“ORAR LA VIDA DE CADA DÍA”

I. INTRODUCCIÓN

1. ¿Cómo entendemos aquí “lo cotidiano”?

Todo aquello que acontece en la “vida diaria” (hechos, personas, experiencias, situaciones; propias y ajenas…) y que presenta estas características:
• Lo ordinario… (lo no-sobresaliente ni especialmente llamativo)
• Lo profano… (lo no-explícitamente religioso o cristiano)
• Lo moralmente ambiguo… (cuya bondad o maldad no se impone a primera vista).

2. ¿Qué tiene que ver “lo cotidiano” con la Oración?

En principio, todo. La vida entera es lugar de encuentro con Dios y de “historia de salvación”.
• La Oración no es un ejercicio puramente intimista (mis estados de ánimo… la repercusión subjetiva de cuanto me rodea…)
• La Oración no es un ejercicio utópico ni intemporal (fuera del espacio/tiempo) y desencarnado (no nos podemos relacionar con Dios fuera de nuestra condición humana).

Si la Oración es básicamente relación personal y amorosa con Dios…
• Puedo buscar su presencia en toda la realidad, como su Creador y Señor
• Puedo escuchar su voz: todas las criaturas, todas las voces me traen su eco
•Puedo contemplar su rostro en todas sus obras, especialmente en los seres humanos, creados “a su imagen y semejanza” y que son su “icono” más perfecto.

Sin embargo, estas afirmaciones fundamentales no contradicen la ambigüedad inherente a toda la realidad mundana y a su carácter no-divino.
• Las creaturas no espirituales también “están sujetas a la vanidad, no de grado, sino por causa de quien las sujeta” (Rm 8,20). Su origen y destino divinos están desfigurados por el pecado.
• Los seres humanos –libres y espirituales- son, por ello mismo, responsables de sus decisiones y de sus acciones. Las realidades humanas gozan de una autonomía (relativa, cierto; no absoluta) por voluntad del Creador (GS 36). Esto afecta esencialmente a su relación con la divinidad y complica enormemente las cosas. En la práctica, la acción de Dios y la del hombre –por muy distintas que sean entre sí- no son separables ni detectables empíricamente (a pesar de los esfuerzos de teólogos como Kart Rahner).

Esta ambigüedad radical se traduce en toda la actividad espiritual y muy principalmente en la oración. De todos los orantes son conocidas las clásicas “trampas/tentaciones” que les acechan y que son insoslayables (aunque superables):
• La dis-tracción: las realidades mundanas dejan de ser “mediaciones” hacia Dios y nos arrastran hacia sí mismas por su propia dinámica.
• El “fanatismo” fundamentalista o visionario: la pretensión de ver-oir a Dios “en directo”, sin mediaciones
• El “orarse a sí mismo”: aunque utilicemos palabras y símbolos religiosos, no salimos del propio “yo”.
• Los “espejismos”… afectivos (buscar el “estar bien”, la autosatisfacción…) estéticos (quedarme en el deslumbramiento de la belleza, confundiéndolo con la divinidad).

II. CONDICIONES PARA PODER ORAR EN LAS REALIDADES COTIDIANAS

1. Una cotidianeidad respetada y asumida por sí misma

- Acogida en su objetividad… no interpretada
- Recibida sin a-priori… no juzgada
- Asumida por sí misma… no manipulada en función de una finalidad extraña

La pregunta esencial ante las realidades cotidianas no es…
- si son buenas o malas (pregunta moral)
- qué puedo o debo hacer (pregunta práctica)
- si son favorables o no para la Iglesia y sus instituciones (pregunta eclesiástica)
La pregunta esencial es…
- A través de estas realidades (acontecimientos, personas, situaciones, experiencias…)… > ¿Señor, qué me quieres decir? (pregunta creyente, teologal).

Cf. Jn 6,28-29

2. Una cotidianeidad leída y descifrada a la luz de la Palabra de Dios

Ante las realidades de la vida diaria se impone “un discernimiento”, una re-lectura con ayuda de una luz superior: la Palabra de Dios, la fe de la Iglesia … que ya han superado la ambigüedad inherente a la historia humana y nos ofrecen con nitidez las claves de la Revelación, para que las podamos seguir aplicando a las circunstancias presentes.

- “Señor descúbreme tus caminos”

«El Pueblo de Dios, movido por la fe, que le impulsa a creer que quien lo conduce es el Espíritu del Señor, que llena el universo, procura discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos, de los cuales participa juntamente con sus contemporáneos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios (GS 11).
«Como el mismo Cristo escudriñó el corazón de los hombres y los ha conducido con un coloquio verdaderamente humano a la luz divina, así sus discípulos, inundados profundamente por el espíritu de Cristo, deben conocer a los hombres entre los que viven, y tratar con ellos, para advertir en diálogo sincero y paciente las riquezas que Dios generoso ha distribuido a las gentes; y, al mismo tiempo, esfuércense en examinar sus riquezas con la luz evangélica, liberarlas y reducirlas al dominio de Dios Salvador». (AG 11)

3. Una cotidianeidad transfigurada

En la Oración nos dirigimos al Dios uno y trino, que está presente y actuante en la vida ordinaria, porque todo lo abarca. Las realidades temporales no son un mero “intermediario”, un puro pretexto para ir a Dios.
Dios “inhabita” la realidad: constituye su corazón más íntimo. El Espíritu de Dios alienta permanentemente el mundo material y personal. La Oración cristiana, lejos de ser una fuga platónica de la realidad mundana, nos educa para ver en ella al Invisible.
Este mundo que habitamos es el mundo definitivo, el único existente. Si bien “pasa la figura de este mundo” (1 Co 7,31), se trata de un cambio de “esquema”, no de mundo.

