo lo perdona, que todo lo salva.  

Hacía más de quince años que Pablo vivía atormentado por la traición de su propio hermano y desde entonces, a pesar de vivir en un pueblo pequeño que hacía inevitable los encuentros,  no se hablaban ni saludaban. Sus primeros siete años de matrimonio fueron felices. Estaba enamorado de su mujer y la quería a pesar de ser muy diferentes. Pero un día empezó a intuir que algo pasaba hasta que descubrió que su mujer mantenía una relación con uno de sus propios hermanos. El hermano estaba pasando por una situación personal muy compleja y ella tan sólo intentó ayudarle,  escucharlo, ... pero la relación se fue complicando más de la cuenta hasta que se enamoraron.  

Pablo no supo afrontar aquella situación. Se separó,  y su mujer se casó con su hermano. La herida, la rabia, el resentimiento, la tristeza....  lo iban consumiendo hasta llevarlo a un estado de depresión del que no sabía salir.

Tuvo que hacer un largo viaje de luchas internas, de trabajos terapéuticos, hasta decidir emprender el camino de regreso motivado por la enfermedad de la madre. Ella, que había sufrido tanto el desencuentro de los hermanos ahora se moría.... Su amor y su mirada encamada los convocaba a la reconciliación, así que un día decidió llamarle y quedaron para hablar.  

No fue fácil. Hablaron entre esperas de silencios largos y densos. Pero fueron capaces también de mirarse a los ojos, abrazarse y llorar juntos amargamente.  

Hay miradas y abrazos que salvan... y amores más grandes que nos devuelven la paz al corazón.  

"Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. La misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón...” Papa Francisco  (MV 2.9)  

Textos: Mar Galceran Imágenes: Montserrat Gudiol