Hay mucho que ahondar en Cristo

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Hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que por más que ahonden nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá 

San Juan de la Cruz 

   Hay mucho que ahondar en Cristo, Quien ha descubierto la mina de su amistad, cada día encuentra más riquezas en ella.

    Jesús conoció la amistad divina y humana. “Como el Padre me ha amado, así les he amado yo” (Jn 1,59). De esta amistad con Dios surge la amistad con los discípulos, en confianza e intimidad: “Les he llamado amigos, porque les he contado todo lo que he oído al Padre” (Jn 15,15). Con ellos compartió ideas, esperanzas, temores, experiencias: todo. Fue el amigo fiel hasta la hora de la Cruz. 

   Cristo es el amigo que arrastra y seduce a las masas de gente que sueña con ideales, con hacer fructificar la tierra con sangre y sudor de amor. Por Él, por su amistad, por su Reino, muchos han renunciado al dinero, al poder, al confort y han escogido una vida pobre y sencilla en la familia, sirviendo en una parroquia, atendiendo a los enfermos, o marchándose a las misiones.  El mismo que miró con ojos de amor al joven rico y a Pedro sigue llamando a una vida de amistad íntima. Es el amigo que enseña el camino hacia el Padre, pero que está cercano para curar y vendar las heridas de cada ser humano. 

   El escritor indio Kalelkar, hablando de su vida, nos dejó este testimonio: “No mido el valor de mi vida por el número de libros que he escrito, de conferencias que he dado o de premios que he ganado, sino por el número de corazones en los que he obtenido entrada y por los instantes de tiempo en que he vivido la intimidad”.  Encontrar un amigo es encontrarse con un tesoro. “El amigo fiel es seguro refugio (Sir 6,14). 

   Dichosos y felices aquellos que han descubierto a Jesús como el amigo que nunca falla, que dio la vida por todos, que recorrió nuestro camino, que está presente en cada ser humano , que es capaz de penetrar en el corazón de niños, jóvenes y adultos, que sigue llamando y preguntando como a Pedro, ¿me amas más que estos? (Jn 21.15). Estas personas, cuanto más ahondan en Él, cuanto más lo conocen, más riquezas descubren.