Cuando Dios lo quiere

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Hace unos días me ha enviado una amiga un poema de Walt Whitman, que se me ha colado dentro y quiero compartir con vosotros: 

Permanezco curioso en el tiempo,
observando los esfuerzos de los héroes,
¿es larga la demora? ¿amarga la calumnia, la pobreza, la muerte?
¿resiste la semilla sin cuidados durante siglos en el suelo?
Mira que cuando Dios así lo quiere,
se levanta en la noche, brota, florece,
y llena la tierra de utilidad y belleza.
 
                Walt Whitman 

Comienza invitando a esa actitud tan importante que es la curiosidad y la observación. Estar atento, con los ojos abiertos. Observo a los héroes, los que han encendido mi vida. Me enardecen los que llegan a arriesgar la vida, aunque nadie los vea. Los héroes silenciosos, anónimos, los que viven detalles que  nunca serán agradecidos, ni pagados. Y ¡cuántos de ellos hay entre nosotros! 

Pero, al volver la vista a nosotros, no nos sentimos héroes, precisamente. Muchas veces se nos hace difícil esperar, la demora es larga. Y la calumnia, la pobreza y la muerte amenazan de mil formas con ahogar nuestro sueño, nuestro deseo de nacer de nuevo cada mañana. 

Sin embargo, el poema habla de una semilla, que es como el tesoro, el don de cada uno... una semilla que no está destinada a malograrse, no. 

Los tres últimos versos del poema dan la clave: 

Cuando Dios lo quiere... en la noche, se levanta, brota, florece y llena la tierra de utilidad y belleza: tu semilla no está destinada a perderse.  

Hoy no tengo ganas de mucha reflexión, tan sólo la alegría que tengo por dentro al sentir que esto es verdad, una de las verdades difíciles de explicar y más hermosas: 

Él hace brotar, florecer la vida. Y, si estás atento y sabes esperar un poco, en desnudez y pobreza, descubrirás belleza y utilidad donde solo encontrabas fealdad y fracaso. 

Estoy estos días en Segovia, en un lugar especialmente bello. Aquí vivió un hombre enamorado, Juan de la Cruz. Desde la huerta, en el hueco de la roca que mira a la alameda, pasaba horas, como dice el poema, atento, observando en paz la belleza del río, el alcázar, los árboles... Y, al mirar y contemplar, dejaba su vida en Aquel a quien llamaba su Amado. 

Había descubierto que lo más hermoso de esta vida surge y nace en la espera de nuestra pobreza, pero nace... claro que sí.