Felicitación a María

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Mi querida María, en la víspera de tu fiesta, Madre y Señora nuestra, patrona, hermana, compañera de todos los carmelitas y de todos tus fieles,  estrella de todos nuestros mares inciertos, por los que siempre nos invitas a navegar con la confianza segura en tu Hijo…

Con mis hermanos carmelitas, con tus fieles de Ávila y de otros lugares, con todos aquellos que te quieren, que te honran y pronuncian tu nombre con cariño, con todos aquellos que han recibido de ti alguna gracia de salud y remedio a sus pesares, con todos aquellos que no te conocen y algún día sabrán cómo madruga, vela y quiere desinteresadamente una madre, también cuando el hijo duerme o se olvida de ella…

Con todos, también con los que no han venido, sin dejar a nadie fuera, madre, vengo a poner en tus manos un ramillete de flores sinceras, a darte gracias, de todo corazón…

Y ya que mi corazón es pequeño y mi palabra torpe, invoco a Teresa, tu hija, que tomaste bajo tu amparo cuando perdió a su madre, que arropaste en su adolescencia, que vestiste con tu hábito, que sostuviste en los momentos más difíciles… para que ella, la Santa, nos contagie el ardor de su palabra para cantar hoy la misericordia de tenerte como madre y auxilio.

Vengo (venimos) a felicitarte, Reina y Señora Nuestra, porque lo has sido siempre y por seguir siéndolo de todos y cada uno de nosotros.

Felicidades, porque desde los orígenes del Carmelo has sido Estrella del Mar, Stella Maris, en las noches de nuestras incertidumbres y zozobras. Nunca nadie pudo decir, como cantaba San Bernardo, que si acudió a ti con pureza de corazón, haya sido desamparado… en los vaivenes y en los naufragios de la vida. Te felicito, madre, y te doy gracias, porque siempre que pronunciaba tu nombre, desde niño, sucedía un milagro de vida, una sorpresa de luz, un disparo de gracia, una ventana abierta en la opresión de los agobios, una orilla de comienzo.

Felicidades, Fuente de consuelo, que has sido desde los comienzos de nuestra Orden, agua fresca en las sequías… nubecilla que anuncia lluvia cierta, promesa de fecundidad en el corazón de nuestras esterilidades.

Felicidades, roca segura, fortaleza, muralla que protege nuestra vida del mal que nos acecha y acomete. Desde el interior de esta muralla de Ávila, que guarda como reliquia el lugar que vio nacer a Teresa, tu hija, enséñanos a renacer, madre, a una historia nueva de posibilidades y de aventuras…

Te felicito, madre, porque nos lanzas hoy en audacia y valentía, y sacudes nuestro corazón de cobardías y miedos, de estériles disputas y de estúpidos intereses egoístas, animándonos a la conquista de ese lugar interior donde nos aguarda tu Hijo, lindos ojos, pasión de amor… Felicidades, madre, por haberle formado en tus entrañas, por haber sido sangre de su sangre para regalárnosle como el mayor tesoro que ahora da sangre y carne  a nuestra vida.

Felicidades, Virgen de la Caridad, Nuestra Señora de Gracia, Virgen de la Esperanza, madre de todos porque, aunque nos dicen que son negros tiempos, oscuro el futuro, son soles tus ojos para nosotros,  y lo seguirán siendo, si perseveramos sin soltarnos de ti,  asidos de tu mano. No habrá futuro que no podamos acometer bajo tu amparo, no habrá crisis que no podamos encarar, no habrá noche de fe que no se torne resurrección y nuevo nacimiento, si nos vestimos de ti, con solo alzar la mirada a tus ojos.

Felicidades Madre del Carmen, jardín de olores por descubrir, por cuidar de cada uno de tus hijos e hijas que hoy te honran con un sí vivo en sus corazones, dispuestos a servir al Capitán del amor, Cristo, tu hijo. Gracias, madre del Carmelo, por todos aquellos que antes que nosotros te honraron y te fueron fieles, acógelos a todos en tu seno maternal. Felicidades porque en tus entrañas hoy se teje la comunión de los hijos y se allanan los caminos que llevan a un propósito común: ser familia que acoge y construye para todos, según el corazón de una madre, para la que nadie está excluido y el más débil es el más atendido.

FELICIDADES por darnos a luz, aunque te cueste la vida, aunque nos cueste la vida, por sacudir nuestra inercias y despertarnos de nuestras rendiciones, por espabilar nuestra valentía dormida y poner en nuestros pies ascua e ilusión que encamina hacia lo nuevo y lo bello que hay en cada ser humano, por recordarnos que nada está perdido, porque tú has ofrecido y empeñado tu corazón para que nosotros vivamos.

GRACIAS DE TODO CORAZÓN, CON MIS HERMANOS y hermanas, CON ESTA BUENA GENTE de Ávila, gracias siempre, ahora y siempre, madre. Un beso y una flor de parte de cada uno de nosotros. Llévanos siempre en tu corazón, Reina y Hermosura del Carmelo.

Ávila, 15 julio 2014

fr. Miguel Márquez ocd

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