Orar con imágenes: Mujer en cuclillas

FOTOPicasso, 1902

Picasso, 1902

Una mujer en cuclillas, en una esquina del mundo, sola y desamparada, descalza, despojada, en la postura de quien se encoge hacia su propio corazón buscando el calor que viene de dentro.          

Hay al lado un recipiente de boca ancha, que espera ser llenado, expresión de necesidad.          

Inspira soledad y desprotección.          

¿Quién es esta mujer? ¿Qué espera ahí sentada? Y, sobre todo, ¿Qué espera de mí?  

Puede representar a muchas personas que están más allá de mis círculos, de la gente con la que me siento a salvo, a gusto, en confianza.      

Representa a muchas personas que están en las esquinas del mundo, y que me da miedo acoger, hospedar, porque exigen de mí más de lo que quiero dar. Me sacan de mi comodidad, turban mis esquemas defensivos, me sacan de mi horario blindado y pactado.          

Tal vez huele mal, tal vez no tiene una palabra amable para mí, tal vez solo espera que me siente a su lado y esté con ella, sin más. Tal vez lo primero sea un insulto, un rugido de protesta…      

¿Qué espera de mí esta mujer? ¿Qué necesita de mí?      

Mi oración necesita poblarse de la incómoda y salvífica presencia de esta mujer al margen, necesito manchar la pulcritud de mi horario con la presencia de esta y tantas personas que anhelan cercanía amable, sin juicios condenatorios, sin prejuicios, sin llegar desde arriba, porque yo no estoy por encima de ella, y tal vez necesito ser salvado por ella.

Rescatar la dignidad, nunca del todo muerta, como hacía Jesús.    

Hoy mi oración puede ser sentarme a su lado sin decir nada…    

Te aviso que no está cerrada totalmente sobre sí. Ha dejado al descubierto una oreja fuera del pañuelo que lleva en la cabeza, esperando una palabra.

¿Qué palabra necesita escuchar, de mí, de Dios?