NO ESTAMOS HUECOS

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“No nos imaginemos huecas en lo interior” decía Teresa de Jesús a sus monjas para hacerles caer en la cuenta de que Dios habitaba su interioridad. Nos lo dice también hoy a nosotros, al hombre y a la mujer del siglo XXI, tan necesitados de saber y de experimentar, como Teresa, que toda su riqueza está en el interior.

Santa Teresa tiene gran pena de quien no llega a hacer este descubrimiento: “No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no nos entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos… sino que nos detenemos en estos cuerpos, y así a bulto, porque lo hemos oído y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos almas. Mas qué bienes puede haber en esta alma o quién está dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos” (1 Moradas 1,2)

A Teresa, le ayudó otro gran santo a descubrirlo. Así nos lo cuenta: “Pues mirad que dice San Agustín que le buscaba en muchas partes y que le vino a hallar dentro de sí mismo.” Ese descubrimiento cambió la vida de estos dos grandes santos. Y es que Dios no es sólo el Todopoderoso, el Eterno, el Trascendente, el Infinito, Dios es también cercano, tan cercano que lo llevamos dentro y no podemos hacer nada sin Él. El problema es que como lo ignoramos no podemos experimentar la ganancia que es hacer todo contando con Él, con su presencia. Está tan cerca que Teresa nos dice: “¿Pensáis que importa poco para un alma derramada entender esta verdad y ver que no… ha menester hablar a voces? Por paso que hable, está tan cerca que nos oirá.” (Camino 28,2)

Estamos habitados por Dios. Pero es discreto y no se impone.  Cuando descubrimos su presencia amorosa que sólo quiere nuestro bien y que está deseando ayudarnos, descubrimos el sentido de nuestra vida y el motor de nuestra acción. Sólo espera que volvamos alguna vez nuestra mirada hacia Él, para empezar una historia de amistad, de la que nunca nos arrepentiremos y de la que saldremos ganando mucho. “Nadie le tomó por amigo, que no se lo pagase” (Vida 8,5) En este Centenario, iniciemos o revitalicemos nuestra historia de amistad con Dios, atendamos a este huésped que nos habita, y descubriremos la alegría de vivir. Recordemos su famosa poesía:

“Quien a Dios tiene,
Nada le falta Sólo
Dios basta”

Sirvan de apunte actual, las palabras de un sacerdote periodista, discípulo de santa Teresa, José Luis Martín Descalzo: “Parece que la mayoría de los hombres no han hecho ni este elementísimo descubrimiento. Uno tendría que subirse al palo mayor de sí mismo y convertirse en un descubridor que gritase, no como Rodrigo de Triana, “¡Tierra, tierra!” sino “¡Alma, alma!”. Porque ese es nuestro continente desconocido.” 

Teresa Gárriz, Notre-Dame de Vie