III. CLAVES CRISTIANAS PARA ORAR AL DIOS DE LA VIDA

Con frecuencia, hacemos oración de súplica a partir de las circunstancias de la vida diaria. Somos sensibles a las carencias, necesidades, sufrimientos y esperanzas que engendra la existencia ordinaria. Y, con facilidad, las llevamos a la oración personal o comunitaria.

Pero hay otras dimensiones de la Oración cristiana menos desarrolladas:
• Contemplar la Presencia de Dios en las personas y los acontecimientos. Gozarnos y saciarnos de su semblante percibido en las realidades profanas.
• Descubrir los dinamismos divinos que actúan en las personas y los grupos humanos; en las iniciativas “laicas”, en los trabajos temporales.
• Comprometernos con la Obra de Dios, contemplada y amada en la Oración, dejándonos llamar y enviar por Él a la acción y no por nuestra natural “generosidad”,

Para ejercitarnos en este tipo de Oración, podemos aplicar una serie de claves bíblicas, que paso a enumerar sin ánimo de ser exhaustivo:

1. Ver en las obras de la Creación un primer esbozo del Reino de Dios

Así lo hace Jesús con los lirios del campo y los pájaros del cielo, con el viento que se mueve misteriosamente, con las ramas de la higuera… Son un libro abierto para aprender la sabiduría divina, la manera de actuar de Dios en sus proyectos…
- Es la sabiduría de Nazaret, que el Señor desarrollará a lo largo de su vida.

2. Descubrir y valorar las motivaciones profundas de las personas en su acción

Así lo hace Jesús en múltiples ocasiones. Conoce el trabajo y la alegría de la mujer que perdió su moneda, la fatiga de un padre por procurar el pan de sus hijos, la generosidad de la viuda que echa su limosna en el templo, la fe del centurión y de la cananea, la sed de la samaritana…
- Saber mirar el interior de los hombres sin quedarnos en las apariencias… Es la pureza del corazón, que purifica nuestros ojos y amplía nuestra percepción de la realidad. La Oración no nos lleva a inventarnos una realidad inexistente y acomodaticia. Al contrario, nos enseña a encontrar los verdaderos motivos, la última raíz de las personas, para poderlas conocer y amar como ellas son.

3. Mirar a la gente desde el futuro y no sólo desde el pasado

Toda persona está “vocacionada” y destinada a ser hijo de Dios en Jesucristo y hermano de los hombres. Estas dos dimensiones constituyen su meta y su gloria. Hacia ella nos dirigimos, aunque sea por caminos tortuoso o equivocados. Las personas son valiosas no tanto por lo que “tienen”, ni siquiera por lo que “son” sino, sobre todo, por lo que están “llamadas a ser”.
- La Oración es un ejercicio anticipatorio. En la fe, vamos por delante de la realidad actual (a veces tan pobre en resultados), para impulsar a las personas hacia su verdadero y último horizonte. Por eso, la verdadera Oración nos proyecta hacia la confianza y la “hetero-estima•”. Las personas crecen y se desarrollan cuando no son encerradas en el marco estrecho de su pasado y son consideradas como valiosas.
- Ver la realidad bajo el signo de las Promesas de Dios.

4. Identificarnos con aquellos con los que el Señor se identifica

Sabemos que Jesucristo es el artífice y el modelo de toda la creación; es la Cabeza de donde todo nos viene y a la que todo tiende. Esto es verdad sobre todo, para el ser humano, que ha sido re-creado por Cristo para ser su “imagen viviente”. Todo hombre está destinado a identificarse con Él.
Pero hay unos grupos humanos con los que el Jesús histórico ha querido identificarse de manera anticipada y preferente. Son a modo de “sacramento” o “memorial” suyo, para que todos nos podamos encontrar con Él en esta vida. Recordemos estas prioridades del Evangelio:
• Los pobres (y lo que ellos representan)
• Los niños…
• Los discípulos…

- No busquemos en ellos sus “virtudes” sino la iniciativa gratuita de Dios que les ha escogido para ofrecérnoslos como “icono” de su Hijo. El trato y la cercanía con estos colectivos nos hará crecer en el conocimiento de Jesucristo

5. Detectar los dinamismos del Misterio Pascual

Los “pasos” que van dando las personas y los grupos humanos en el sentido de Cristo muerto y resucitado: pasos de la Muerte a la Vida, movidos por el Amor.
- De la mentira y la confusión… a la claridad y la verdad
- De la injusticia y la servidumbre… a la libertad y la dignidad
- Del individualismo y el enfrentamiento… a la solidaridad y la comunión

- Todos los actos de amor fraterno, vengan de donde vengan, “nacen de Dios”, su origen y fuente (1 Jn 2,29; 3,9; 4,7; 5,1.4.18)

6. Descubrir la acción del Espíritu Santo en la Historia humana

Tenemos como referencia la acción del Espíritu en la persona y la misión de Jesús, según los evangelios; y la acción del Espíritu en la primitiva Iglesia (principalmente en el libro de los Hechos). El impuso vivificador del Espíritu, la dispensación de sus dones y carismas continúa ejerciéndose en la Iglesia y, fuera de ella, en el mundo.

- «El hombre cristiano, conformado con la imagen del Hijo, que es primogénito entre muchos hermanos, recibe las primicias del Espíritu (Rom 8, 23), las cuales le capacitan par cumplir la ley nueva del amor. Por medio de este Espíritu, que es prenda de la herencia (Eph 1, 14), se restaura internamente todo el hombre hasta que llegue la redención del cuerpo (Rom 8, 23). Si el Espíritu de Aquel que resucito a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucito a Cristo Jesús de entre los muertos dará también vida a vuestros cuerpos mortales por virtud de su Espíritu que habita en vosotros (Rom 8, 11). Urgen al cristiano la necesidad y el deber de luchar, con muchas tribulaciones, contra el demonio, e incluso de padecer la muerte. Pero asociado al misterio pascual, configurado con la muerte de Cristo, llegará, corroborado por la esperanza, a la resurrección.
Esto vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual.”(GS 22)


IV. ACTITUDES Y MÉTODOS PARA ORAR EN LA VIDA DIARIA

Cada forma particular de Oración exige un espíritu, un clima y una metodología particulares. Para Orar en la vida cotidiana, sugerimos las siguientes.

1. Actitudes:

• Habitar la Vida: Amar y compartir las realidades diarias en el espíritu de la Encarnación. Con talante positivo y sin miedos ni censuras; en conformidad con nuestro “ser en el mundo”. Amarle como nuestro mundo definitivo, la casa común de Dios con los hombres (Ap 21,3)
• Atención a la vida: Capacidad de sorpresa y admiración. Dejarse interrogar por los acontecimientos. Actitud del “centinela”. escrutar, escudriñar…
"Al caer la tarde decís: Está el cielo colorado, va a hacer bueno.. Por la mañana decís: Está el cielo de un color triste, hoy va a haber tormenta. ¿El aspecto del cielo sabéis interpretarlo, y los signos de los tiempos no sois capaces?" (Mt 16, 2)
• Adoración: Sentido religioso. Descalzarse ante la tierra sagrada…
• Sencillez evangélica: Actitud de discípulo, de quien se deja instruir por el Dios de la Vida. No “razonar” ni pretender “controlar”. Abandonarse…
• Docilidad al Espíritu, que es el Maestro interior. No ser esclavos de la letra ni del método estudiado. Flexibilidad. Vivir en la provisionalidad
• Guardarlo todo en el corazón: Como María. No juzga los acontecimientos ni se anticipa a actuar precipitadamente: se deja iluminar y enseñar por Dios.

- La Oración nos lleva a darle a Dios la iniciativa en todo

2.El “Cuaderno de Vida”

La Oración en la vida cotidiana supone un ejercicio de “relectura” de lo acontecido. Puede revestir muchas formas:
- Breve oración al final de la jornada
- Un día de Retiro
- Orar a partir de una reunión de Revisión de Vida..

Un método muy apropiado es el llamado “Cuaderno de Vida”, practicado especialmente por militantes y consiliarios de los Movimientos de Acción Católica y por cuantos ejercen su vocación apostólica en las realidades seculares.

El Cuaderno de Vida
Qué es…
No es un diario íntimo, un ejercicio psicológico… sino una lectura teologal de la realidad diaria, hecha en clima de Oración y que lleva a la Oración y al Compromiso.

Cómo realizarlo…

- Crear un clima adecuado, de silencio y de paz. Invocar al Espíritu.
- Repasar mentalmente los acontecimientos, los encuentros personales, las experiencias de la jornada… la semana….
- Seleccionar los más significativos e interpelantes y anotarlos en el cuadernos con objetividad y sobriedad, sin hacer “literatura”… (No es un ejercicio d eestilo, ni, en principio, está destinado a ser publicado…).
- Reflexionar lo anotado a la luz de la Palabra de Dios. Anotar alguna cita o versículo apropiado.
- Un rato de Oración gratuita: permanecer contemplando, escuchar las llamadas, recibir las luces…
- Acoger la invitación a un Compromiso más explícito en la acción. Se trata de cooperar con la iniciativa de Dios descubierta en la Oración.

Jesús-Andrés VICENTE DOMINGO